miércoles, 31 de octubre de 2012

M.A.B. 1

 
Tentaciones en casa de Antonio de 1970 abre la serie que inicio esta semana, sumándome, como ya lo decía ayer, a uno de los  muchos homenajes que mereció, merece y merecerá esta gran fotógrafo mexicano que fue Don Manuel Álvarez Bravo. Como en otras ocasiones, me abstendré de hacer cualquier comentario, ya que soy firme creyente de que una imagen habla más que 100 palabras (o el número que fuere), porque ya está bastante contaminado el espacio virtual con textos, sonidos e imágenes de todo tipo (acertados y fallidos), y porque los trabajos que aquí subiremos, como todos los de Dn. Manuel, no necesitan de ningún aval o explicación para presentarse, hablan por sí mismos.
 
 

martes, 30 de octubre de 2012

Un fotógrafo al acecho



Casi me da pena intitular así estas líneas, si lo he hecho es porque este es el nombre que le han dado a la más reciente exposición homenaje a Don Manuel Álvarez Bravo en el parisino museo del Jeu de Paume, inaugurado con una amplia retrospectiva de 152 fotografías, el pasado 16 de este octubre. En realidad había estado buscando una excusa no tanto para hablar de esta muestra —que no conozco—, sino del trabajo, la obra de Álvarez Bravo y que mejor que en el contexto de uno más de los muchos y más que merecidos homenajes que se le han rendido, le rinden y con toda seguridad le seguirán rindiendo.
 Me parece malo el título porque me genera la imagen de Dn. Manuel como si de un cazador furtivo se tratara, como si en verdad hubiera estado cámara en mano esperando que algo sucediera para accionar su obturador. Lo que sucede es que el titulo resulta muy francés y lo pone en deuda con Henri Cartier-Bresson con quien compartió las salas de nuestro palacio de las Bellas Artes allá por 1932, o las paredes de la Julian Levy Gallery de Manhattan, en trío con Walker Evans, tan sólo tres años después. Creo que si hay una antítesis del mal habido momento decisivo de su colega francés, es precisamente su trabajo. Si aquel recorta y preserva lo accidental, lo fugaz y momentáneo, Álvarez Bravo hace lo contrario, sus imágenes nos trasmiten lo eterno, lo permanente, lo que sigue y seguirá ahí mucho tiempo, aún después que se haya ido la propia fotografía.
   Si deseaba hablar de la obra de Dn. Manuel, no ha sido  tanto para mencionar las imágenes que todos conocemos y celebramos, hemos visto una y otra vez a Los agachados, La hija del danzante, al Sr. de Papantla, el Retrato de lo eterno, a La buena fama durmiendo, sus Venus y retratos de Frida, Diego,  Eisenstein, Tamayo, Breton, sus autorretratos, y tantas  otras, que han sido comentadas y analizadas por especialistas de todas partes, han servido e inspirado a poetas, novelistas, músicos y otros tantos, muchos, fotógrafos. Me gustaría, por tanto, no hablar de eso, sino tratar de contestar qué es lo que hace que el trabajo de este hombre sea tan importante y/o trascendente, que hay en él que le permitió en vida y le sigue permitiendo convertirse en paradigma de la fotografía moderna y contemporánea.
   Líneas atrás ya mencionaba algo respecto a los motivos que aborda y que tienen esa extraña cualidad de reflejar, de mostrar, lo eterno, no importa que se trate de los Salineros o del Can de mar —dónde aparecen acciones que se están dando en el tiempo—, estamos seguros de que ahí permanecen, el perro sigue buscando su diaria ración recorriendo la playa, y que la sal seguirá saliendo del cernido que hagan de ella estos u otros idénticos trabajadores. Pero si ver en lo cotidiano y eventual una muestra de lo permanente, del presente infinito, es importante, creo que en la obra de Álvarez Bravo hay algo más, algo que, precisamente, las convierte sí en todo lo dicho, pero además, y eso es lo que nos ha traído hasta aquí, en fotografías modélicas.
 Veo en estos trabajos, como en muy pocos otros, el exacto balance, la correspondencia necesaria y justa, entre aspectos formales y de contenido, el qué se dice y cómo se dice en un maridaje casi perfecto, de ahí la claridad, la contundencia, lo rotundo de sus imágenes. Pero esta manera de proceder que incluso deriva en los estilos, en Álvarez Bravo no se detiene ahí, pues lejos estamos de poder hablar de la existencia de un estilo, de su estilo, y, sin embargo, sí que lo tiene, sólo que hay que rastrearlo en cada fotografía; en cada imagen que seleccionó e imprimió, volvió a inventar un estilo, su estilo, el de esa imagen y el de ella en el conjunto, y el del conjunto  en una trayectoria tan basta y  rica como la que él tuvo.
   Para salvar la pena que me provoca el título sostenido para estas líneas, permítanme concluir diciendo que es posible pensar en Dn. Manuel Álvarez Bravo como un fotógrafo al acecho del estilo.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario.
(Imagen: El peluquero, 1924. www.manuelalvarezbravo.org)
 

lunes, 29 de octubre de 2012

Mal y a destiempo VI


 
Ulises Bernal. La serenidad de los sentidos. s/f

Al llegar al término de esta serie, creo necesario y oportuno aclarar algunos puntos. En primer lugar, en efecto las piezas que por aquí han desfilado esta semana jamás hubieran sido seleccionadas por mi en otras circunstancias o momento. El título de la serie Mal y a destiempo, lo único que indica es que las entiendo, me las explico, como fuera de lugar. De ninguna manera ha sido mi deseo ofender a nadie y mucho pretender que existan obras y juicios superiores. Al contrario, si han sido recogidas en esta página ha sido por algo, aún así sea su valor modélico o ejemplar para estas ideas, es decir, reconozco que la creación de cualquier imagen cumple con un amplio abanico de funciones y roles, que interactúa con motivos e intereses que incluso pueden escaparse a sus autores, y que por tanto, han de ser, antes que juzgadas rápido y mal y a destiempo, en su justa dimensión.