martes, 7 de septiembre de 2010

En la feria


El pasado fin de semana se llevó a cabo la Zona Maco en su versión regiomontana, puesto que también se realiza en la Ciudad de México; o lo que es lo mismo, tuvo efecto, aquí en la ciudad, la única Feria de Arte Contemporáneo que se realiza en el país. Es más, esta es la única feria de arte que se hace en México como tal y eso que se trata de una tendencia mundial, hay un circuito internacional y se compite, turística, económica y culturalmente, por ver qué ciudad es la que tiene la mejor y más grande feria de todas, en donde mejor quiere decir la que atrae a los galeristas más famosos con sus artistas mejor ranqueados; a la crítica más influyente; y por supuesto, a los compradores más gordos.
El fenómeno de las ferias es contemporáneo y se distingue de otro tipo de eventos como pueden ser las bienales por su finalidad claramente comercial. Es importante, al momento de valorar la experiencia, no perder de vista esta característica y su finalidad: la feria —esta o cualquiera— consiste en la reunión de un puñado de galerías que por el lapso de unos cuantos días, ofrecen al público, simultáneamente, la obra que habitualmente manejan. Dependiendo de la fama del evento será el número e importancia de las galerías, artistas expuestos y compradores.
Hay que agregar que esta versión de la Zona Maco, tiene como sede un hotel, quien generosamente facilita las habitaciones de tres o más pisos para que funcionen como espacios de exhibición, no importa si se trata de la cama, el recibidor, o el baño.
Dado el momento que vive el país y más nuestra ciudad, creo que todos deseamos que eventos como este no sólo sean todo lo exitosos que merecen sino que se multiplicaran y fueran elementos determinantes para el desarrollo de ciudades como esta que algún día se atrevió a pensar que podría ser inteligente. Pero esto mismo nos obliga a hacer por lo menos un de observaciones que no tienen ningún otro fin que el de contribuir modestamente a que cada día tengamos más y mejores eventos.
Entiendo que tratándose de cuestiones comerciales resulta complicado saber exactamente qué es lo que cada galería o expositor va a presentar. Entiendo, igualmente, que el mismo costo tiene traer hasta Monterrey a los más destacados productores que se maneja que a los que no se les pone igual atención, o a los que se cree venderán más por ser nativos o estar relacionados por alguna razón con la ciudad. En este sentido, desde mi punto de vista, hubo pocas o ninguna novedad. Claro que destacan, por ejemplo, los trabajos de Iñaqui Bonillas o los de Maria Fernanda Barrero en Alternativa Once, las fotografías de gran formato que presentó Luis Adelantado y sobre todo los productores que se exhibieron en Perugi Contemporanea, los más frescos e interesantes de todo lo que se trajo. Así que en este sentido yo esperaría que se hiciera un mejor esfuerzo por exhibir verdaderamente a los “big-shots” a fin de atraer más público y por supuesto coleccionistas.
Mi siguiente observación tiene que ver con el espacio o con la sede o como se quiera ver. Es sabido que este tipo de intervenciones son como que muy novedosas y harto modernas, pero repetir la misma fórmula no parece lo más acertado dado que ya se sabía de los problemas que representa la circulación de los visitantes por pasillos y escaleras del hotel, y no se diga dentro de cada cuarto que no está diseñado para recibir, ya no a multitudes, sino a más de una docena de personas simultáneamente. Si esto incomoda, es una limitante para la presentación de los trabajos, muchos de los cuales requieren de espacio y distancia para ser apreciados correctamente. Incluso la estreches de espacio, que puede funcionar para la intimidad, se convierte en un obstáculo para los galeros que tienen que estar comerciando, ahora sí que en medio de la plaza pública.
No pongo en duda ni devaluó el enorme esfuerzo que ha de significar organizar y realizar un evento como este; espero hayan logrado sus metas, tanto los organizadores como las galerías que se atrevieron a llegar hasta acá. Ahora es el momento de dar un paso adelante y poner a la feria de arte contemporáneo de Monterrey, en otro nivel.
Publicado originalmente por Milenio Diario

lunes, 6 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.6)

Todo país guarda en algún lugar de sus ciudades, lo mismo las grandes que las más pequeñas, una muestra de su pasado, no del material que puede o no ser sostenido y valorado adecuadamente, sino del no tangible, del que se hace presente en cierto tipo de costumbres, hábitos, formas de interacción social, creencias. Personas, conductas y objetos de uso diario se convierten en correas de transmisión entre el presente y una historia que nunca fue contada pero que es el tejido real, vivo, del ayer. La fotografía, desde su aparición, han jugado un papel determinante en la preservación de ese pasado sin mucho más que hacer que simplemente registrarlo y mostrarlo, hacerlo evidente a los demás, al presente y a quienes en el fututo quieran conocerlo a pesar de no reconocerlo en sus propia realidad. En México, aún fotógrafos tradicionalmente más preocupados por el formalismo, son tentandos de vez en vez para incluir en su quehacer este tipo de temática, tal y como sería el caso de Lázaro Blanco (1938) de quien presentamos aquí un ejemplo de su más reciente exposición Temporarios. Y es que es difícil no hacerlo en las ciudades de este país en las que a la vuelta de cada esquina, a la mitad de cualquier calzada, en la sombra de los járdines o en las afueras de las factorías, está aguardando una imagen de ese pasado que no termina de irse por más que la modernidad de las ciudades haga todo lo posible por irlo empujando fuera de cuadro.
(Imagen tomada de: www.arts-history.mx)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.5)

Una de esas historias por las que es difícil pronunciarse es la de Maximiliano de Habsburgo (1832-1867), quien mediante engaños aceptó inocentemente encabezar el Segundo Imperio Mexicano que tuvo fugaz pero intensa vida, de 1863 a 1867, llorado aún, aunque no se crea, por los más recalcitrantes conservadores.
Salvo un mural de Orozco (Chapultepec) y otro de Rivera (Palacio Nacional), no hay muchas otras representaciones de Maximiliano en el arte moderno mexicano, curiosamente, quien más se ocupó de este triste personaje fue Edouard Manet (1832-1883) quien realizó por lo menos tres versiones de su fusilamiento en el cerro de las Canpanas, en Queretaro, probablemente inspirado en un fotomontaje que circuló ampliamente por Europa y que el impresionista convirtió en una versión franco-mexicana de los Fusilamientos del 3 de mayo (1814) de Francisco de Goya.
El fotomontaje del fusilamiento del pretenso emperador de los mexicanos, tiene la siguiente historia. François Aubert (1829-1906) quien llegó a México casi de la mano de la corte real, en 1864, se convirtió en algo así como el fotógrafo oficioso de Maximiliano. El día en que éste finalmente fue fusilado, el fotógrafo "oficial" no se encontraba presente por lo que tuvo que conformarse con documentar el hecho con imágenes como la que aquí presentamos (el cadáver de Maximiliano antes de ser embarcado a Europa) o la más famosa de ellas, la de la camisa ensangrentada y perforada  por los impactos de bala que recibiera el frustrado emperador del pelotón de fusilamiento. Además, es muy probable que el propio Aubert relizara la composición trucada que hizo llegar a los editores del viejo contienente quienes la convirtieron rápidamente, en un best seller.
Si nuestros productores plásticos no se han ocupado de la figura de Maximiliano, por lo menos sí contamos con los trabajos de Aubert y una historia que relata una de las primeras falsificaciones de la fotografía documental o de guerra.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.4)


Ni falta hace insistir en el papel fundamental que juegan los productores de objetos de arte en la formación de la conciencia de un país. Los muralistas lo hicieron en su momento para México, posteriormente los miembros de la Ruptura en el '68, y en la contemporaneidad figuras como la de Adolfo Patiño (1954-2005) a quien presentamos aquí en uno de sus múltiples autorretratos. También conocido como Adolfotógrafo es muy probable que haya sido uno de los primeros productores totales de este país y uno de los primeros en recurrir a la fotografía no para convertirse en fotógrafo en el sentido tradicional del oficio, sino como un medio más a su alcance para expresar la amplia variedad de intereses e inquietudes que siempre expresó en su trabajo. No obstante, haría mención a un par de núcleos alderredor de los cuales giró buena parte de su obra. El primero de ellos fue señalar una y otra vez, que la labor del productor está relacionada más con las ideas que con habilidades manuales específicas (a pesar de que si hubo un productor en ese momento que ponía especial atención a lo técnico y buen acabado de la obra lo fue él) y en este sentido debemos verlo como un precursor o como quien fue al parejo de otros productores conceptualistas de México. Y el segundo de estos núcleos, fue la crítica que siempre ejerció en contra de los santones del arte y la cultura de este país. Las ideas que debe manejar el productor, las que debe saber expresar, a las que debe dar prioridad, son, en el caso de muchas de sus piezas, aquellas que tienen que ver con una visión irónica, sarcástica, mordiente y despiadada en contra de esos íconos que contra viento y marea la posición oficial trata de imponer como representantes del arte mexicano del pasado, del presente y del futuro. Y, curiosamente, al mismo tiempo Patiño se mostraba respetuoso, tolerante y fraterno con las muestras más entreñables de la cultura popular y/o massmediatica, de la que muchas veces supo nutrirse para realizar la suya propia. Sin ser una exageración, de eso estoy seguro, el arte mexicano de este momento no sería lo mismo sin haber recibido la fresca y vivificante influencia del pensamiento y obra de Adolfo Patiño.
(Imagen tomada de: www.jornada.unam.mx)


viernes, 3 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.3)



Desde diversas fuentes han corrido ríos y ríos que se ocupan de desentrañar los secretos de la identidad, lo mismo la individual, que la de grupo, que, por supuesto, la de una sociedad o pueblo. Las artes visuales en general y la fotografía en particular han contribuido a la creación de un abultado imaginario que intenta recrear los "tipos mexicanos" para de ahí extraer una especia de suma de su identidad. Uno de los primeros intentos por fijar esa identidad, la encontremos en las litografías que Claudio Linati (1790-1832) publicó en 1826 y que repetiría casi treinta años después el también litógrafo Casimiro Castro (1826-1889) con su célebre colección de Los mexicanos pintados por sí mismos (1854), para terminar con este rápido recorrido por el siglo XIX con el álbum de tipos mexicanos de los socios Antioco Cruces y Luis Campa, quienes entre 1862 y 1877 fotografiaron a la sociedad mexicana de arriba a abajo. Lo interesante de todos estos intentos es que la definición del "tipo mexicano" y por tanto su identidad, siempre parte de la descripcion de sus oficios o tareas que desempeña, como si el trabajo definiera a la persona, o mejor dicho, como si el tipo de trabajo que se desempeña fuera determinante en la identidad de la persona. Ahora bien, por lo menos en el caso de Cruces y Campa, y en este ejemplo del Vendedor de velas (1860's) lo podemos ver claramente, las imágenes que nos ofrecen han sido recreadas en el estudio por lo que es difícil deslindar hasta dónde los intereses, gustos e incluso prejuicios de los fotógrafos influyeron en la creación de una determinada "identidad".
Si hacemos caso omiso de este hecho y nos olvidamos de esos intentos por recrear o hallar de plano la identdad de los mexicanos y nos concentramos en la pura imagen que ofrecemos, es extraordinaria la riqueza de detalles que nos ofrece sobre las condiciones de vida del México de la segunda mitad del XIX. Un sólo vistazo a las colecciones que por fortuna se conservan de esta feliz y próspera empresa fotográfica pone en evidencia la enorme desigualdad que ayer como hoy priva entre los mexicanos. De las refinadas damas de las Carte de visite a este humilde y descalzo vendedor ambulante, hay una serie de motivos que precipitaron al país, a la vuelta del siglo, a una feroz revolución.
(Imagen tomada de: www.flickr.com)

jueves, 2 de septiembre de 2010

Así fue, así es México

Ulises Castellanos. Zócalo. 2007


Doscientos años después de lograda la Independencia de España, de habernos constituido como una república democrática, de ser una y otra vez señalados, incluso muy a nuestro pesar, como una de las economías más prometedoras, de haber jugado un papel importante en el liderazgo de nuestra área de inlfluencia o Latinoamérica, ¿cómo mexicanos qué podemos decir, cómo nos vemos?
En este país se encuentra la ciudad más densamente poblada del mundo y ese simple hecho, nos guste o no, marca una enorme diferencia con el resto de ciudades en México que han crecido y seguirán creciendo en el futuro. Ver una imagen como la que aquí encabeza estas líneas es caer en el vertigo o perderse en el horizonte, no hay escala, no hay medida, no hay proporción alguna que alcance a dar cuenta de lo que es esta especie de amiba monstruosa de acero, cemento y cristal convertida en un hoyo negro que devora todo lo que esté a su alcance. La asimetría que ha causado en lo polítco, económico, social, cultural, educativo, religioso y cualquier otra actividad, ha hecho que pierda la memoria y que el resto del país esté a punto de hacerlo también, ensimismada, la Ciudad de México, olvida que fue levantada por los otros Méxicos que hasta allá tuvieron que emigrar, y los demás que también ella es parte del resto del país. Doscientos años han sido suficientes para dar cuerpo y vida a una pesadilla como lo es esta ciudad, pero tambien han sido insuficientes para terminar de conformar una imagen única de país, o somos la Ciudad de México, o somos Chihuahua, Can-Cun, Aguascalientes, Toluca, Puebla, Tuxtla Gutiérrez, Hermosillo, Acapulco, nunca simple y llanamente México.
(Imagen tomada de: www.zonezero.com)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Así fue, así es México




Es muy probable que esta imagen haya sido parte del conjunto de daguerrotipos considerados como la primer imagen fotográfica que se tomara en México con un tema del paìs, o sea, la primer fotografía mexicana. Se trata, como se alcanza a ver, de una vista del puerto de Veracruz y está fechada en torno al 3 de diciembre de 1839, se le atribuye al grabador francés avecindado en la Ciudad de México, Jean Prelier, de quien se sabe había mandado traer, importar, un "kit" completo para la producción de daguerrotipos. En  enero del siguiente año, según las notas de prensa, lo volvemos a encontrar haciendo ya demostraciones del asombroso daguerrotipo en los alrrededores de la Catedral de México, por lo que todo indica que fue él el primer fotógrafo en México y sus daguerrotipos, como se ha dicho, las primeras fotografías producidas en nuestro país.
Más allá del valor histórico de estas imágenes y de las cuestionables habilidades de Monsieur Prelier como daguerrotipista, lo que siempre me ha fascinado de esta historia es la extraordinaria velocidad con que se difundió el descubrimiento de Niepce. El 19 de agosto de 1839 está considerado como la fecha oficial del nacimiento de la fotografía, pues es el día y año en que el diputado francés Fraçois Arago se presentó ante la Academia de Ciencias y Artes de Paris, para dar la buena nueva. Tan sólo 4 meses más tarde, el fantástico instrumento, ya producido comercialmente, llegaba a México. Visto así, parece claro que hay otra historia que subyace a la oficial; la compleja trama comercial que debió haberse dado entre Daguerre, Arago, los herederos de Niepce, diversos fabricantes y el propio gobierno francés, explica más fácilmente el por qué de la rápida y explosiva popularización de la fotografía, que la simple y sola seducción que nuestros ancestros pudieron haber sentido al ver su imagen impresa en la reluciente superficie del daguerrotipo. En cuatro meses pues, México se inscribía entre los países que gozaban y compartían los beneficios de la modernidad.
(Imagen tomada de: www.skycrapercity.com)