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martes, 30 de abril de 2013

Ver no es fotografiar

Hace una semana estábamos celebrando el día internacional del libro, por tal motivo y a fin de promover la lectura y el uso de sus instalaciones, entre otros objetivos, el personal de la biblioteca central de la UDEM organiza, desde hace tiempo, un concurso de fotografía entre colaboradores, alumnos de preparatoria, profesional y postgrado. Se trata de un evento interno, que no tiene otra pretensión que la de cumplir con los objetivos por los que se lleva a cabo.

         He iniciado con esta cita por ser la que me queda más cerca, pero también por ver en ella un ejemplo representativo de la creciente practica de re-producir imágenes a partir del uso de recursos electrónicos, asumiendo su resultado como si se tratara de fotografías. En el concurso de la UDEM como en muchos otros, incluso en los que se espera participen los profesionales “de verdad”, había muchas de estas imágenes y muy pocas, más bien casi ninguna, fotografía. Parece una necedad de mi parte tratar de distinguir lo que en general se llaman imágenes digitales de la “fotografía”; más allá de si es posible hacer esta clase de distinción la discusión puede llevarse a nivel de los resultados, es decir de los objetos que se nos  ofrecen como fotografías.  Si los  analizamos con cuidado encontraríamos con cierta facilidad esa delgada línea que separa la simple re-producción de  una imagen de una fotografía.

Digámoslo de una vez, tomar una fotografía no es lo mismo que registrar lo que estoy viendo. Tomar una fotografía, de inicio, requiere tener no sólo esa intención sino también la consciencia de qué es una fotografía, es decir un objeto que re-produce una imagen, bajo una serie de esquemas y preceptos, así como de una historia y sus representantes, que es menester conocer si no para rendirles culto sí para saber que se están violentando y por qué.

         La manera en que hoy día la inmensa mayoría re-produce imágenes a partir de los mecanismos electrónicos me parece es similar a como han ido substituyendo la plática real, cara a cara, en vivo, por mandar y recibir mensajes a través de estos aparatos. Creer que por estar enterados de quién se acaba de levantar, quién de insultar con sus pares, de qué estoy comiendo, o lo aburrido que me encuentro en el trabajo, es lo mismo que sostener una plática, es erróneo y substituye la experiencia real por su simulacro y la inmediatez de la información.

         Lo mismo sucede con estas imágenes, poner la cámara, el teléfono o lo que sea, frente a lo que estamos viendo y accionar el obturador, no es tomar una fotografía por más que la imagen resultante quede fija, permanente. La falta de “aseo” en estas imágenes, se justifica diciendo que si aparecen fuera de foco, mal compuestas, movidas, recortadas, etc., es por el poco aprecio que sus autores sienten por la “academia”, por su rechazo a toda norma o límite a su expresión. Supongamos que así sea pero ¿están tomando una fotografía o están tratando de reproducir una experiencia visual?

         Las facilidades que brindan los nuevos mecanismos digitales para la re-producción de imágenes, la calidad con que lo hacen (que es independiente de la voluntad del que los acciona), nos lleva a creer que toda imagen que fijan, que registran y conservan, son fotografías sólo porque conservan un parecido con ellas, cuando en realidad a lo que son semejantes es a lo que experimentamos visualmente, al caos de imágenes en el que vivimos cotidianamente, al desorden visual en que se ha convertido nuestra iconosfera. Esta experiencia y su registro nada tienen que ver con la fotografía que es exactamente lo opuesto a ella, es decir, son intentos, búsquedas, experimentos, que los fotógrafos llevan a cabo a fin de encontrar un orden, un sentido, una constancia, o un equilibrio en un medio ambiente de suyo inestable y en perpetuo cambio.

         A diferencia de lo que hoy día se genera por medio de la tecnología, la creación de imágenes de la cueva prehistórica a la fotografía, se llevó y lleva a cabo no para re-producir lo que vemos, sino aquello que tiene sentido observar.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario.

 

jueves, 24 de enero de 2013

Fotos de no-fotógrafos (2)

 
Esto de las fotografías de quienes no son fotógrafos pero si se valen del medio para crear una parte de su obra, se complica al extremo cuando topamos con casos como el de Juan Rulfo. Aquí una Plantación de Magueyes, s/f , que sin duda lo acredita como un más que solvente fotógrafo. El caso es que de no haber sido Juan Rulfo el gran escritor mexicano, ¿sería Juan Rulfo el gran fotógrafo, a la altura de un Alvarez Bravo?
 

martes, 15 de enero de 2013

Amateurismo, accidentes y otros rollos

Gabriela Camerotti. Retrato. s/f
 

       Una de las características que llama la atención respecto a lo que se presentan como Fotografía Contemporánea es su falta de distinción con la fotografía amateur, o sea, aquella que se ejecuta, primero, sin tomar en cuenta aspectos de orden técnico y/o formal; y, segundo, que se lleva a cabo sin otro fin que el puro esparcimiento de quien la toma y de quien(es) la observe(n), de ahí que siempre sean de carácter más bien íntimo, personal.

         A diferencia de la pintura, el grabado o el dibujo, tomar fotografías es infinitamente más sencillo. Convertirse en un pintor solvente puede tomar toda una vida, en cambio, al cabo de unas cuantas horas (y quizás mucho menos), habiéndose familiarizado con el aparato que se tenga entre manos, hacer una y luego cientos de fotografías no lleva más tiempo. Sintomáticamente, la distancia que separa el aprendizaje y práctica de la pintura y la fotografía es la misma que distingue  al mundo clásico del Moderno. Por su parte, el desarrollo del aspecto mecánico, técnico, de la fotografía ha seguido por dos caminos, uno haciendo instrumentos cada vez más precisos y finos; el otro, en sentido contrario, buscando hacer realidad el lema de la Kodak, esto es, que el   usuario únicamente apriete el botón  y no se preocupe por nada más. Es  claro, por tanto, que en nuestra  época, la de la imagen digital, tal  sueño se ha cumplido y con él, el  predominio, el triunfo del  amateurismo.

         Visto del otro lado,  recordemos que, desde sus inicios,  la fotografía fue una cuestión, un  asunto apropiado para los  amateurs, tan amateur fue Henry  Fox Talbot como Daguerre, Le Gray,  o Niepce. No olvidemos tampoco  que es este aspecto el que  complementa la democratización de  la imagen.

         Pareciera pues, que la  fotografía ha sido hecha para los amateurs, quienes, además, por otra parte, son quienes han sabido sacar provecho de aquello que en principio parecía un accidente, un yerro en el proceso de tomar una fotografía. Imágenes movidas, fuera de foco, sin composición, a contraluz, etc., son resultados que poco a poco se fueron incorporando al lenguaje de la fotografía, dejando de ser accidentes para convertirse en aciertos o recursos que facilitan la comprensión de una imagen. Como será fácil entender, este curioso proceder, lejos de desalentar a los amateurs, es prácticamente una patente de corso para continuar con su implacable uso de la cámara.

         Fuera del uso privado, doméstico de la fotografía amateur, ésta se vuelve atractiva por su espontaneidad, candidez, frescura, y, entre lo más importante, por su falta de compromiso con modelos estéticos, éticos o políticos preconcebidos (lo mismo que atrae en las pinturas llamadas Naifs). Así, lo que en principio es simple falta de atención o consideración con respecto a la técnica o la forma (ya hemos dicho que se toman sólo por diversión), se convierte si no en una virtud, sí en un rasgo apreciable, lo mismo que con los accidentes que ya hemos mencionado.

         Que la fotografía contemporánea se identifique con la práctica de la fotografía amateur se debe a varios o todos los puntos que hemos mencionado aquí. Pero advirtamos que no es lo mismo este tipo de fotografía, la amateur, que la que se ha apropiado de algunos de sus rasgos para hacer de ellos un estilo, una forma identificable de proceder, de enfrentar la producción de imágenes. Quizás se trate de una reacción en contra de las ultrasofisticadas imágenes digitales de la industria del entretenimiento; o puede ser una tendencia del mercado, un producto fácilmente remplazable; o, ya para terminar, también es posible que se trate de falta de creatividad, flojera o incapacidad para pensar en temas, motivos más elaborados, o para tomar en cuenta la historia del propio medio. Creo que la verdadera fotografía contemporánea es, precisamente, la que no se asemeja en nada a lo que aquí hemos expuesto.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

miércoles, 2 de enero de 2013

Para empezar I


No se acabó el mundo pero por lo menos durante el año que acaba de terminar todos estuvimos al pendiente de la hoy célebre cuenta larga del calendario maya. Propongo que este año lo dediquemos también al fin del mundo pero provocado por una invasión alienigena que odia a la raza humana y se ha propuesto acabar con ella de una vez y para siempre. Así, durante esta semana las entradas que estaré publicando tendrán que ver o con la amenaza OVNI o cualquier otra que ponga en jaque a nuestro planeta y raza; ojalá fuera eso suficiente entretenimiento como para hacernos olvidar los odios y las luchas entre nosotros mismos.

martes, 17 de agosto de 2010

Ahora por Wuey


Dicen que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra, o sea, que hay algo en nosotros que nos incapacita para aprender de la propia experiencia. Por ejemplo, a falta de mejores, o simplemente nuevas exposiciones, conocí lo que jamás debí haber visto por ninguna otra razón que el andar buscando novedades. En esta ocasión vuelvo a caer, vuelvo a tropezar, pero ahora por creer en lo que los títulos de las exposiciones parecen indicar, tal y como es el caso de Acción-Efecto, Selección de ganadores PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico), inaugurada en días pasados (5 de agosto) en la Casa de la Cultura de Nuevo León.
Independientemente de que uno crea o no en eso de la Acción-Efecto, la verdad es que la muestra se antojaba interesante por conocer lo que están trabajando quienes resultaron beneficiados con estos apoyos que otorgan el gobierno federal y el estatal. Tres categorías fueron presentadas en la Casa de la Cultura (aunque el programa abarcan más disciplinas, las de danza y literatura, por ejemplo), la de jóvenes creadores, la de creadores con trayectoria y la de formación artística profesional; en total 9 productores de estas tierras presentando lo que interpreto como el resultado del trabajo desarrollado gracias a los estímulos recibidos, o quizás lo que se presenta sean los proyectos con que fueron seleccionados, no lo sé. Mi falta de precisión se debe a qué en las salas en que se presenta la muestra no hay una sola cédula que informe y aclare al respecto.
Debo confesar, por otra parte, que además del título y la curiosidad por conocer que se está haciendo, me animé a visitar la exposición porque entre los seleccionados se encuentra Patricia Carrington cuyo trabajo he seguido más o menos desde hace un tiempo, por lo que ahora se presentaba una nueva ocasión de ver sus fotografías. Más aún, su trabajo, aunque no acabo de entender bien a bien qué es lo que persigue, junto al de Ana Cervantes y el video de la pareja Adrián Gutiérrez y Daniela Pérez, es lo único que vale la pena de todo lo expuesto y no es que lo de Rubén Gutiérrez no sea relevante, pero es un tipo de trabajo que ya hemos visto en muchas otras ocasiones, por lo que se antoja conocer algo más de quien sin duda es un talentoso productor.
Como fue grande mi decepción pues menuda en cantidad y calidad fue esta presentación, recordé que también se acababa de inaugurar la exposición Nuevo León a través de la lente en su versión de este año. Así que me dispuse subir a la primera planta y ver si encontraba ahí algo que me devolviera el ánimo. Esta edición, resultó ser conmemorativa del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, pero tiene como temas las tradiciones y los oficios. En este caso, por lo menos me entretuve viendo al paletero, al albañil, al cerrajero, al peluquero, al mariachi, al panadero, al machetero; en tanto que de las tradiciones estas nos les dieron más que para las manifestaciones religiosas y los dulces regionales. Fuera pues de sorprenderme por ver que aún hay oficios que creía en vías de extinción, tampoco hay nada más que comentar de esta exhibición.
Después de esta visita a la Casa de la Cultura son muchas las preguntas que me quedan, por ejemplo ¿cómo es que esta versión del concurso Nuevo León a través de la lente, puede ser conmemorativa si no hay ninguna imagen que muestre se estén festejando estos aniversario?, ¿Por qué quienes se dedican a la fotografía más seriamente, no atienden a estos concursos? Y si no es para ellos ¿por qué no se aclara que se trata de fotografías amateurs?
Quiero creer que de todos los productores que hay en Nuevo León, sólo una pequeña proporción es la que se entera de que tiene manera de acceder a estos programas de apoyo; quiero pensar que es un simple problema de difusión de esta clase de estímulos entre la comunidad de productores, y no que es botín de unos cuantos. Quiero pensar pues que no todos tienen la información necesaria porque eso se resuelve sin mayores complicaciones, ya que de no ser así, tendría que hacerme a la idea de que lo que se muestra en esta exposición es representativo del nivel de la producción local, acción que me parecería tener un efecto desastroso.
Publicado originalmente por Milenio Diario

martes, 6 de julio de 2010

El río y la foto


Es falsa la idea de que la brutal crecida del Río Santa Catarina el pasado fin de semana, es un evento extraordinario. Qué no suceda cada año es más bien una fortuna, pero basta con que se presenten y coincidan unas cuantas variables, para que el fenómeno se repita una y otra vez y no hay manera de evitarlo pues se trata de un evento natural con el que más valdría acostumbrarnos a vivir.
Independientemente de que se empleen estas excusas para tapar otra clase de problemas, mucho de lo sucedido se debe también a que somos desmemoriados y actuamos, por los intereses que sean, como si no existiera historia y peor aún, como si nada tuviéramos que aprender de lo sucedido. En el caso del Río Santa Catarina, existe una buena cantidad de evidencia fotográfica que nos permite darnos cuenta de que la crecida de ahora no es algo nunca antes visto, y que sus efectos siempre han sido catastróficos, sin mostrar ningún respeto por la ciudad y sus habitantes.
Uno de los primeros ejemplos que tenemos del paso del río sobre la ciudad, nos lo proporcionan las fotografías tomadas por C.B. Osborn en la inundación de 1909, en las que se aprecia no sólo como las aguas rebasaron los márgenes de ambas orillas, sino también, cómo a su pasó había derribado al vetusto puente San Luisito. Lo interesante es que apenas un año después, es decir, en 1910, Jesús R. Sandoval, fotografió al mismo río crecido e inundando calles del primer cuadro de la ciudad (calle de Humboldt y contiguas), lo que nos indica o bien que el cauce del río seguía vivo un año después o que se trataba de una nueva inundación, lo que nos enseñaría que las crecidas del Santa Catarina no son un fenómeno de ciclos largos, sino que puede repetirse en tan breve tiempo como puede ser un año.
Existe otra imagen de la misma inundación de 1909, de un autor desconocido tomada de poniente a oriente, posiblemente desde Chipinque en la que se aprecia el Cerro de la Silla al fondo, a sus pies la ciudad extendida más bien hacia el norte y casi al centro de la fotografía, se nota claramente el cauce crecido y ensanchado del Río Santa Catarina.
Así como llaman la atención los eventos públicos, las reuniones familiares, los viajes, o los personajes famosos, y procuramos lo imposible por hacernos de una imagen de ellos, también los desastres naturales ocupan su lugar dentro de los sucesos que reclaman ser inmortalizados por la imagen. Por tanto no sorprende ni encontrarnos con las imágenes que ya mencionamos, ni con los cientos que provocó el huracán Gilberto a su paso por la ciudad en 1988, casi con idénticos resultados que este último.
En esta ocasión, y dadas las infinitas facilidades que existen para hacer fotografías, no dudo que Alex, sea uno de los eventos, por lo menos aquí en Monterrey, más fotografiados en la historia, compitiendo, probablemente, con las visitas de Juan Pablo II a la ciudad.
Resulta curioso pues, que por el tamaño del meteoro, por la atracción que ejerce sobre las personas, y el deseo de estas por hacer imágenes que lo recuerden, no tengamos más claro lo que hay qué hacer en este momento para evitar, en el futuro, los sucesos y desgracias del pasado. Esto es, a pesar de las imágenes que tenemos de otras inundaciones , de saber lo potencialmente peligroso que es el Río Santa Catarina, de la intensidad y cantidad que puede alcanzar la lluvia que arrojan sobre la ciudad los huracanes, volvemos a repetir las mismas construcciones en los mismos lugares, con los mismos procesos y materiales, quizás con la creencia de que no volverá a suceder, o mejor aún, que si sucede será hasta dentro de tantos años que ya todos habrán olvidado lo que es el paso de un huracán por la ciudad.
Esta es una prueba del carácter ambiguo que sostenemos con la fotografía. Para unos casos es prueba fehaciente de la verdad, de la realidad, de cómo fueron, indudablemente, los hechos; pero en otras ocasiones, como la que aquí hemos tratado, la fotografía es sólo una imagen para el recuerdo, sin ningún otro valor que mostrarnos sucesos, personas, lugares, de un lejano pasado que sólo existe en nuestra memoria, jamás en la realidad actual.
(Publicado orginalmente por Milenio Diario)

domingo, 2 de mayo de 2010

Conclusión


Las dos últimas semanas hemos hecho una serie de apuntes respecto a dos temas y su interrelación, por una parte hemos nos hemos referido a la fotografía de aficionados como una práctica si no opuesta, si bastante diferenciada, de la llamada "profesional", sus características, motivaciones, intenciones, etc. Y, por otra, señalamos la manera en que esta práctica se ha visto profundamente alterada por el desarrollo tecnológico de las cámaras digitales que prácticamente se encuentran en cualquier lado y de acceso casi universal; esta alteración va a compañada del crecimiento exponencial de la Red la cual se ha convertido en el nuevo medio de circulación, difusión y promoción de los millones de imágenes que, literalmente cualquiera, puede poner en las páginas y espacios creados con ese fin. Así pues, la generación de imágenes, aún en los profesionales, pero sobretodo en manos de los aficionados ha dejado de ser simplemente el medio más popular que hay, para convertirse en cosa de todos los días, elemento indispensable en cualquier relación, una más de las actividades que desarrollo día a dia.
La fotografía, por tanto, es y seguirá siendo el medio más generalizado que hay para la creación de imágenes, de seguir las tendencias actuales, no habrá persona en este mundo que no tenga el implemento necesario para hacerlas y llevarlas hasta la Red, por tanto habrá un incremento ya en nuestra de por si contaminada iconósfera, como en la dependencia de la cultura contemporánea de la imagen. De ahí que sea verdaderamente urgente el enseñar a la gente a discriminar entre imágenes y saber leer los mensajes que ellas nos mandan, creo que únicamente de esta manera podría tener sentido una cultura de la imagen.
(Imagen: Río de Janeiro. Tomada de www.damisela.com)


viernes, 30 de abril de 2010

La demanda


Hasta ahora nos hemos referido a la práctica fotográfica de los aficionados o mejor dicho de los, las, voyeur (nominación provisional para quienes generan imágenes digitales y las ponen en circulación en la Red) como si éste fuera un acto unidireccional, carente de consecuencias y/o retroalimentación. La verdad es que la misma "compulsión" que hay por hacer imágenes, la hay de consumirlas, de hecho una es reflejo de la otra. Si la obtención y circulación de imágenes se ha hecho tremendamente popular, con todas las consecuencias que hemos venido señalando, es porque igualmente se tiene un acceso irrestricto al consumo de todo tipo de imágenes (de aquí también que se vuelva casi una misión imposible querer establecer algún tipo de criba o de procesamiento y clasificación de imágenes): hago todo tipo de imágenes porque todas serán igualmente vistas, y porque se mira toda clase de imágenes genero y hago circular las más posibles.
De entre las imágenes más populares se encuentran las auto gestadas, como la que aquí se presenta. En primer lugar porque serán miradas y buscadas exactamente igual que si se tratara de una, un, modelo profesional, o sea, se vuelven indiscriminables entre los miles y tal vez millones de imágenes similares que circulan por la Red. En segundo lugar, el estar consciente de lo público de la exposición de mi propia imagen (en donde se desplaza la intimidad de la toma a lo público de la exposición), y la posibilidad de que cualquiera la pueda ver, convierten a mi imagen en referencial (lo que provoca que otros, otras, repitan la misma acción). Y, entre otros muchos, en tercer lugar, la creciente presencia de auto imágenes se debe a un aumento en la demanda de ellas, por ninguna otra razón de que se sabe (porque también se ha hecho) que trás esa imagen no hay ninguna otra pretensión que no sea la de trasposición ya mencionada, por lo que se convierten en algo manejable por conocido, me sirven de comparación pero también igualan mí imagen con las otras muchas con que circula y que serán igualmente consumidas.
(Imagen tomada de www.collide.com.ar)

jueves, 29 de abril de 2010

El aficionado y el voyeur

Existe, creo, una gran diferencia entre el otrora aficionado a la fotografía y quien ahora, gracias a la tecnología a la que ya nos hemos referido en las dos o tres últimas entregas, produce imágenes digitales. Óbviamente pertenecen a dos momentos, el aficionado a la Modernidad, el otro a la contemporaneidad. El aficionado creía en la fotografía, estaba enterado de sus innovaciones, de las técnicas, de los representantes más famosos, de la historia, e incluso llegaba a tomar cursos prácticos de composición, iluminación, edición, etc., con el fin de estar cerca de su afición o pasatiempo (es claro que esta postura tiene una enorme gama de matices y que aquí hacemos sólo una sobresimplificación). El o la que hoy día genera, vía electrónica, imágenes y las pone a circular en las páginas del Internet, siempre y cuando no se trate de auto-imágenes, carece de denominación, no se trata ya del aficionado de antes puesto que sus intereses y motivaciones ya no tienen que ver con la fotografía en sí misma; he decidido llamarlo el (la) voyeur por no tener un mejor nombre, pero sería aquel que cree que todo lo que observa debe ser sometido al imperio de la imagen, debe ser una imagen que, como ya hemos dicho, atestigue, certifique, lo que ha visto, no porque sea importante, valioso, bello, informativo, sino simple y sencillamente porque él lo ha visto y tiene la posibilidad de presentarlo, de hacerlo circular, de imponerlo a los demás; al hacerlo, resulta claro que obtiene una íntima satisfacción: vemos el mundo a través de sus ojos (de las imágenes que él ya vio). Satisfacción que muy posiblemente también estaba presente en el aficionado pero siempre en un segundo o tercer plano, antes estaba el prestigio como fotógrafo lo cual le venía dado por el objeto, por la foto, luego el de haber viajado a tal o cual lugar, haber conocido a fulano o perengano o la pirámide, el palacio, la pintura, y por último el gusto de hacernos ver lo que él conoció antes que los demás. Cambios que quizás pudieran parecer simples o intrascendentes pero que están modificando las pautas de las cultura contemporánea.
(Imagen tomada de www.frogueros.com)

miércoles, 28 de abril de 2010

El aficionado y su ego


Lejos, muy lejos de cualquier intención comunicativa o artística, se encuentra la mayoría de las imágenes que hoy día se producen; incluso se podría decir que esas imágenes ya ni siquiera son el resultado de una práctica amateur de la fotografía. Estas imágenes son ahora producto de otro tipo de actividades e intereses. Así pues, si se hace uso de esllas  no es por lo que puedan significar en sí mismas, no por lo que se pueda comunicar a través de ellas, no porque interese, se busque o desee crear o recrear una estética (que puede ser popular o elitista) en particular, sino que se recurre a la imagen, uno, como testimonio personal, individual, y, dos, como consecuencia, por creer que su funciòn es únicamente denotativa. Así pues, como en este ejemplo, la fotografía sólo sirve para presentar a Adriana y al futbolista Nery Castillo, y con ello atestiguar que ella, sí ella y no otra Adriana, estuvo con el ídolo de muchas otras Adrianas. Descripción pura, ego satisfecho podría ser el epígrafe de esta imagen.

martes, 27 de abril de 2010

Lo fácil, lo popular y el arte


Sería interesante hacer una comparación diacrónica en la que se mostrara como los cambios técnicos, en este caso en las cámaras fotográficas, provocan, entre otros efectos, un incremento en el uso popular del medio; es decir, demostrar cómo cada cambio técnico trajo consigo un cantidad mayor de usuarios, al grado de que hoy día la cámara fotográfica, o lo que queda de ella, nos acompaña, podríamos decir, de manera permanente.



Esta gráfica, que presenta un saldo positivo pues ambas variables se van incrementando en el tiempo, podría acompañarse de otra, una que presentara los mismos cambios técnicos pero comparados con la calidad de las imágenes que hicieron posible. El resultado podría ser sorprendente ya que creemos que todo cambio tecnológico tiende a mejorar su antecedente, sin embargo en este caso la comparación saldría negativa, pues las alteraciones técnicas que hicieron más popular al medio, no trajeron forzosamente más calidad en las imágenes obtenidas, es más, las empobrecieron, tanto desde un punto de vista estrictamente técnico como si lo pensamos en términos de calidad o de su empleo en la comunicación visual.


Y es que popularidad nunca ha sido sinónimo de calidad, ni la facilidad para hacer algo ha llevado a mejorarlo. Advierto que no digo que no se pueda, posiblemente estén pensando en ejemplos que demostrarían lo contrario, pero por lo menos en el caso de la fotografía, por ahora, esto no ha sucedido sino todo lo contrario.


Hasta hace 15, 10 o menos años, la circulación de las fotografías se restringía a la prensa diaria o periódica, a la publicidad, libros especializados, galerías, museos, tiendas de artículos fotográficos, álbumes personales y no mucho más, quizás por medio de la venta clandestina en el caso de la pornografía. Si decimos que los cambios introducidos en las cámaras por la tecnología digital, convirtió a la fotografía en un medio totalmente popular, así tendríamos de afirmar que el Internet y sus aplicaciones han hecho de las imágenes su elemento natural, diría que sin ellas no existiría o tendría la aceptación de la que goza, por lo que a la facilidad de hacer fotografías habría que sumarle la de ponerlas en circulación, ambos aspectos ha provocado profundos cambios en la práctica de la fotografía.


Una visita rápida a blogs y páginas de redes sociales permite entender la profundidad y extensión de estos cambios. Si como he denunciado en otras oportunidades, hoy día vivimos en una iconósfera ensanchada y contaminada al máximo, no se debe a la producción profesional de imágenes, sino a la cantidad de ellas que generan, diariamente, los millones de aficionados o usuarios que mantiene el Internet.


Este fenómeno me parece digno de ser estudiado y analizado por las consecuencias que trae consigo, pero igualmente interesante es semblantear cómo es que esta popularización, este facilismo, este empleo y creación irrestricta de imágenes ha modificado también nuestro concepto de arte o de la fotografía artística para limitarnos a este tema.


Alcanzo a ver varias formas, pero de entre las más serias, encentro el haber incorporado estas imágenes, las producidas por aficionados, al sistema de evaluación, discriminación y circulación de la práctica profesional, o para decirlo en otras palabras, el haberlas “convertido” en imágenes artísticas, o más allá, tratar de hacer de su estética un ejemplo a seguir, un estilo incluso.


Este efecto lo entiendo de dos maneras. La primera es una especie de maldición, en su deseo por cerrar la brecha que separa el arte contemporáneo de la vida en la calle, termina siendo devorado por ella, indistinguible, por lo que deja de tener sentido pensar en él, ¿a quién le puede interesar el arte si muestra lo mismo que vivo diariamente? La segunda viene de que ante la enorme cantidad de imágenes que habría que procesar y clasificar, resulta más sencillo dejar pasar a todas y hacer que la historia ponga a cada cual en su lugar (si es que lo llega hacer).


Fácil, popular y arte, una triada nunca antes vista con la que hoy día tenemos que aprender a vivir.
(Publicado originalmente en Milenio Diario)
(Imagen tomada de www.carloscarreter.com)

lunes, 26 de abril de 2010

Cómo son


La imagen que aquí se muestra, obtenida por un autor desconocido a través de una cámara digital y puesta en circulación por las páginas del Internet, me parece es lo suficientemente elocuente como para darnos cuenta de lo que hemos venido diciendo respecto a las fotografías que son tomadas por aficionados y cómo han cambiando en los tiempos recientes. Es más o menos sencillo deducir que no hay ninguna intención detrás de la imagen a no ser, simple y sencillamente, afirmar, a través de un documento visual, el haber estado ahí. No hay momento decisivo, ni registro de la cotidaneidad, crítica social, o estética de la ciudad. Y así como no hay ninguna de estas posturas tampoco tiene alguna respecto a la fotografía como técnica, como medio de comunicación, es decir, no hay encuadre, no hay cuidado en la iluminación, no hay separación de planos, y muchos otros detalles que hace que la imagen sea totalmente prescindible. Es cierto, pero ¿se pensó de otra manera al hacerla y subirla a la red?

domingo, 25 de abril de 2010

Las nuevas imágenes


La posibilidad de convertir prácticamente toda percepción visual en imagen permanente gracias a las nuevas tecnologías digitales y su aplicación a las cámaras fotográficas, más la posibilidad de difundir masiva y públicamente esas imágenes, han trastocado una buena parte de nuestra cultura contemporánea. Desgraciadamente, por una parte, no se ha enriquecido la práctica de la comunicación visual, se ha transformado, es distinta hoy día, sí pero no tenemos mejores imágenes. Por otra, ha ensanchado a tal grado la iconósfera que los antiguos sistemas de discriminación han dejado de operar, no por obsoletos sino por ser incapaces de procesar tanto material. Y, fnalmente, han provocado la aparición de imágenes que hasta hace una década eran impensables o bien su circulación era restringida y de difícil acceso. Estas nuevas imágenes que pueblan los espacios virtuales, como la que vemos aquí mismo, tienen la curiosa característica de ser, en la mayoría de los casos, autoimágenes, una práctica que ciertamente no es nueva, sólo que ahora se realiza no como exploración de la propia personalidad, de cómo me ven los demás, sino únicamente como una manera de tener presencia en ámbitos igualmente inéditos para la persona, en sitios a los que, probablemente y menos simultáneamente, se podría llegar en carne y hueso.
(Imagen tomada de www.cuernavaca.olx.com.mx)

sábado, 24 de abril de 2010

La tecnología


En la entrega del día de ayer ya adelantábamos este aspecto, la irrupción de la tecnología digital en el campo y la práctica de la fotografía. Más allá de consideraciones teóricas, valiosas e importantes a no dudar, lo que ahora interesa es apuntar de qué manera estas aplicaciones han modificado el hacer u obtener imágenes por medio de la cámara obscura. Estas aplicaciones corren, me parece, por dos vías, una la de la cámara en sí misma, que puede ser altamente sofisticada, destinada a la práctica profesional, o la que se incorpora al aparato telefónico más simple, de sencilla y fácil operación; la segunda es el haber puesto a disposición pública medios electrónicos de alcance y aplicación masiva, lo que permite la difusión y promoción de esas imágenes obtenidas por las cámaras digitales. Ambas vías, como decíamos en la entrega anterior, no sólo han hecho que esta práctica se vuelva totalmente popular y democrática (acceso indiscriminado y universal al medio y sus medios de difusión) sino que la han cambiando en sí misma. Si antes se fotografiaba por conservar lo que nos rodea dentro del álbum, por solidaridad, por ilustrar, por certificar, por conocer, hoy día se hace por la simple y sencilla razón de que está a la mano, de que no hay nada que me impida, ahora mismo, convertir en imagen este momento, esta experiencia, este suceso, este objeto, esta persona.
(Imagen tomada de www.adicto.tv)

viernes, 23 de abril de 2010

El mundo en una página


Susan Sontag nos advirtió sobre la compulsión de hacer fotografías, misma que nos lleva a concebir todo lo que nos rodea no sólo como algo digno de ser fotografiado, sino simplemente como una fotografía, una imagen que va a parar directamente al álbum en donde se va acumulando, sin distinción alguna, la naturaleza, los representantes más conspicuos de la cultura universal, los seres queridos, los amigos y, por supuesto, las mascotas. Cuando escribía sobre este punto, la Sontag pensaba en lo que fueron las modernas y livianas cámaras portatiles, con la opción del ajuste automático y la facilidad universal del revelado estandard, cambios técnicos que definitivamente, junto a otros aspectos, terminaron por popularizar el uso de la cámara, de convertirla en el acompañante fiel de todo viaje o día de asueto, miembro de la familia, y testigo insobornable de cualquier acontecimiento en el que participemos. Hoy día, gracias a la aplicación de la tecnología digital a la cámara obscura, han cambiando a tal grado estas prácticas que incluso el viejo álbum fotográfico ha tenido que ceder su lugar a la página de la red social a la que se esté suscrito, convirtiéndose así en el nuevo blanco o destino final de los cientos y hasta miles de indiscriminadas imágenes que con singular alegría vamos haciendo por el mundo.
(Imagen tomada de: www.bbc.co.tv)

jueves, 22 de abril de 2010

La ilustración


Una de las finalidades de la fotografía obtenida por aficionados es la de ilustrar; esto es, contar, simple y sencillamente, con una imagen que muestre visualmente, valga la redundancia, aquello que se explica por medio de palabras. De esta manera la fotografía se vuelve únicamente portadora del significado que el texto que la acompaña sea capaz de conferirle; su propia semántica, al desconocerse o no otorgarle mayor peso, cede su lugar al texto escrito, de tal suerte que la imagen por sí misma se vuelve confusa, poco clara, bizarra. Este uso de la fotografía resulta contradictorio con lo que hemos dicho respecto a su carácter probatorio u objetivo, de donde procede aquello que una imagen vale más que mil palabras, y es que la producción popular de imágenes responde más a las necesidades del momento (aunque se contradiga una después de la otra) que al uso efectivo del medio.
(Imagen tomada de www.edami.com)

miércoles, 21 de abril de 2010

El espìritu de grupo


Por sus características inherentes, la fotografía ocupa un lugar privilegiado entre los documentos probatorios con que se cuenta en la actualidad, es decir, según el sentir general, lo que aparece en una imagen fotográfica prueba la existencia, la verdad, la presencia, de lo que ahí se muestra y los demás vemos.
De entre las fotografías a las que más recurren los aficionados se encuentran las de grupo, el deportivo, el de los compañeros de oficina, la familia, los de la escuela o universidad, o como en este caso, simplemente de los que acuden a un club deportivo o social; siempre hay un grupo que fotografiar y la oportunidad no se hace esperar. Fotografiamos grupos para no sentirnos solos, por solidaridad, por afirmar los lazos sociales que impiden la disgreción, y por lo menos en la imagen mantenemos el espíritu del grupo o grupos a que pertenecemos. Y para probarlo, para certificar que así fue, ahí esta la fotografía ¿cómo dudarlo?
(Imagen tomada de www. trainingtime.com.ar/poledance_comentarios.htm)

lunes, 19 de abril de 2010

Semana del aficionado


A partir de hoy y como lo hemos venido haciendo otras semanas, esta la dedicaremos (salvo mañana martes) a la exposición de imágenes de aficionados. Si la fotografía se ha convertido en el más popular de todos los medios, no lo ha hecho gracias al trabajo y obra de los grandes creadores, sino más bien, por las miles, los millones de imágenes que anónimos aficionados hacen circular por todo el mundo. Así pues, una mirada amplia a esta otra faceta de la fotografía nos puede servir para comprender el por qué de la importancia de la imagen en la cultura contemporánea. Aquí empezamos con una fotografía de aficionado de unos aficionados pero al club de fútbol de Tijuana Xoloitzcuintles de Caliente. La cara de satisfacción de los chicos lo dice todo.