lunes, 8 de abril de 2013

El gran catálogo


Entre los proyectos emprendidos para clasificar, identificar, localizar o catalogar, independientemente de los que desde el ámbito judicial, forense y antropológico se puedan llevar a cabo, el de August Sander es, a no dudarlo, uno de sus ejemplos más consumados. A fin de no alterar con su visión a quien retrató, les solicitaba hacer un alto en su quehacer, pararse frente a la cámara y dejarse retratar. El resultado siempre es semejante al que aquí vemos, Arista, de entre 1926-1932. Entre la solicitud de pose del propio Sander y la sensualidad natural de la chica, hay algo que al propio fotógrafo-catalogador se le escapa y hace encantadora esta como todas sus imágenes. Posiblemente porque en ellas vemos no lo que tenemos todos los hombres en común, sino lo contrario, lo que nos hace individuales, seres únicos.
 
(Imagen:www.photography-collection.com)

domingo, 7 de abril de 2013

La familia del hombre

 
Ayer hablábamos del sueño a color -Autochrome- del magnate Albert Kahn a fin de descubrir el espíritu original de nuestra especie. 20 años después volvemos a encontrar la misma pretensión a través de la no menos famosa exhibición La familia del hombre, muestra organizada por Edward Steichen entonces jefe del departamento de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). La exposición se abrió en el citado museo en enero de 1955, para después viajar por 7 años a través de 38 países, se calcula que en este tiempo fue vista por más de 9 millones de personas, lo que la convierte si no en la exposición de fotografía más vista de la historia, sí en una de las que más visitas ha recibido. La muestra no estuvo, ni está excenta de criticas serias y profundas, no se puede olvidar que fue organizada y puesta en circulación en plena Guerra Fría, cuando los Estados Unidos intentaban convertirse en los lideres mundiales de la cultura a través de la promoción del Expresionismo Abstracto, así que esta exposición formaría parte de la política del imperialismo cultural que tantos problemas acarreó principalmente en los países no centrales.
 
(Imagen: www.cienojos.org)

sábado, 6 de abril de 2013

Un sueño a color

 
 
No existen mayor misterio que el funcionamiento del cerebro, las motivaciones que empujan a uno hacia un lado y no otro, a llevar a cabo acciones que nadie más haría. Ese es el caso de multimillonario francés Albert Kahn (1860-1940) que enamorado de la magia de la película Autochrome (primer proceso para obtener fotografías a color) e imbuido de un profundo espíritu humanista, muy propio de la época, decidió poner parte de su fortuna al servicio de un proyecto faraónico, fotografiar las gentes y lugares más remotos de los cinco continentes, en el fondo, encontrar y fotografiar eso que a todos nos convierte en humanos y miembros de una misma especie. Aquí vemos una imagen que refleja los últimos vestigios de la Dinastía Quing en el centro de China continental. El proyecto de Kahn, para el cual contrató a más de 100 fotógrafos que recorrieran el mundo, arrancó en 1929 poco antes de la crisis de Wall Street, razón por la que en 1931 ya casi en bancarrota, tuvo que cancelar lo que fue el sueño de su vida. En ese par de años se reunieron más de 72,000 fotografías  que se conservan en el Museo que lleva su nombre.
 
 
 

viernes, 5 de abril de 2013

Pensarlo dos veces

 
Lo que aquí vemos es el resultado de un extraordinario proyecto de Ann-Christine Woehrl, intitulado simplemente Witches in exile. Aquí vemos el retrato de Habiba Abukan de Gambega, Ghana, en el 2009. No es difícil pensar en los objetivos de la fotógrafa y cómo es que estas mujeres que tienen un rol perfectamente definido en sus comunidades y que de eso viven, sufren el desarraigo al verse obligadas a abandonar sus aldeas y con ello las relaciones que mantienen con todos sus miembros. Es una verdadera pena lo que sucede en toda África y lo peor de todo es que sólo reparamos en ello cuando nos tenemos que enfrentar a imágenes como esta... como suele suceder.
 

jueves, 4 de abril de 2013

Cómo hemos crecido

 
 
No sé de otro proyecto que haya durado tanto tiempo, que siempre haya contado con la complicidad de los sujetos retratos, y que resulte tan encantador cada vez que se expone de nuevo. Como ya sabrán me refiero al extraordinario trabajo de Nicholas Nixon, Las hermanas Brown, aquí en la versión del 2011. Varios aspectos resultan interesantes y el paso del tiempo quizás sea el menor de ellos. Antes que el transitar de una edad a otra, está la fotografía misma y los cambios que ha sufrido, el retrato que se convierte en otra cosa cuando fotografía a estas 4 mujeres que cuando hizo lo mismo en 1975 al inicio del proyecto. Quizás eso sea lo asombroso, la visión que tuvo Nixon de haber dado con un filón casi inagotable y que si sabia cuidarlo, cultivarlo, le daría para muchos, muchos años. Aun sin quererlo hoy día las hermanas Brown son parte de la historia de la fotografía, como la fotografía es parte de su propia historia.
 
 

miércoles, 3 de abril de 2013

35 años y como si nada

 

Cualquiera pudo advertírmelo, no obstante fue más mi interés por ver fotografías, sobre todo si se trata de autores locales, lo que me llevó al Planetario Alfa, en donde se exhibe la muestra Radiografía: Un ícono a través de la lente, evento con que la institución festeja haber llegado a sus 35 años. En sí, las 40 fotografías que componen la muestra, difícilmente despertaron mi entusiasmo, en cambio lo que sí fue todo un viaje fue el regreso al Planetario.

         Tenía varios años sin visitar este que fue el primer museo privado dedicado a la ciencia y la tecnología, además de ser el primero en la ciudad con las espectaculares proyecciones IMAX. Desde sus inicios el Planetario, sin menoscabo de su misión, dio albergue a diversas manifestaciones de artes visuales, literatura y música, ¿quién no recuerda las presentaciones de Carlos Prieto, las Compresencias, la exposición de los antiguos mexicanos con museografía de Javier Meléndez? Así que visitar esta exposición me pareció un buen motivo para regresar al Planetario Alfa, tal y como tantas veces lo hice para ver otras exhibiciones.

         35 años puede parecer que no son muchos para una institución, pero si tomamos en cuenta de qué tipo de institución estamos hablando y la serie de avatares por  los que ha pasado la empresa que la  sostiene, entonces 35 años la  convierten en un sobreviviente, que  a pesar de todo, continúa con sus  labores como si se tratara de un  espacio recién inaugurado.

         La verdad es que desde la entrada el Planetario sigue siendo espectacular, sus enormes peceras, lejos de mostrar deterioro alguno siguen cautivando a chicos y grandes, los murales de Felguérez se ven mejor que nunca, sus salas de exposición, aunque incómodas, funcionan como si fuera el Guggeheim de Nueva York, la sala en donde se proyectan las películas está en perfectas condiciones, y más allá, el Universo de Tamayo luce como siempre, único e impresionante, por no hablar del cuidado y atención que se presta a los jardines y fuentes, así como al aviario que sigue siendo una curiosidad en medio de la ciudad.

         Sin embargo, lo más extraordinario del Planetario es la cantidad de gente que congrega. Parece mentira pero sigue llegando gente por todos los medios para conocer, interactuar, divertirse, e incluso para aprender. El día que estuve ahí parecía como si fuera el de la inauguración, las mismas expectativas, el mismo goce, la misma satisfacción, las mismas familias. Sin lugar a dudas estas son las inversiones que vale la pena hacer, por las que se debe pelear, las que hay que alentar, son lugares como este los que pueden poner un coto a la violencia, hablar de las funciones sociales de la educación, restituir el tejido social al acercar a las familias, al darles un hacer en el que todos aprenden.

         Respecto a la exposición de fotografía me gustaría decir algo más pero no encuentro qué. Son 10 fotógrafos los que participan en ella y al principio pensé que era todos mexicanos, pero creo que incluyeron a un par de norteamericanos porque los títulos de sus fotografías o descripciones están en inglés. Para haber tenido todas las facilidades de fotografiar donde les pareciera y lo que quisieran, las imágenes mostradas son limitadas, repetitivas y con poca imaginación. Y es que fotografiar no es sólo apretar un obturador o tener en las manos una súper cámara, para fotografiar se necesita algo más que no puedo explicar en este momento por tiempo y espacio.

         Hace unos meses falleció Dña. Carolina Sada de Viesca, fue directora del Planetario, a ella, como a tantos otros, desde Guillermo Schidhuber, hasta la actual directora que lo ha hecho y muy bien, les debemos el que siga abierta esta institución. En ella, también, se prepararon muchos de nuestros actuales directores y productores, Eliseo Garza, Carlos Velázquez, Mario Martínez, Roberto Ortiz Giacomán. Me parece que todos ellos estaría más que recompensados y más que satisfechos, si vieran que su trabajo sigue vivo, tal y como lo confirman los cientos de personas que entran al lugar cada fin de semana.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

 


lunes, 1 de abril de 2013

Turisteando VI

 
No importa cuál sea la razón o para qué se hace, cada quien sabe sus motivos, lo cierto es que no hay nada como las vacaciones y el poder tomarse unos días para no hacer nada más que descansar y pasarla bien con los amigos, y si de eso la fotografía puede ser testigo qué mejor, pues así quienes no lo hayan hecho podrán ver de lo que se perdieron. Aquí una imagen de Ricardo Martín de 1930 tomada en las playas de la Concha en San Sebastián, mejor, como se ve, no se podría pasar el tiempo.