domingo, 14 de abril de 2013

Cuevas, José Luis (f)

 EL ORIGINAL
 
 
Autorretrato.1991
 

Cuevas, José Luis (e)

Una fotograía de Don José Luis de 1990 en su casa en Coyoacán obtenida por Ricardo Ramírez Arriola.Ya fuera ahí en su casa, de visita por acá en Monterrey, o en algún otro lugar, he tenido la oportinidad de convivir con Cuevas en más de una ocasión. Recuerdo que la primera vez que lo conocí, pensé que me encontraría con un dragón mínimo de tres cabezas escupiendo fuego por todas parte y mateniendo a distancia a propios y extraños. La verdad es que esa fue y me imagino que sigue siendo la imagen pública que a lo largo del tiempo ha ido construyendo Cuevas desde sus inicios como joven rebelde e impertinente hasta hoy día como el sabio que le debe todo al paso del tiempo. Sea la imagen que se tenga de Cuevas, sea lo que él quiera o no proyectar, nadie puede negar, ni pasar por alto, que es una referencia forzosa para el conocimiento y aprecio del arte contemporáneo en nuestro país, nos guste o no la imagen que proyecta.
 

sábado, 13 de abril de 2013

Cuevas, José Luis (d)

 
Aquí una feliz imagen de Rodrigo Moya; en el orden acostumbrado, o sea de izquierda a derecha, José Luis Cuevas, un poco más atrás, al centro, Carlos Fuentes, y a la derecha, en primer plano, Gabriel Figueroa, los reune la filmación, en 1965, de la película Las dos Elenas. Aunque parece de 20, Cuevas para este momento ya contaba con 31 años de edad y era lo suficientemente conocido y apreciado entre la intelectualidad más liberal del momento, como para invitarlo a participar en proyectos de este calibre. No fue esta la primera ni la última vez que en el cine nacional se intentó integrar a miembros de la plástica, pienso en este momento en Patsy mi amor de Manuel Michel si no me equivoco, con Felipe Ehrenberg, o en los Caifanes en la que participa no un pintor sino el escritor Carlos Monsivais. Sin duda fueron tiempos de cambio y de gran efervescencia creativa, tiempos que prepararon, sin saberlo o quererlo, el arribo de los que ahora vivimos.
 

viernes, 12 de abril de 2013

Cuevas, José Luis (c)

 
Si tuviéramos que ubicar sobre dos o tres puntos clave, el pecado cometido en su momento por José Luis Cuevas, yo me atrevería a decir que el más grave fue no su oposición al Muralismo o incluso a la Escuela Mexicana de Pintura, sino a la falta de libertad de expresión con lo que atacaba o ponía en entredicho a todo el sistema mexicano. Después, su resuelta renuncia a la pintura a favor del dibujo, que va por la misma línea, pues pone en evidencia los cortos alcances del sistema académico, y finalmente, la decisión de auto exiliarse y buscar primero que en su país, el reconocimiento internacional, con lo que igualmente ponía en entredicho la política cultural con que el estado mexicano arropaba a sus mejores productores. En síntesis, el pecado de Cuevas allá cuando iban terminando los '50 , fue hacer ver que, por lo menos en materia cultural, el gobierno de México ya estaba más que superado.
 
(Imagen: www.eluniversal,com.mx
fotografía: Archivo El Universal).

jueves, 11 de abril de 2013

Cuevas, José Luis (b)

No estoy muy seguro de a quién poner a la cabeza de la lista, pero sí que en ella ocupa un lugar, y relevante, José Luis Cuevas. Estoy pensando en este fenómeno del siglo XX (quiero suponer que fue de ese siglo, aunque como sabemos hay antecedentes que se remontan, quizás hasta el XVIII) en dónde la personalidad del productor termina por ser más atractiva e incluso más importante, que la propia obra (lo que no quiere decir que ésta carezca de méritos). Lo cual sería una más de las consecuencias con las que hemos tenido que aprender a vivir después del "efecto van Gogh", quien, efectivamente, también aparecería en nuestra lista. Le siguen, por ejemplo, Salvador Dalí, un vanishing point en la lista lo sería Andy Warhol y uno de sus miembros más recientes Damien Hirst. Entre los mexicanos que acompañarían a Cuevas quizás Rivera o la Kahlo, sin duda Julio Galán. En todos ellos, me parece, junto al duende de las artes visuales cohabitaba el del teatro, lo interesante, en última instancia, es que impidieron que uno dominara al otro, con lo que aprendieron a que juntos, lo hacían mejor.
 
(Imagen: Staff NTX/ACE. www.fotosmexico.lainformacion.com)

miércoles, 10 de abril de 2013

Cuevas, José Luis (a)


Hubo un tiempo en que al mencionar el nombre de José Luis Cuevas o al ver su imagen, sucedía una de dos cosas: Se entraba en estado de irritación profunda en el mejor de los casos, o se derretía cual paleta helada de limón, ahí mismo, en el lugar en que se manifestaba la diabólica imagen del terrible José Luis. De él se decía todos los días se tomaba una fotografía, o se hacía un autorretrato, a fin de llevar el registro puntual de su paso por esta tierra (hoy a los 79 años, ya no le debe parecer tan gracioso ver cómo, día a día, se hace más y más viejo). Tan seguro estaba Cuevas de su sex-appeal, que ofrecía a toda joven en verdad amante del arte, ambiciosa y de corto presupuesto, hacer con ella o junto con ella, un auténtico Cuevas, con certificado y toda la cosa, para que no hubiera problemas con los falsos. Entre puntadas como estas, grabados y dibujos, se le pasaba José Luis escandalizando las buenas conciencias de la culta burguesía nacional.
 
(Imagen:www.solucionpolitica.net.net)

martes, 9 de abril de 2013

Cuevas 80

 

Arrancaron por allá, por la capital, los festejos por el 80 aniversario de José Luis Cuevas que culminarán en febrero del próximo año, cuando llegue, precisamente, al mentando aniversario. Por lo pronto se inauguró la muestra Cuevas en el Cuevas, una amplia visión retrospectiva montada en el museo que lleva el nombre de quien fue considerado alguna vez, el “infante terrible” de la intelectualidad nacional. Como aún falta para el magno festejo y como probablemente no nos volvamos a ocupar del tema, dedicaremos las líneas de hoy a un par de comentarios sobre Cuevas y sus efectos en la cultura de nuestro país.

         Generalmente cuando se menciona su nombre, inmediatamente pensamos o lo asociamos con La Ruptura, el mítico movimiento que se opuso al ya muy deslucido nacionalismo revolucionario, transformado en Escuela Mexicana de Pintura, que había visto sus mejores días, como bien se sabe, en los murales de Rivera, Orozco y Siqueiros de los años ‘20 y ‘30, sin mencionar al grupo de los pre-muralistas, Alba de la Canal, Revueltas, Montenegro, Charlot, Fernández Ledesma, etc. Lo interesante de esta asociación es que La Ruptura representa más el triunfo de la abstracción sobre el   realismo —y más de tipo socialista o  revolucionario— que el retorno a un trabajo humanista-introspectivo-individualista-expresionista-neofigurativo, que era, es, el practicado y cultivado por Cuevas. Lo anterior quiere decir que, independientemente del valor de lo que hace e hizo Cuevas y por el cual es y ha sido ampliamente reconocido, su relación con La Ruptura (si la entendemos, insisto, como la introducción exitosa de la abstracción en México) tiene otros puntos de amarre pues antes estarían Felguérez, Lilia Carrillo, Mathías Goeritz, Vicente Rojo, Fernando García Ponce, Luis López Loza, etc., practicantes y exponentes de la abstracción en el México de aquel entonces. (De este batiburrillo de nombres, lo que podemos poner en claro es que no existía una  tendencia única y dominante sino más bien una serie de grupos, tendencias y productores que las representaban, buscando un lugar en la cada vez más ambigua realidad nacional que en ese entonces, finales de los 50’s se alejaba ya del llamado milagro mexicano).

         Así pues, la relación de Cuevas con La Ruptura —que tiene muchas otras aristas que aquí no podemos analizar— tiene que ver más con su figura y lo que ésta llegó a representar que con el trabajo gráfico que oponía a la decadente Escuela Mexicana de Pintura. En este sentido José Luis Cuevas, el personaje, es la versión nacional, de James Dean o Elvis Preasley, Jack Kerouac o, válgame la comparación, Brigitte Bardot, en tanto que representó y expresó el inmenso deseo de libertad que se había empezado a cultivar desde tiempo atrás y que culminaría trágicamente en los sucesos del ‘68 en México y Francia, el ‘71 en los Estados Unidos. La famosa Cortina de Nopal, no es otra cosa que un reclamo por la libertad de expresión y la denuncia de su represión o cooptación. El protagonismo de José Luis, su Cuevario, Cuevas por Cuevas,  no fueron más que brotes de la misma inquietud y de la terca afirmación del individuo frente a una sociedad rebasada, inmovilizada, sin saber cómo y con qué responder a las nuevas necesidades de su juventud.

         Son esas necesidades las que quizás los llevaron a abrazar un tanto acríticamente lo mismo los happening, que los excesos en las reuniones de la recién inventada Zona Rosa, los cockatils en las embajadas, su participación en el cine, los viajes al extranjero, el autoexilio, la solidaridad con los países de América Latina, las protestas en contra de la guerra de Vietnam y tantas otras causas por las que había que protestar, sacar la cara, manifestarse. Este es quizás uno de los aspectos más rescatables de Cuevas y su generación, su compromiso intelectual, político, social.

         Así pues, a sus casi 80 años de vida, lo único de lo que no se le podrá acusar es que lo que hizo, lo hizo siempre con la consciencia de que lo hacía bien.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario
(Imagen: Octavio Gómez. www.proceso.com.mx)