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martes, 24 de junio de 2014

¿Diálogos (im)posibles?

La idea de favorecer o de crear situaciones, disponer espacios, producir obras, en las que dos o más manifestaciones simbólicas dialoguen entre sí ha asumido a lo largo del tiempo diversas formas y ha corrido, igualmente, con suerte múltiple. Una de estas experiencias que ha resultado del todo exitosa lo es, sin duda, el espectáculo de la Opera. La arquitectura y las artes visuales han buscado, también, desde siempre, encontrarse en esa situación, la célebre Bauhaus se ha encargado de proponer y promover este diálogo como modelo, y el campus central de la UNAM es una muestra, más que digna, de las muchas posibilidades que hay en este terreno. Otras opciones van del Ut pictura poesis de Horacio a intentonas por reunir literatura y artes visuales, como, sea el caso, el proyecto que esta editorial patrocina (La poesía vista por el arte).
         Así pues, que las artes dialoguen entre sí no parece una idea extraña o ajena a proyectos generados o que se generan en el campo cultural. No obstante, la lógica dicta que habrá situaciones y participantes en donde el diálogo sea más fluido y sobretodo edificante, mientras que en otros lo único que se podría favorecer es un diálogo de mudos que es peor que el de sordos. En otras palabras, así como hay casos que se enriquecen con la presencia, convivencia y trabajo entre dos o más manifestaciones artísticas, hay otros en que el diálogo, de inicio, puede parecer imposible.
         Pensar, como ejemplo, en una relación o diálogo entre la fotografía y la escultura, puede ser uno de esos casos pues lo que una afirma, la tridimensionalidad, el volumen, la textura, la otra lo niega, lo suprime o de plano es incapaz de incorporar, físicamente, aquellas dimensiones. Desconozco de quien habrá sido la idea pero el pasado día 12 en la Galería Drexel, se inauguró la muestra Diálogo: Lorusso-Yázpik, esto es, una exposición en la que se ha puesto a dialogar a las esculturas de Jorge Yázpik, con las fotografías de Nicola Lorusso, y por increíble que pudiera parecer, no sólo la convivencia entre ellas se da, sino que se alcanza a escuchar el suave murmullo de lo que se dicen entre sí imágenes y moles de piedra.
         La exposición está formada por ocho esculturas y ocho fotografías. Tres de estas esculturas son de formato medio o de mesa y las 5 restantes de dimensiones mayores; aunque hay un par de obsidiana, la mayoría son de tezontle gris. Por su parte, todas las fotografías son de 95x135cms., de inyección de tinta de carbón sobre papel de algodón.


El diálogo que entre estos ocho objetos se alcanza a percibir tiene que ver con la posición que asuma el que oye, si es la postura de la escultura entonces escuchará reflexionar sobre su origen y posterior destino, ya que 4 de las fotografías de Lorusso son de canteras (de la serie Bajo el umbral del cielo) y las restantes de estudios de escultores. Pero si la posición que se toma es la de la fotografía entonces el diálogo será, como las mismas esculturas lo son, un interminable ir y venir entre la naturaleza y la mano, la obra, del hombre. Otro de los temas que se llega a percibir en esta reunión de fotografía y escultura es el del espacio, el ocupado y el vacío, el exterior y el interior, el virgen y el transformado, y cómo a través de la suma de materia o de su eliminación nacen otros espacios, nacen las obras.
Aunque exitosa la experiencia, e incluso sin que se hubiera dado el diálogo habría que decir que tanto esculturas como fotografías, en lo individual, son sobresalientes, de incuestionable calidad, creo que es insuficiente, por eso es que he dicho que entre ellas apenas se percibe un murmullo y no un diálogo pleno y en voz alta; no se debe a esa primera impresión de lo inútil que sería hacer compartir a la escultura y la fotografía, de que entre ellas hay un diálogo imposible, sino más bien, a que el tema, la reunión, no se encuentra del todo explotada, no se fue más allá de esta aproximación que es puramente literal. Queda demostrado que quizás no haya diálogos imposibles, pero precisamente, por las muchas opciones que aparecen al insistir y favorecer esta clase de encuentro, es que valdría la pena ir más allá hasta lograr generar proyectos de los que se obtengan no sólo diálogos, sino polifonías completas entre las artes.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com


martes, 3 de junio de 2014

El arte

Así como decían en la famosa serie de televisión Viaje a las estrellas, que el espacio era la última frontera, así creo que el Arte es nuestra última fantasía respecto al libre albedrío. Invocar al arte es hacer mención no sólo de un reducido grupo de privilegiados (comúnmente los productores) y de un conjunto de cualidades extraordinarias (belleza, perfección, concepto), sino también de un cierto tipo de objetos que habiendo sido producidos por aquel grupo y estando en posesión de esas cualidades, son el ejemplo perfecto, por excelencia, de lo que llamamos arte. En otras palabras, solemos creer que el arte es un asunto que concierne únicamente a individuos especialmente dotados, quienes deciden producir objetos, pinturas, esculturas, fotografías, grabados, con tales cualidades y calidades que son lo que calificamos como arte.
Desde hace tiempo sigo los editoriales que semana a semana, hace circular Rosa Olivares, en uno de los boletines digitales de EXIT. También desde hace tiempo conocidos se esfuerzan por echarme a perder la semana enviándome los textos de la ahora famosa Avelina Lesper. Con ambas tengo puntos de coincidencia (más con Olivares por supuesto), pero también difiero radicalmente con las dos, principalmente porque parecen no darse cuenta que con sus argumentos, con la postura que representan, provocan o refuerzan aquello que pretenden combatir: Olivares al argumentar en contra de la mercantilización internacional del arte y sus consecuencias, no repara en que ella es, precisamente, quien difunde y apoya tal postura a través de la poderosa e influyente organización que dirige, EXIT. Y Lesper, al criticar los privilegios de que gozan ciertos productores por ser los favoritos de un grupo en particular, cuando ella hace lo mismo pero con otros productores y obras.
Pero más allá de eso y que son las contradicciones internas de las que ninguno se escapa (más grave es tenerlas, conocerlas y no remediarlas), su yerro más grande, desde mi punto de vista, es que continúan armando sus proposiciones desde la creencia de que existe, per se, el arte. Cuando se leen sus textos, así como los de tantos otros, se cae en cuenta de que podrán representar posiciones incluso antagónicas, que se puede o no estar de acuerdo con su punto de vista, con las conclusiones a las que llegan, pero que en el fondo, y esto es lo importante para mi,  ambas defienden lo mismo, al arte; mejor dicho, lo que ellas, como muchos, incluido yo mismo, creen, han aprendido o    les es conveniente creer es el arte.
 Todos los domingos, en la ciudad en la que vivo, las principales avenidas se convierten, por medio día, en paseos peatonales que aprovechan los productores locales para mostrar y vender sus pinturas, fotografías, textiles, grabados, etc., y todas las semanas me hago la misma pregunta ¿qué falta aquí, en estas mujeres y hombres, en los objetos que producen, para que se conviertan en artistas y su quehacer en arte? Y no es que falte ingenio, cuidado, calidad, en algunos de los trabajos que exponen, quiero decir, no se trata únicamente de que sean o no virtuosos, mucho menos descubiertos y/o redimidos.
Hace tiempo dejé de preocuparme por saber qué es el arte, lo mismo disfruto o padezco de los objetos que dicen son arte que de los que ya han sido descalificados. Visitar los museos es una excelente oportunidad para aprender acerca de las virtudes y debilidades que pueblan el alma de los hombres, así como de las historias de la feliz explotación del talento y capacidad de otros. En cuanto a lo contemporáneo lo mismo me dan las miles de cascarillas de cerámica de Ai Weiwei, que el  trabajo de quien ahora continúa dibujando como si se tratara de un Miguel Ángel redivivo. En todos los casos procuro entender, explicarme su intención comunicativa o simplemente emocional, su relación con otras piezas, etc., si compartimos algo, bienvenida, de no ser así, igual, aunque no pueda dejar de mencionar mis diferencias con ella, de juzgarla, pues está dentro de mis derechos, derechos que adquiero al exponerme a tal o cual objeto.

En cuanto a Olivares y Lesper, no tengo más que agradecerles la generosidad de su trabajo, como diría Michael Baxandall, gracias a él es que podemos seguir conversando.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com

martes, 1 de abril de 2014

El poder de la arquitectura

Como ninguna otra de las manifestaciones artísticas y mucho más de las visuales, la arquitectura tiene el poder de modificar –y casi siempre de manera permanente- su entorno. No se trata simplemente de la alteración que causa en  el paisaje natural o en el de la ciudad, sino de la afectación que llega a tener sobre cientos, miles de personas, al alterar sus formas, sus espacios de trabajo, de vida y convivencia, al modificar sus recorridos, el tiempo invertido en cada una de las actividades que desempeñan o en su transportación, al separar el mundo rural del urbano. La pregunta, por tanto, no es ¿qué tan consientes estamos de ese poder?, sino ¿qué tan conscientes están nuestros arquitectos del poder que la sociedad ha puesto en sus manos?
Algún día debería escribirse algo así como el prontuario o manual del visitante a galerías y/o museos de arte. En él habría que decirle al usuario en qué debe fijarse: qué son las cédulas y cómo han de estar redactadas, qué son los textos de sala y para qué sirven, cómo debe estar colgada una obra bidimensional y cómo colocada una escultura o instalación, qué debes hacer con los vídeos u obras sonoras, consideraciones sobre la iluminación, el recorrido, las bases y mamparas, etc., etc., son tantos los estímulos que están presentes e influyen directamente sobre la apreciación de lo exhibido que bien valdría tener un check list como el que propongo, incluidos, por supuesto, los criterios de selección, los objetivos de la muestra, su pertinencia, representatividad, recorridos e interpretaciones sugeridas y cuanta más información se le pudiera dar al espectador mucho mejor, para que así, efectivamente, el juicio que emitiera estuviera fundamentado en los mismos criterios que se emplearon en su producción.


Sea el caso de la exposición 21 Jóvenes arquitectos mexicanos. Relevo generacional que se inauguró en el Centro Cultural Plaza Fátima el pasado 13 de marzo. Organizada por la Facultad de Arquitectura de la UNAM, nos presenta una colección de trabajos llevados a cabo por estos 21 nombres o los despachos que representan. Bien a bien no es muy claro porqué están presentes aquí, de ellos 10 son del Distrito Federal, dos más regiomontanos, o sea, que para el resto del país sólo quedan 9 arquitectos que vale la pena presentar (¿?). ¿Por qué se seleccionaron estos y no otros proyectos? Tampoco hay razón aparente, lo mismo que sobre la lógica que hace que aparezcan mega proyectos como el Senado de la República, la estación del metrobus en el área cultural de la UNAM, o la terminal B del Aeropuerto Internacional de Monterrey, al lado de casas unifamiliares o un avistadero de aves.


Estas líneas podrían tener en lugar del título que las encabeza el de El poder de la fotografía, pues conocemos más lo construido gracias a las imágenes que por las maquetas (si mides 1.20 mts. no tienes problema para admirarlas, si no es así sólo te llevas una buena impresión de las cubiertas). Lo difícil, lo complicado de una exposición de arquitectura es qué presentar. La fotografía, aunque ayuda, en realidad convierte al arte de los espacios existenciales en una cuestión de apariencias.


Inevitable la comparación con la exposición de Mario Pani en el MARCO y quizás uno de los aspectos más contrastantes sea que mientras Pani, con todas las críticas que lleva encima, se ocupó y preocupó por la vivienda popular, entre estos 21 jóvenes no hay un sólo ejemplo que se acerque o tenga siquiera una reflexión al respecto. Sin duda están conscientes del tema y problema, tanto como de lo sustentable, sólo que no está de moda o dentro de los criterios de selección.
La arquitectura no es únicamente una cuestión técnica, es también un hecho histórico, sociológico, semiológico y antropológico, tanto como artístico, turístico y tecnológico. Reunir todos estos aspectos en una exposición no es tarea sencilla y ni siquiera en las otras artes, con más experiencia en el tema de las exposiciones, se logra cabalmente. Son pues, ahora, los propios arquitectos los que tienen la palabra para acercar su trabajo al gran público.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com


martes, 5 de noviembre de 2013

Reflexionando

 
           Mi buen amigo José Antonio Molina, en uno de los textos que acompañan la exposición de Cristina Garza, reproduce puntualmente lo que es, desde el punto de vista de la proyección geométrica, una “reflexión”, pero olvidó, no quiso, o no le pareció importante, citar la acepción básica del término “reflexión” que es la acción y efecto de reflexionar, lo cual, a su vez, significa considerar nueva o detenidamente algo.

Empiezo por el principio. Me refiero a la exposición Reflexiones, de la productora Cristina Garza, inaugurada a fines del mes pasado en la Pinacoteca de Nuevo León. Me gusta más empezar por la que he dicho es la primera acepción del verbo reflexionar que por las descripciones de mis colegas, porque creo que es esta una muestra que ofrece tantas facetas que bien vale la pena no sólo contemplarla varias veces, sino todas y cada una de ellas, detenidamente. Puesto que la muestra no sólo contiene escultura, sino pintura y dibujo también, habrá que hablar de ella, por la brevedad de este espacio, en términos  generales  pues en él difícilmente podríamos abordar, más o menos satisfactoriamente, una sola de sus facetas.
 

            Un aspecto en el que creo todos coincidimos es que esta es un Cristina Garza desconocida, o mejor dicho, de la que poco habíamos visto públicamente con esta diferente manera de entender y producir escultura (los dibujos no me parece compartan esta diferencia y ni qué decir de la pintura, la cual no tenía el gusto de conocer). La diferencia pues, entre las piezas escultóricas de esta exposición y las que le conocía la mayor parte del público, lleva a sus críticos a “reflexionar” sobre si hay o no un cambio de estilo. Por mi parte, para explicarme tales diferencias, más bien trato de entender qué es lo que quiere decir la productora cuando declara: “Mi intención es ir hacia lo esencial de la forma, tomar las formas básicas como punto de partida para construir el lenguaje (sic).”

La cita anterior me parece más acorde a una evolución que a un cambio, que reúne y explica uno y otro momento de su producción, pues si algo ha caracterizado su trabajo es, precisamente, ese “elementarismo” con que entiende la presencia de los objetos en el espacio. Ahora bien, aplaudo y celebro las intenciones de Garza, tal claridad sería deseable en todos nuestros productores, de hecho es tan fuerte ese impulso que creo es el responsable del “look” retro que tiene toda la exposición, en especial la escultura y la pintura. Me pregunto entonces ¿de qué ha servido más de un siglo (por lo menos) de producción simbólica, si cada productor debe iniciar de cero para construir su (el) lenguaje?
 
 
No niego el valor de esta búsqueda, ni su poder motivacional, mucho menos la calidad de los resultados a que ha conducido a Garza, pero creo, desde la perspectiva de la historia del arte, que esta intención y estos resultados son parte de un aprendizaje, ejercicios, copias (en el buen sentido), de lo que ya otros han alcanzado, para, entonces sí, habiéndote hecho de los rudimentos de tu idioma, lanzarte a encontrar tu propia voz, tu propia manera de decir las cosas.

En el esencialismo de las formas de Cristina Garza, echo de menos toda referencia al material y a los procesos de creación, más tratándose de imágenes, objetos, básicos; las formas no son las mismas si la madera es dura o blanda, pulida o al natural, tallada a mano que con máquina, pegada que machihembrada, grande que pequeña, barnizada que pintada, etc., etc. Creo, también, que tales referencias o tener en cuenta estas diferencias es parte de un lenguaje más personal y de un camino no tan recorrido.

En este sentido, el de trabajar desde cero e ir, como dice Garza, a la esencia de la forma, se repite la frontalidad del objeto y se regresa a su monolectura, no tengo nada en contra de eso, pero después de tantos siglos de producción, me gusta pensar en la escultura, o mejor aún en los objetos tridimensionales, en toda la riqueza del diálogo que establecen con el espacio en el que se encuentran. No  está mal ser purista, pero sí es un  riesgo cuando por serlo en lugar de  pasar a C, tienes que regresar, no a B, sino A, con lo que el trabajo  puede  convertirse en la piedra de Sísifo y un eterno principiar.
 
Publicado originalmente en Milenio Diario


martes, 13 de agosto de 2013

Tres de todo

 
 

     Uno. Está en circulación un video o clip musical de un tal J.C. intitulado Baby Picasso, quizás por eso me lo mandaron. Lo que me llamó la atención fue que en él aparece insistente y protagónicamente Marina Abramovic. Al terminar la canción o lo que sea, aparecen los créditos de otras personas que también ahí interactúa con el Sr. J.C., lo curioso que es todos son galeros, art-dealers, artistas, escritores, músicos, etc., es decir gente —y no precisamente todos jóvenes— involucrada en la escena artística.

Al día siguiente me entero, por otros medios, de un video más, este bajo el encabezado de “Lady Gaga se desnuda para Abramovic”; en efecto, en este otro aparece la Lady desnuda por bosques y ríos o abrazando un enorme cuarzo en posición fetal. Se trata, sin que se diga, de un video de promoción a un instituto que quiere abrir la Abramvic en el que enseñará, me imagino Performance aunque sus pretensiones son más amplias, casi terapéuticas. Si el primer video me dio tristeza por ver a Abramovic en una situación que no es lo suyo y que además no tiene necesidad de hacerlo, este segundo me pone en alerta sobre una bien planeada red de “artistas haciendo dinero con otros artistas”. Eso no es problema, ni la primera vez que se  hace, lo grave, según yo, es que no se diga,  desde un principio, cuáles son las   intenciones que se persiguen y se  haga creer que Abramavic es   fanática del Rap o que Lady Gaga se   toma tan en serio su carrera que  acude con una “especialista” para  que la ayude en la preparación de  sus presentaciones (por cierto Lady  Gaga sacará en breve un nuevo  disco por lo que cualquier publicidad   le viene como anillo al dedo: hoy por ti, mañana por mí). No se vale porque eso es embaucar a las  personas y porque antes de que  usted termine de leer estas líneas  ya estaremos celebrando la promoción comercial como una nueva forma de hacer arte. Hace mucho, Eduardo  Ramírez proponía que en las bolsas del súper aparecieran leyendas como “Octavio Paz aquí compra sus  verduras” o “Francisco Toledo viene  acá por el pan”, por lo menos era más ingenioso que aparecer bailando Rap o correteando en cueros entre pinos y animalitos del bosque.

         Dos. Si se hizo formalmente no recuerdo haberlo visto; me refiero al aviso del cambio de sede del CONARTE. No ha sido sino hasta el fin de semana pasado que se ha vuelto a tocar el tema junto con la lamentable decisión de recortar aún más los ya de por sí exiguos presupuestos con que se pretende funcione, y funcione bien, la institución responsable de la cultura en el estado. Según se ha dicho, este mismo mes el CONARTE dejará sus oficinas en el llamado Palacio Federal para ocupar un piso en la mal habida torre administrativa. Entiendo que la función de este inmueble —la torre— fue, desde un principio,  ahorrar en rentas, lo cual es correcto, pero ¿el Palacio Federal no fue cedido desde hace tiempo al gobierno del estado?, ¿qué renta paga entonces? Si alguna dependencia puede ocupar un edificio que además sea emblemático de la ciudad sin que pierda sus características, ese es el CONARTE; edificio y dependencia se funden en un sólo símbolo que habla de la preocupación o interés del estado por la cultura,  etc. ¿Ahora cuál podrá ser su destino? No faltará quien ahí vea en lugar de un viejo e inútil edificio, un buen predio para un funcional e imprescindible estacionamiento.

         Tres. Si es triste ver que una institución como el CONARTE tiene que abandonar su espacio (con el que estaba y era identificado) por razones que no son muy claras (más allá de las económicas por supuesto), más triste es asistir a las discusiones acerca del destino final del Planetario Alfa. Entiendo también que un proyecto de esa envergadura y su permanente actualización, resulte demasiado oneroso para una sola empresa, pero, en los 30 o más o menos años que tiene de existencia ¿no se le pudo haber previsto e implementado otra forma de supervivencia?

         Tenemos pues tres casos en que argumentos económicos se imponen sobre cualquier otro. Supongamos que está bien ya que vivimos tiempos difíciles ¿pero en verdad alguien ha pensado en el público, en los usuarios; le interesan a alguien?
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

martes, 30 de julio de 2013

Generador de historias


La civilización, tal y como la conocemos, tiene uno de sus principales asientos en la escritura; la escritura, bien se sabe, fue lo que permitió dar el paso de las épocas prehistóricas a las que desde entonces fijan el devenir de los individuos y de los pueblos. Así pues, dividimos nuestro tiempo, el occidental desde luego, en pre e histórico; lo que hace la diferencia entre uno y otro es, precisamente, la escritura; si sabemos con certeza los nombres y hechos de los faraones, de los triunfos de Alejandro, o de los patrocinadores del viaje de Colón, es porque aparecen registrados por escrito. De antes de la invención y difusión de la escritura, apenas si sabemos cualquier cosa. Se entenderá que con la escritura nació la historia, pero con la historia escrita se perdieron otras tantas formas de registrar el paso del tiempo. Sólo en grupos de los llamados primitivos o que han logrado salvaguardar su cultura, aún se puede encontrar, por ejemplo, en la tradición oral, la narración de sus orígenes y sucesos principales.

         Uno de los problemas que enfrenta la historia escrita, es que una vez que se ha llevado a cabo, que se ha escrito, cancela cualquier otra opción, por supuesto niega (o más bien negaba ya que la crítica postmoderna ha procurado remediar este proceder) el valor o importancia que pudieran tener los relatos orales o no escritos respecto a un mismo suceso o personaje.
 

 
         Esta introducción vale para acercarse al trabajo que desde el pasado jueves 25 presenta Carlos Ballester en el Centro de las Artes I, bajo el título de Viajes Equinocciales. La exhibición se compone de tres diferentes grupos de trabajos (sólo uno de ellos está concluido, los otros dos, creo, son interminables), el primero, quizás el que más se conoce en la ciudad, son esta especie de cajas que de entrada, por las formas, pudieran recordar, como tantos otros trabajos que recurren al mismo continente, a Cornell, aunque una mirada más atenta se encarga de borrar cualquier asociación. El segundo grupo son una especie de desplegables en relieve, o si se prefiere soportes planos de objetos tridimensionales que los mismo puede ser una piel de serpiente que un pelícano disecado. Finalmente, el tercer grupo, el que ya he mencionado se puede dar por concluido, es un muy interesante trabajo de apropiación e intervención sobre un grupo de fotografías que narran un rescate en el estrecho de Magallanes en el siglo XIX. Desconocidas y jamás vistas en positivo, fueron encontradas en un mercadillo de Buenos Aires, e impresas por Ballester para la realización de este proyecto (Angosturas de Magallanes).

 

         El trabajo de Ballester, en cualquiera de estas series, es tan meticuloso, tan cuidado hasta el más mínimo detalle, tan estudiado, que es casi imposible describir cualquiera de ellos, aun así, a mí me parecer, cada obra que sale de sus manos, es un dispositivo creado para generar una historia, aquella que sea capaz de reconstruir su observador. Más que ser un narrador, Ballester a través de sus trabajos nos convierte en esos personajes que a la luz de la fogata en las noches estrelladas, cuentan la historia de sus gentes, de sus triunfos y sus fracasos, y en especial de su futuro (lo que la historia escrita es incapaz de hacer), y para llevar a cabo su tarea se valen de estos objetos que son el disparador de remotas memorias.

         Me parece que la evidencia de que es así como más o menos funciona el quehacer de Carlos Ballester, es precisamente la serie de fotografías encontradas, pues al margen (literalmente) de la historia que quedó registrada por arte y magia de la luz y la plata, el productor crea la suya propia al incorporar, en el borde superior e inferior, otras imágenes que pueden o no tener relación con la fotografía impresa pero que igual cuentan, transmiten, su propia historia, la que cobra vida al momento en que se empieza a ver la pieza.

         Pocas veces se tiene oportunidad de ver exhibiciones en las que, como dice la curadora Marisol Argüelles, la obra que se presenta no está inserta en ninguna tendencia, sino que pertenece, simple y sencillamente, al campo de la creatividad.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

 

martes, 23 de julio de 2013

PARA... ¿qué?






A la memoria de
Dn. Mario Herrera,
incansable ejemplo a favor
de las artes visuales.
Descanse en paz.
 

         Desde hace un par de semanas me habían comunicado el probable fallecimiento de Dn. Mario Herrera en su natal Saltillo. Hasta ahora lo he podido comprobar. Me parece una pena su desaparición como también el que nadie más lo haya recordado cuando tanto le debemos. El, junto a Giancarlo Von Nacher, Dn. Alfredo Gracia y alguno más, animaron durante años la escena cultural de esta ciudad a través de sus textos que puntualmente se publicaban semana a semana en la prensa local. Si alguna vez se desea hacer la historia de la crítica de arte en Monterrey se debe incluir, sin lugar a dudas como figura pionera, a este singular personaje que cada ocho días lo mismo viajaba de Saltillo a Monterrey o a la Ciudad de México, para poder dar cuenta de las principales exposiciones del momento. Mucho tendrían que aprender de él las nuevas generaciones: dedicación, honradez, preparación, humildad, fraternidad, compromiso son su quehacer, etc. Espero que estas líneas les hagan recordar a muchos todo lo que aprendimos por y con Mario Herrera.

         Ahora que recuerdo a Dn. Mario, cómo me gustaría saber qué opinaría de una exhibición como la que se presenta en la planta baja del antiguo Palacio Federal, en la llamada Galería CONARTE, abierta al público desde el pasado día 16. Me refiero a la intitulada PARAC 12, o sea Programa de Alto Rendimiento en Arte Contemporáneo 12.

         Según la cédula de sala este programa, que inició el año pasado y concluye con esta exhibición, consistió en una serie de asesorías y tutorías a un grupo de productores visuales a lo largo de 12 meses. Personalidades y especialistas de la ciudad de México y de aquí mismo, fueron los responsables de guiar a un grupo de 16 productores que fue seleccionado de 60 suspirantes, pero que con el tiempo terminó por contar con sólo 12 miembros, y por alguna razón que no se explica sólo llegaron a exponer los 8 que aquí vemos, es decir, se perdieron en el camino otros 4 o decidieron, como Macarena Iturbide, dedicarse a la teoría.

         Mi primera impresión es de sorpresa pues ¿cómo, si eres productor o aspiras a serlo, requieres de tutorías y/o asesorías para que te digan qué hacer; cómo hacer que tu trabajo parezca “contemporáneo”? Pasado este cuestionamiento y observando lo expuesto, no estoy seguro de cuál puede ser el balance final de la experiencia, si hacer piezas que recuerden lo hecho por Damián Ortega, Abraham Cruz Villegas, Gabriel Orozco, Gabriel Kuri y compañía, se considera exitoso mal andamos; si esto supera lo que antes hacía este mismo grupo, tal vez hayan roto barreras importantes con estas piezas, pero por supuesto no son material de exhibición.

         Este es el principal problema al que nos enfrenta lo que se expone: se trata de trabajos que dan la impresión de ser inmaduros (salvo las fotografías de Daniela Garza, que tampoco son cosa nunca antes vista), faltos de auto-reflexión, formalistas, apresurados. Quizás la mayoría de ellos apunte en la dirección correcta, pero falta trabajo, crítica, disciplina y mucha humildad.

         Por otra parte, tal y como se presenta la exhibición y viendo el nivel de los resultados (estemos o no de acuerdo con lo presentado), el programa mismo y los objetivos que presume son una llamada de atención a la educación artística que hay en la ciudad, pues al parecer ni satisface las expectativas de sus alumnos, ni presenta opciones para quienes sin estar inscritos en el sistema formal, sí están interesados en su preparación teórica o práctica. Ahora sí que como dice el dicho “a falta de pan...buenas son tortillas”, lo que constituye una llamada de atención a la educación formal.

Lo anterior de ninguna manera niega las valiosas aportaciones de la educación no-formal o la auto-formación, pero sí pretende hacer énfasis sobre la necesidad de una mayor coordinación entre uno y otro sistema. Así quizás, entre todos,  pudiéramos, cumplir con las  expectativas de los productores y mejorar los niveles de rendimiento que por ahora exhiben.
 
Publicado originalmente por: Milenio Diario