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martes, 18 de marzo de 2014

Fotos de mujeres II



Xavier Moyssén L.


A la memoria de Sergio de Osio S.

La muerte es una vida vivida.
La vida es una muerte que viene.

 Jorge Luis Borges.


         La pregunta es ¿cómo plantear un comentario con sentido, que tenga alguna utilidad, ante una exposición como Mujeres detrás de la lente? Se recordará que esta muestra fue abierta en la Fototeca del Centro de las Artes en el Parque Fundidora, el pasado día 8 de marzo y que presenta un extenso panorama de la producción fotográfica en México de 1910 al 2010 realizada por mujeres. La muestra en sí es extraordinaria pues reúne el trabajo de más de 100 de ellas, y ese es, precisamente, el problema al que aludo al principio.
Adela Goldbard
         Me gustaría apuntar, por ejemplo, el muy digno papel que juegan las fotógrafas de Monterrey,  en especial el trabajo de Ruth Rodríguez que sale beneficiado por el sitio en que fue dispuesto. O bien de la satisfacción que da el volverse a topar con la pieza de Adela Golbard que ganó un primer lugar en la antepenúltima bienal FEMSA si no me equivoco. O de lo mucho que me gustan los trabajos de Adriana Calatayud y de Tatiana Parcero. Y  así podría seguir citando  los nombres  de las fotógrafas que de  siempre me han llamado la  atención, Lourdes Almeida y Grobet, Maya Goded, y ni qué decir de las glorias nacionales, Graciela Iturbe, Mariana Yampolski y en particular con la que me quedó Flor Garduño.

         Y si se trata de citar autoras históricas habría que empezar con la Baquedano, los retratos de María Santibáñez, o las modernistas composiciones de Aurora Eugenia Latapí. Pero igualmente importante es encontrarse con las fotografías de Gertrude Duby Bloom, Ruth Lechuga, Bernice Kolko o Frida Hartz que recogen el rostro, las costumbres, los lugares del México profundo, del México indígena; y la lista y recuento se pueden volver interminables pues cada fotógrafa tiene algo importante que mostrar, lo mismo si se trata de Sara Castrejón, una de las primeras que se presentan, que de Eugenia Vargas o Patricia Martín, de las generaciones más jóvenes.

         Aun siendo histórica la exposición, no se empeña en parecerlo o insistir en este carácter, más bien ha sido armada a partir de ejes temáticos, “La persistencia de la mirada”, “Una nueva concepción de la imagen”, “Otras miradas”, etc., y a través de ellos, Emma Cecilia García Krinsky, curadora de la muestra, va haciendo aparecer a las fotógrafas independientemente de su cronología, exactamente como también aparecen dispuestas en el libro que acompaña la exhibición.

         Esta forma de proceder me parece importante porque flexibiliza el esquema histórico, pues no se trata tanto de hacer la historia de los sucedido en esos 100 años que se cubren (aunque sí se pueda hacer), como de presentar a quienes han sido sus principales y más destacadas representantes, lo que desde un punto de vista resulta más atractivo para el público general no especializado.
Ángeles Castrejón
         Aunque resulte imposible decirlo o sea un sinsentido, de la enorme cantidad de imágenes que se presentan, yo me quedo con una sola de ellas, la de Ángeles Torrejón, Sin Título, de 1994.  Cuatro mujeres indígenas atienden lo que parece ser un mitin o reunión, tres de ellas no esconden sus reacciones ante lo que deben estar viendo y escuchando, más la del centro, que incluso es la más atractiva, le dirige una mirada a la fotógrafa con la que dice todo: no es odio, es profundo desprecio, seriedad absoluta, rabia contenida, no he visto ni conozco otra imagen que exprese mejor la situación de estos grupos en el país.

         Si algo de esta muestra habría que criticar en sentido negativo, quizás lo sea su museografía. Siendo tanto el  material mostrado se antojaba verlo con más aire por donde se pudiera circular con mayor libertad. El recorrido, tal y como está montada la exhibición, es confuso y poco atractivo, laberíntico yo diría. Fuera de esto, insisto en que la muestra es de lo mejor que hemos visto en  los últimos meses. Visitarla es un buen momento para acercarse y comprender al trabajo que han realizado, por lo menos a lo largo de 100 años, nuestras fotógrafas, una manera, igualmente interesante, de conocer la historia de este medio en México.

         Me gustaría insistir, ya para acabar, en que si son muchas las mujeres aquí presentadas, es porque el oficio de la fotografía, debió pensarse y se piensa como adecuado para las mujeres. Que nadie piense, entonces, que la tarea de conocer y reconocer a todas está conclusa, antes al contrario, apenas inicia.


Publicado originalmente por Milenio Diario.
Imágenes: Mujeres detrás de la cámara.




jueves, 23 de mayo de 2013

De Leibovitz



Tal y como se anunció aquí mismo, el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de este año falló en favor de la fotógrafa Annie Leivovitz. Sin duda se trata de una productora de talento y con recursos que parecen no tener fin, pero me alegra que el Príncipe de Asturias se otorgue más como un reconocimiento a una trayectoria que a obras en particular, porque en ese sentido no estaría tan seguro de que Leivovitz mereciera este reconocimiento. Creo que como fotógrafa tiene una capacidad y un ojo que sin duda destacan  de entre muchos de sus colegas, pero también de que es demasiado complaciente con su trabajo, por no decir que raya en lo cursi sin proponerselo (tipo David LaChapelle). Difícilmente encontraremos a quien no guste de los retratos y recreaciones que ha hecho Leivovitz a lo largo de su carrera, y si obtiene tal aceptación es precisamente no porque aporte algo con sus imágenes sino porque refuerza el estereotipo que la mayoría de nosotros tenemos sobre algunos de esos temas, por ejemplo la Blanca Nieves que aquí presentamos. Entre esa imagen y el retrato de la reina Isabel del 2007, prefiero el segundo sin duda, aunque quizás la verdadera Leivovitz fue aquella alocada chica que como buena groupie se incorporó a los fotógrafos de la legendaria revista Rolling Stone, logrando los mejores y más crudos retratos de los principales miembros de ese ambiente. Ser el fotógrafo(a) que más cobra en el mundo no la convierte, en auntomático, en la mejor.

(Imágenes: De SnowWhite: http://leperepelletier.blogspot.com;
de la reina Isabel: www.nytimes.com)

jueves, 9 de mayo de 2013

Mayo conmemorativo 2

El 3 de mayo, entre otras celebraciones, está destinado a la conmemoración de la libertad de expresión, que como bien sabemos es un derecho y una garantía que no siempre se respeta o mejor dicho que en muchas ocasiones se busca cuando no reprimir, sí sancionar de diversas maneras. Y aunque esta pareciera ser una situación privilegiada de los llamados países periféricos, habría que recordar que hace apenas un siglo, esta lucha se daba y se sigue dando en los países imperiales, como lo vemos por ejemplo en esta fotografía de 1903 en donde se protesta contra el gobiernos inglés a pesar de las prohibiciones que existían para llevarlas a cabo.

viernes, 5 de abril de 2013

Pensarlo dos veces

 
Lo que aquí vemos es el resultado de un extraordinario proyecto de Ann-Christine Woehrl, intitulado simplemente Witches in exile. Aquí vemos el retrato de Habiba Abukan de Gambega, Ghana, en el 2009. No es difícil pensar en los objetivos de la fotógrafa y cómo es que estas mujeres que tienen un rol perfectamente definido en sus comunidades y que de eso viven, sufren el desarraigo al verse obligadas a abandonar sus aldeas y con ello las relaciones que mantienen con todos sus miembros. Es una verdadera pena lo que sucede en toda África y lo peor de todo es que sólo reparamos en ello cuando nos tenemos que enfrentar a imágenes como esta... como suele suceder.
 

jueves, 4 de abril de 2013

Cómo hemos crecido

 
 
No sé de otro proyecto que haya durado tanto tiempo, que siempre haya contado con la complicidad de los sujetos retratos, y que resulte tan encantador cada vez que se expone de nuevo. Como ya sabrán me refiero al extraordinario trabajo de Nicholas Nixon, Las hermanas Brown, aquí en la versión del 2011. Varios aspectos resultan interesantes y el paso del tiempo quizás sea el menor de ellos. Antes que el transitar de una edad a otra, está la fotografía misma y los cambios que ha sufrido, el retrato que se convierte en otra cosa cuando fotografía a estas 4 mujeres que cuando hizo lo mismo en 1975 al inicio del proyecto. Quizás eso sea lo asombroso, la visión que tuvo Nixon de haber dado con un filón casi inagotable y que si sabia cuidarlo, cultivarlo, le daría para muchos, muchos años. Aun sin quererlo hoy día las hermanas Brown son parte de la historia de la fotografía, como la fotografía es parte de su propia historia.
 
 

martes, 26 de marzo de 2013

Fotografiar y viajar

Transeúntes (Madrid). s/f
 

Hasta ahora no había tenido oportunidad de visitar la exposición de Ruth Rodríguez inaugurada el pasado día 14 en la galería de la  Alianza Francesa local Valle. Pasajera en tránsito es el título de la muestra compuesta por 24 fotografías en blanco negro, que Rodriguez ha venido tomando en diferentes ciudades del mundo, Madrid, Lisboa, Medellín, Buenos Aires, Nueva York, La Habana, y por supuesto en la nuestra, en  Monterrey.

         Después de ver con detenimiento estos trabajos me surgen dos temas de reflexión en torno a la fotografía. Una de las preguntas que con mayor frecuencia se hace el público se refiere a qué es lo que hace que una fotografía (o una película, o una instalación, un grabado, etc.) sea mejor que otra o simplemente buena. Trasladada a la exposición de Rodríguez quedaría más o menos así: ¿qué hace que sus fotografías sean buenas? Más todavía ¿qué hace que unas de sus fotografías sean mejores que otras? Suponiendo que no todo lo expuesto sea bueno, o mejor dicho, que hay calidad diversa entre sus imágenes por lo que, entre ellas, podemos reconocer o juzgar unas como buenas y otras como, digamos, no tan buenas, ¿a qué se puede atribuir esta diferencia?

         Es obvio que hay muchas respuestas, desde las que nos dicen que no todo lo que haces tiene siempre la misma calidad final, hasta las que hablarían de las fuerzas del inconsciente o qué se yo. Prefiero pensar que es cuestión de cómo te sientes con respecto a lo que estás fotografiando y en dónde lo estás haciendo, y en ese sentido me parece claro que hay lugares y temas con los que Rodríguez se siente más cómoda que con otros. Esta simpatía con lo que se hace y en donde se hace sería la responsable, desde mi punto de vista, de la distribución entre buenas y malas imágenes. Diferencia que se percibe en pequeños detalles, por ejemplo un fuera de foco que invade toda la imagen, un exceso en el movimiento de la cámara o de lo retratado, una escena anodina; mientras que en el otro extremo encuentras claridad y nitidez en todos los detalles, encuadres precisos o que van con lo retratado, personajes, espacios, significativos, etc., la frecuencia o persistencia de estos detalles en un grupo de imágenes es lo que te lleva a una u otra apreciación.

         Aunque existe una muy nutrida historia del turismo que se remonta en el pasado mucho más allá de lo que solemos creer, la posibilidad de viajar, por razones recreativas o de trabajo, es un fenómeno moderno. Hace 100 años era frecuente que una persona naciera, creciera y muriera sin haber conocido ninguna otra población que no fuera la propia. Viajar pues, se ha convertido lo mismo en una necesidad que una forma de recreo. Y parte de este recreo consiste en poder compartir la experiencia con los demás y qué mejor manera de hacerlo que a través de la fotografía. Hoy día no hay quien viaje y no se haga acompañar de una cámara fotográfica y ponga en circulación las imágenes que obtiene.

         Si tuviéramos acceso a los millones de fotografías que circulan nos sorprenderíamos al reconocer que la mayoría de ellas tienen que ver, precisamente, con los viajes de recreo y que entre estos se repiten insistentemente los mismos temas ¿cuántas torres Eiffel no habrá?, ¿cuántas escenas de playa con niños o sin ellos, con atardeceres, tormentas, y peces, etc.?, ¿cuántas callecitas “típicas”; cuántos pueblitos, cuántos panoramas? Y es que a pesar de lo que dice Susan Sontag que la fotografía nos permitió convertir al mundo en nuestro álbum personal, la verdad es que se trata de un álbum muy aburrido y repetitivo.

         Este es el riesgo de la fotografía documental y de la fotografía en general, el de Ruth Rodríguez con esta muestra ¿qué tienes que hacer para que tu trabajo sea diferente, para que ya que viajaste tan lejos tus fotografías valgan la pena? Es aquí donde estas preguntas se tocan con las que planteamos al principio, ¿qué hace que una fotografía sea mejor que otra?
 
Publicado originalmente por Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress. com

 


viernes, 22 de marzo de 2013

Retratada(o) III

Siento mucho no poder ofrecer la fecha ni el nombre del fotógrafo autor de este retrato de la muy famosa Nahui Ollin, conocida también por su nombre cristiano como María del Carmen Mondragón (1893-1978), una mujer de la que puede decirse casi cualquier cosa menos que haya pasado desapercibida. Todo lo mala pintora y poeta que fue se ve disminuido por su belleza, o si se prefiere, por eso que los retratistas llaman fotogenia. Lo interesante de este retrato, lo mismo que los muchos otros que le tomaron y le toman a tantísima gente, es cómo hemos aprendido a actuar frente a la cámara. En esta imagen, los brazos, las manos, la semidesnudez, el peinado, la iluminación, están dispuestos, ordenados de acuerdo a otra u otras imágenes que en ese momento, principios del siglo XX, eran el modelo de lo moderno, lo actual, lo de moda. Todo en ella, en la imagen, apunta al Art-Noveau y eso, adaptarse a una corriente para ser fotografiada(o), se convierte también en la adaptación al acto de ser fotografiado(a). Hoy día, a menos que se quisiera recordar aquellos momentos, nadie se pararía de esta manera frente a una cámara; exactamente lo mismo que sucederá dentro de 30 o 40 años cuando se vean nuestros retratos. En síntesis, nuestra conducta, como nuestros retratos y la fotografía en general, no escapan a su condición histórica.
 


lunes, 18 de marzo de 2013

Los retratos que veo

  

Comienzo diciendo que, al momento, el trabajo fotográfico de Ivonne Venegas me parece curioso, lo que quiere decir que no tengo un postura definitiva ante él, no sé, ni puedo decir, si es bueno o malo por lo que espero estas líneas me (nos) ayuden a aclarar o definir un juicio sobre su quehacer (es obvio que entre lo visto en esta exhibición y otras oportunidades hay piezas que me gustan más que otras, así como algunas que me parecen terriblemente malas. El balance entre unas y otras, la suma de lo que le conozco, debería, idealmente, definir o dar por resultado una sola apreciación, cosa que aún no consigo. Otro aspecto a considerar: con la intervención de los curadores, es difícil saber de quién es el gusto, las preferencias, la selección que ves, pues quizás lejos está de ser lo que el autor hubiera presentado bajo otras circunstancias. Así, al decir que el trabajo de la Venegas es bueno o malo, posiblemente lo que esté diciendo es que sus curadores, con la muestra que presentan, son los buenos o malos).

         Nunca será más joven que este día, es el título bajo el cual a partir del 7 del presente, Ivonne Venegas exhibe seis de sus proyectos fotográficos en la Fototeca de Nuevo  León: Las   novias más hermosas de Baja   California, Retratos desde Tijuana,   El tiempo que pasamos juntas,   Inédito, Ma. Elvia de Hank, y  Gestus,  entre todos cubren un panorama de trabajo de más menos 15 años.        

Todos los interesados o no en el retrato, pero sí en la fotografía hemos leído a Pierre Bourdieu, por  lo que me saltaré la teoría  sociológica del acuerdo entre quien  fotografía y el fotografiado así como  los rituales de identidad y  pertenencia a los que nos  sometemos unos y otros por medio  de la fotografía. Sólo anoto una  anécdota. Antes de entrar a la  Fototeca, en los jardines  del Parque  Fundidora, veo que  están  fotografiando a unos novios  ante el  regocijo de amistades y familiares,  lo mismo con que me toparé en el  trabajo de Venegas. Luego entonces  sí que hay códigos a través de los cuales nos adscribimos a una u otra clase  social y para hacerlo la fotografía  presta un servicio insuperable; pero también significa que ésta, la fotografía, ha  logrado transformar a tal grado nuestra conducta individual y social, que lo que antes era atípico hoy día es común, lo que resta fuerza a algunos de  los proyectos de Venegas, pues descubren lo que ya todos conocemos.

         Quizás uno de los aspectos más interesante de su trabajo esté contenido en una observación de Alfonso Morales al decir que ha  encontrado su singularidad en los  tiempos muertos, en las miradas  oblicuas, en el lapso y las  actividades que se dan entre toma y toma. Como ese tiempo ya no es el tiempo de la pose, del modelado, entonces la imagen aparece como descuidada, o mejor dicho, como espontánea, no está centrada, no es la mejor composición, no es la más evidente, y sin embargo hay algo en ella que deja entrever lo que no se muestra ni en ellas ni en las fotos “oficiales”, lo que ni el retratado ni el fotógrafo sabe qué aparecerá al final. Estas imágenes están llenas de tensión, de nervio, son como evasivas, al vuelo, casi temerosas de haber sido tomadas.    

Me parece que Ivonne Venegas reconoce esta lección y por ello pone en marcha el último de sus proyectos, Gestus. Por lo mostrado y el procedimiento que explica para la obtención de estos retratos, la idea es producirlos bajo esos puntos de fuga —como los llama Morales— a fin de hacer uso de esa fricción que surge entre lo espontáneo, lo natural y lo posado, lo actuado.

         Por lo general, al hablar del retrato se dice que la práctica entera pude resumirse en un intento por hacer de la realidad una ficción, la que se sueña vivir. A mí me parece que es al revés, no sólo el retrato sino la fotografía construida en general es un intento por volver una ficción realidad, la realidad que podemos observar única y exclusivamente en el retrato tomado, montado y mostrado en la  sala de la casa o en un apartado de  la cartera.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario
 


sábado, 23 de febrero de 2013

Otra (4)

 
New Palimpsets, es el nombre del
proyecto al que pertenece esta imagen de Valérie Belin, Bob#3, del 2012.
Con estas fotografías se suma a la, me parece ya muy larga, tradición de fotografiar el reflejo de los aparadores. Todo productor que se respeta decide abordar este tema y ofrecer su propia interpretación, y a pesar, como decimos, de ser tan larga esta práctica, lo más sorprendente es que siempre son diferentes; no es, ni podría ser lo mismo esta imagen de Belin que los aparadores de Álvarez Bravo ni los de éste con los de Atget. Situaciones como esta son las que nos permiten ver el álbum creado por la fotografía como algo que debe su infinitud a la mutiplicidad de visiones que puede ofrecer aunque se tratara de un sólo y único tema. El problema y la verdadera creación está en dar con el proyecto, es decir, tener la idea y saber cómo desarrollarla. Los efectos, las sorpresas, los disgustos, van de parte del público, no hay porque preocuparse por cómo elicitarlos... llegan solos .

jueves, 21 de febrero de 2013

Otra de las otras (2)

 
 
Un buen ejemplo de lo que es tener un proyecto para trabajar en fotografía (aunque igual daría si se empleara cualquier otro medio, lo importante es la idea y su desarrollo), se trata de las casas de Edward Hopper, más bien, de dar con la arquitectura que Hopper inmortalizó en sus lienzos. Gail Albert Halaban se ha dado a la tarea de encontrar no el símil sino el modelo real y fotografiarlo, por ejemplo la Hodgkin's House, 2010 que aquí vemos. Tres imágenes se yuxtaponen, la pintura de Hopper, la casa que tomó de modelo y la fotografiada por Halaban, de entre las tres, surge nuestra imagen de la arquitectura de la costa noreste de los Estados Unidos. Proyectos así, sin lugar a dudas, valen la pena y nos enseñan más de lo que creemos a primera vista.
 
(Imagen: www.houkgallery.com)

miércoles, 20 de febrero de 2013

Una de las otras (1)

 
Imogene Cunningham. Three dancers, Mills College. 1929
 
Entre las muchas aportaciones que ha hecho la fotografía a nuestro conocimiento del mundo, su expansión ha sido una de las principales. Es decir, ha expandido lo que conocemos no sólo en su parte temática (lo cual sin duda es mucho) sino también en las maneras en que las podemos mirar, en las múltiples y ricas facetas que cada tema tiene por ofrecer. Y a pesar de que la Sontag nos ha advertido que por la fotografía el mundo se convirtió en un álbum, la verdad es que éste ha resultado ser interminable. Festejemos pues la variedad y la multiplicidad, la diferencia y no veamos al mundo a través del color de un sólo cristal, que aún hay mucho más por mirar.
 
(Imagen: www.vkb.de)

sábado, 29 de diciembre de 2012

De aquí al final (4)

 
En el post de ayer mencionaba que entre las fotografías de las que aún se puede aprender, y mucho, según mi experiencia, se encuentra la japonesa pero también la nórdica. Aquí presento una fotografía de la serie Water de la fotógrafa islandesa Rebekka Guoleifsdóttir, una mujer de múltiples talentos entre los que se incluye el diseño de los típicos sweteres nórdicos que además ella misma se encarga de comerciar. Hay, en todos sus trabajos, una sutil referencia a cómo hombre y naturaleza se pueden complementar, y cómo aceptándose se puede sobrevivir aún en las condiciones más extremas. Tolerancia, respeto, complemento, conceptos que quizás la fotografía nos pueda enseñar a través de trabajos como los de esta artista y que deberíamos poner en práctica este año que ya casi empieza.
 

martes, 2 de octubre de 2012

Fotografía Parisina

 

Hay que traer a la memoria que fue el Mayo Francés el momento en el que culminó el siglo XX e inició la preparación para el arribo de éste. Como la Revolución Francesa, lo sucedido en ese mes es el antecedente de muchos otros movimientos de protesta a lo largo del mundo, incluido, por supuesto nuestro 2 de octubre, que no se olvida.

     Relacionada con esta memoria, se encuentra, sin duda, Yolanda Andrade (1950), fotógrafa mexicana que recientemente recibió la Medalla al Mérito Fotográfico que otorga el INAH y que le fue conferida en el mismo evento en que se reconoció, de la misma manera, a nuestra Fototeca. Andrade presenta una parte de su serie intitulada Una mexicana en París, en la sala de exposiciones de la Alianza Francesa de San Pedro.

     1968 No es lo único que nos une con la capital gala, de hecho, mucho antes que el mundo se norteamericanizara, Francia, hay que recordarlo, era el núcleo cultural del que dimanaban las principales corrientes del mundo intelectual; allá se formaron nuestros mejores hombres, de allá tomamos las conductas y gustos de una burguesía  ilustrada; hablar francés era símbolo de distinción, y el  viaje a Francia era imprescindible en la formación de mujeres y hombres.

     No hay quien haya viajado a la ciudad luz y no haya sentido el impulso de tomar fotografías; me atrevería a decir que París es la ciudad fotogénica por excelencia en un doble sentido, en el más obvio, porque muchos de sus monumentos se han convertido en íconos del turismo mundial, viajar hasta allá y no fotografiar(te) la Torre Eiffel, es equivalente a no haber estado ahí en realidad. Y, dos, la ciudad en sí, sus calles, parques, comercios, arquitectura, cafés, mercados, habitantes y visitantes, etc., es digna no de una, sino de muchas fotografías.

     No sabría cuál de las más de veinte que presenta Andrade en esta muestra me gusta más, obviamente están las impresas en Blanco y Negro, pero también me dejo seducir por trabajos a color como Dibujos sobre cristal; otras me cierran el ojo como Ex Sho o El jardín de Manet, en fin, Distrito XI, Los Navegantes o A orillas del Sena, no sólo son buenas fotografías sino que dejan ver la perfecta combinación entre el deambular de la fotógrafa y su programa de trabajo, que tal y como ella misma lo dice es un tanto azaroso, permitiendo que la calle la lleve, deteniéndose ante lo que llama su atención, siguiendo a la gente, se trata de un programa no común que revela otra ciudad, la que registra la cámara de Andrade.

     He dicho que la mayoría de los que han pasado por esta ciudad no se resisten a la tentación de hacer fotografías, y algunos, los más conocedores del medio y/o los más conocedores de la ciudad, buscarán hacer otro tipo de tomas, incluso de los mismos motivos que aquí muestra Yolanda Andrade, así pues, una pregunta válida sería ¿qué diferencia mis fotografías de viaje de las de ella?

     No hay respuesta sencilla ni rápida a esta cuestión. Independientemente del oficio, la trayectoria, el ojo mismo entrenado para y por la fotografía, desde mi punto de vista contestaría que, entre muchos otros, hay tres aspectos que permiten tal diferenciación, sin por ello negar que cualquier fotografía de viaje pueda convertirse en algo más. Primero, Andrade está consciente de que hay que evitar todo motivo que sirva para “romantizar” la ciudad. Dos, la ciudad, por decirlo de alguna manera, no le interesa, está más bien atenta a lo que sucede en la ciudad, por eso fotografía los bares, mercados, metro, salas de exposición, calles, porque ahí sucede algo. Y, tres, sus fotografías no han sido producidas para mostrarnos que ahí estuvo, sino que forman parte de intereses más amplios que se conectan con otros proyectos y su propia trayectoria.

     No obstante, el principal mérito de Una mexicana en París, es el permitirnos ver a través de su cámara una de las mil caras que hacen de París la ciudad más hermosa del mundo.

Publicado originalmente por Milenio Diario

viernes, 28 de septiembre de 2012

Photo-Paisaje III

 
 
Hemos escuchado decir que la realidad supera a la fantasía miles de veces, y siempre es sorprendentemente cierto. Contemplemos esta imagen de la alemana Eva Bertram (n. 1964) de la larga serie Afar iniciada en el 2006 y concluida apenas éste. ¿Será verdad que lo que vemos son una serie de construcciones que han sido puestas al descubierto después de una famosa tormenta del desierto?, ¿Será algún proyecto inmobiliario, casas para las personas de bajos recursos y que forman los cinturones de miseria de toda gran ciudad? ¿o es un truco de la fotógrafa para hacer volar nuestra imaginación? Como puede verse la mayoría de las veces no se requiere de manipular la imagen para obtener una visión fantástica del paisaje o cualquier otra cosa, la realidad misma se encarga de hacerlo.
 
(Imagen: www.zone-b.info)

lunes, 16 de julio de 2012

Elle (6)


Como todo, con esta entrega llegamos al fin de esta serie, una de las más disfrutables que hemos emprendido. Cerramos con esta imagen de Dame Elizabeth Taylor (1932-2011) tomada en Malibu, Calif., en 1991 por el norteamericano Herb Ritts (1952-2002) famoso fotógrafo de modas que trató de imponer un estilo, digamos neo-clásico, en sus retratos, de ahí su preferencia por el desnudo. Por esta razón no deja de llamar la atención este interesante retrato de quien fuera nombrada la 7ma. mejor estrella del cine norteamericano en los primeros 100 años de esta industria. El título de Dame, que es similar al de Sir en los varones, se debe a que fue condecorada por la reina Isabel, razón por la que en su natal Inglaterra recibía este trato. La imagen se centra en los ojos de la Taylor que según dicen pocas veces se han visto de ese color violeta, y en su gusto desmedido por las joyas, lo que se refleja en el anillo que porta. Un retrato poco usual en la trayectoria de Ritts, pero también entre los miles de retratos de se tomaron de la actriz, una buena combinación para cerrar la tercera parte de este ciclo dedicado a la imagen de la mujer.

domingo, 15 de julio de 2012

Elle (5)


Una de las figuras más exitosas pero también más controvertidas en la escena fotográfica de los Estados Unidos lo es Nan Goldin (1953- ), quien destacó por su trabajo auto-documemtal del medio contracultural de los años setenta y ochenta. Aqui la vemos en un retrato de 1992 de la también fotógrafa, la alemana Birgit Kleber (1956- ) quien ha destacado por su trabajo en el retrato. La imagen de Goldin, entre seductora y aterradora es una buena muestra tanto del trabajo de Kebler que resulta nada complaciente como de la visión cruzada de dos fotógrafas casi contemporánes y casi con idénticos propósitos. En el fondo ambas productoras buscan,a través de su obra, dar con algo tan esquivo como podría ser la identidad de personas y ambientes.

sábado, 14 de julio de 2012

Elle (4)

La aparición de la película Polaroid en 1947 llamó la atención del mundo por lograr la instataneidad de la imagen, algo que hasta ese momento no se había visto. Muy pronto a esta ventaja y la gran versatilidad que demostraba tener este material se le sumo su muy particular estética, a una fidelidad asombrosa le sigue, entre otras, un color que se acentúa y matiza según las condiciones de la toma o la caducidad de la propia película. Muy pronto estas características fueron descubiertas por algunos productores que supieron sacarles el mejor provecho para hacer su propia obra. Entre otros, David Hockney, Adolfo Patiño y Andy Warhol, de quien vemos aquí un retrato de 1977 de la actriz y cantante Liza Minnelli, en un momento en que ambos se encontraban en la cresta de la ola de la fama y el glamour. Ahora, el gran reto de la Polaroid -además de salir de la quiebra que los obligó a cerrar- y las imágenes que se valieron de ella, es, como en el caso de las estrellas que fotografío Warhol, lograr su permanencia, el no desvanecerse en la memoria de los demás.

viernes, 13 de julio de 2012

Elle (3)


Entre los objetos del arte moderno más conocidos se encuentra, sin duda, el juego de café, taza, plato y cucharita, cubiertos con piel animal, de hecho su título así lo denuncia Desayuno en piel (1936), su autor o mejor dicho su autora  fue Meret Oppenheim (1913-1985). Menos conocida que su obra, Oppenheim fue una genial fotógrafa y productora suiza afiliada primeramente al surrealismo y después al arte conceptual. Aquí la vemos en un retrato de 1982 tomado por otro gran fotógrafo, el aleman Stefan Moses (1928- ), el patriarca indiscutible de la fotografia en Alemania. Hay ocasiones en que conocer a los productores te acerca a la comprensión de su obra, de su entorno y de su momento.