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martes, 9 de septiembre de 2014

Fascinante

Conforme nos alejamos del siglo XX surgen nuevos estudios e interpretaciones que nos permiten ver, bajo otra luz, hechos, procesos y hasta personajes que anteriormente tenían otras consideraciones. Tal es el caso, me parece, del período entre guerras (1920-1940), que en mucho puede ser el responsable no sólo de definir lo que sería la Modernidad en ese siglo, sino también y como consecuencia, de fincar lo que es el mundo de hoy tal y como lo conocemos.
Si a nivel mundial difícilmente se le podría escamotear importancia a estos 20 años, en México sucede igual. Estos años en los que alrededor del mundo no hay distinción entre vida política, vida pública y vida cultural, en nuestro país toman vida a través del período postrevolucionario que concluirá al cambiar la apuesta a favor de un país industrializado y un gobierno asociado a los empresarios. Culturalmente son los años de ascenso del nacionalismo en todas las manifestaciones artísticas, literatura, artes visuales, música, arquitectura, gracias a una política estatal que al tiempo que se favorece con la obra de los productores los alcanza a beneficiar con múltiples encargos. El modelo es tan exitoso que rápidamente llama la atención a nivel mundial, acercando a muchos para conocerlo en detalle y empaparse de su espíritu.
Toda esta introducción puede servir como telón de fondo a la exposición Fascinación que se presenta en el MARCO. Inaugurada el pasado día 22 de agosto, está formada por unas 70 imágenes fotográficas de Edward Weston (1886-1958) y Tina Modotti (1896-1942), seleccionadas de entre las más de mil que produjeron mientras se encontraron juntos en México, es decir, de 1923 a 1926, agrupadas bajo subtítulos tales como “Retratos”, “Objetos”, “Manos y cuerpo”, etc.
Es innegable la estrecha relación que hubo entre Weston y la Modotti, que incluso había iniciado un par de años antes en los Estados Unidos, como también el que en México hayan trabajando juntos en un forzado estudio fotográfico con el que se ganaban el pan de todos los días, o que se relacionaron íntimamente con los círculos culturales más prestigiosos del momento (quizás mucho más la Modotti), pero de ahí a que haya una mutua influencia o una transformación de su trabajo por encontrarse en México, es difícil de apreciar, por lo menos en esta muestra. No olvidemos que para estas fechas Weston ya había hablando en Nueva York con Alfred Stieglitz acerca de romper con el pictorialismo (lo mismo que hará unos años más adelante Paul Strand quien también viaja por nuestro país), y que en México empezaba a consolidarse una robusta cultura fotográfica representada por los hermanos Casasola, Manuel Ramos, o María Santibáñez, reforzados por la presencia de productores extranjeros como Hugo Brehme, Franz Meyer, o Walter H. Horne, por mencionar unos cuantos
He intitulado Fascinante estas líneas porque así me lo parece la época y lo que sucedía en nuestro país, pero más allá de lo estrictamente personal entre Modotti y Weston, no entiendo porqué llamar Fascinación a la muestra, a no ser que se refiera al efecto que pueden causar las imágenes de estos fotógrafos en nosotros.
La exposición, por otra parte, me confronta con un tema que en otras ocasiones he tocado aquí mismo: ¿la función del museo es simplemente mostrar o debe ir más allá y tratar, no de educar tal vez, pero sí de instruir? Y si esto último fuera parte de la misión de los museos, exhibiciones como esta se prestan como anillo al dedo. Por ejemplo, si nos fijamos bien hay diferentes tipos de impresión de las fotografías, desde las llamadas “vintage”, hasta las “digitales”, así que bien se podría explicar en qué consiste cada una de ellas, cómo afectan al negativo original (si lo hay), y a la imagen final. De esta manera, el visitante podría entender el por qué de las diferentes tonalidades, dimensiones y orígen de las imágenes (por cierto, no deja de llamar la atención la variedad de fuentes a las que se tuvo que acudir en busca de cada uno de estos ejemplares). Otro apunte podría ser el tema con que iniciamos, o sea, el contexto de la época y el país; algunos otros fotógrafos del mundo y México que en ese momento estuvieran en activo, etc.
Desgraciadamente hay ocasiones en que los expuesto por más calidad y prestigio que tenga deja una sensación de vacío, de no haber sido fascinante.

Publicado originalmente en Milenio diario.
Ver también: www.artes2010.wordpress.com
Imágenes: www.brettwestonarchive.com y www.theguardian.com


martes, 2 de septiembre de 2014

Bienal (II)


Quiso el destino que el mismo día que fuera inaugurada en esta ciudad la XI Bienal Monterrey, FEMSA, 14 de agosto pasado, en la Ciudad de México ocurriera lo mismo pero con la XVI Bienal de Pintura Rufino Tamayo, la única en importancia que se asemeja a la de casa. 57 piezas de 56 productores conformaron la muestra de allá que entregará sus premios en diciembre próximo. 
Imposible detenernos en más detalles, semejanzas y diferencias entre ambos eventos, apuntaremos únicamente que la nota en la exposición del Tamayo, fue la crítica que los propios curadores hicieron primero de la entrega, y de su selección después. En resumen, sus opiniones van por el lado de la falta de calidad en los trabajos que que se recibieron y la ausencia de una cierta contemporaneidad en las piezas expuestas. Más prudentes y juiciosos, quienes han seleccionado y premiado la muestra regia, han preferido callar y esperar a que sea el público quien juzgue los resultados a los que llegaron.
Creo que tanto las críticas del Tamayo, como esa sensación de déjà vu, que me provoca la obra de la muestra de aquí, cuestionan hasta qué punto es pertinente mantener un esquema  de promoción y difusión como este en un contexto global, digitalizado, inmediato, en el que si algo sobra, son precisamente las oportunidades de promoción y difusión de la propia obra o la de cualquier otro. Y este es el menor de los problemas a los que se enfrentan patronos y demás organizaciones convocantes. Dos variables más a considerar. La producción ha cambiado tanto que ahora el problema es tener obra qué exponer, ¿exponer? ¿Quién habla de eso cuando lo que se busca es ganar becas y programas de apoyo a proyectos concretos? una vez logrados, ya habrá tiempo para pensar en esa otra actividad que se vuelve secundaria. Y, dos, ¿la presencia de una pieza en internet la hace abandonar su carácter de inédita; o en qué momento sucede eso ahora?
El esquema de estos concursos funcionó, y muy bien, en la primera mitad del siglo XX y parte de la segunda, con grandes eventos mundiales que tenían sus replicas nacionales y locales, pero hoy día, cuando la realidad de la producción artística es otra y el mercado parece ser el baremo más indicado para valorar las obras, ¿cómo mantener el mismo sistema, y sobretodo, el interés de los productores? Y por productores me refiero desde el amateur que se siente capaz de concursar de tu a tu, hasta el profesional con una trayectoria sólida que se beneficiaba con la participación y premiación de su trabajo en un concurso de estos. Quizás sea el momento de empezar a pensar en nuevas estrategias para alcanzar los mismos objetivos que, estos sí, siempre serán aplaudidos.


Hace un momento me he referido a la realidad actual del arte, la invitación y presencia de los productores colombianos, en esta ocasión, nos da la oportunidad de asomarnos a conocer otra parte de esa realidad que también está más allá de nuestras fronteras. Aclaro de inmediato que no soy, ni remotamente, especialista en arte colombiano y que mi acercamiento a él es tan limitado (hablando de promoción y difusión) como las muestras que han circulado por nuestro país del arte de este país hermano.
Tengo la impresión de que, como reacción a un naturalismo exacerbado, por una parte, y por otra, por la difícil situación en que se han encontrado, buena parte de la producción actual de Colombia se decanta por el trabajo conceptual en una amplia y rica gama de variantes y opciones. El trabajo de los diez productores que en la Bienal FEMSA nos presenta la responsable de la muestra, Sylvia Suárez, es el resultado de una o varias de estas tendencias. Desgraciadamente es tan específico y está tan intrincado con su comunidad que ha dejado de significar para quienes no viven o conocen esa o esas historias. Antes que piezas de “arte” son verdaderos objetos simbólicos, que representan, desarrollan, materializan, aspectos que son de importancia para su lugar de origen, pero que difícilmente tienen un contenido, más allá del antropológico quizás, para espectadores como nosotros.

La Bienal de arte FEMSA continúa, fuera de dudas, siendo uno de los eventos culturales más importantes de la ciudad, es por eso que quisiéramos verla renovada y revestida de mayor fuerza. Ojalá y así sea.

Publicado originalmente por Milenio Diario.
Ver también: www.artes2010.wordpress.com

martes, 29 de julio de 2014

Confusión


Hace más menos un año, un grupo de productores (dentro del área de artes plásticas) se quejó públicamente de la llamada Reseña de la Plástica, pues únicamente presentaba un total de once piezas, y por si la afrenta no fuera suficiente, lo peor fue que ninguna de ellas era producto de la pintura, el grabado o la escultura. Como tantas otras cosas, el caso se resolvió en los medios y a través de las redes sociales, con la esperanza de que la siguiente edición del evento –léase la de este año- no sólo corrigiera tales anomalías sino que en verdad hiciera justicia a los que la merecen, o creen merecerla.
         Mi confusión empieza aquí, ¿cómo es que ahora nadie ha protestado ante una muestra como Maestros, nuevos maestros. Reseña en transición, cuando esta sí es, desde mi punto de vista, un atropello que nada tiene que ver con lo sucedido el año pasado?, ¿en verdad el grupo que se quejó se siente satisfecho con esta exhibición?, ¿o seremos tan democráticos que como así lo decidió la “asamblea general”, no vale la pena decir ya nada? Porque según reza la larguísima cédula de presentación, esta exhibición se lleva a cabo por mandato del Gremio, este decidió “… realizarla bajo la  premisa de un análisis de lo  sucedido en estos primeros 40 años.”, ¿En serio?


         En efecto, la exhibición abierta al público en la Casa de la Cultura de Nuevo León el pasado 18 de julio, es un conjunto de obras que dista mucho de la coherencia u homogeneidad, en ella están presentes lo mismo Gerardo Cantú que Oswaldo Ruiz, Jorge Elizondo que Rubén Gutiérrez, Esther González que Roberto Ortiz G. La mayoría son piezas que ya hemos visto una y otra vez, porque provienen de la Pinacoteca de Nuevo León, así que ¿en serio ellos y estas piezas son lo más representativo de los últimos 40 años?
         Más confuso resulta saber que “Con esta muestra de <<cierre>> de un ciclo, se pretende abrir uno nuevo…” No lo recuerdo, pero hoy día se dice que desde hace un año se hizo el anuncio de que dadas las manifestaciones habidas y en un proceso de renovación, este año no habría Reseña como venía llevándose a cabo, en tanto se daba con alguna alternativa. Luego entonces, según entiendo, ¿esto –esta muestra- es todo lo que se consiguió en un año de trabajo; esta muestra en efecto cierra el ciclo de las Reseñas?, ¿cómo para qué, para tirar un año más de transición?
         La muestra en realidad tiene una lectura, la misma que se anuncia con su encabezado, se trata pues de la reunión de los Maestros, con los Nuevos Maestros, pues “El hilo conductor de esta Reseña (sic) es la enseñanza, la transmisión de conocimientos, la comunión de conceptos…” Es pues, la educación no sólo lo que da sentido a esta muestra sino también la apuesta de que es ella la que debe ser el eje de futuros intentos por hacer esta clase de exhibiciones.


         Vamos a ver. Hablar de los Maestros a estas alturas del siglo XXI, con el sentido que se le da al término en la referida cédula, es un anacronismo, como lo es insistir en eso de los gremios –una de las instituciones más antidemocráticas que han existido y que corresponde al mundo medieval-, en este sentido también se equivoca el CONARTE al decir que no necesita cambios cuando lo que le urge es renovarse por completo. Maestros y aprendices, acólitos, talleres contra escuelas, autodidactas, amateurs, profesionales, licenciados universitarios, improvisados, garbanzos de a libra, genios, incomprendidos o aplaudidos, comerciantes y más allá. ¿no toda esta chachara nominalista y romántica para lo único que sirve es para confundir el ambiente y hace más complicado cualquier proceso de selección y exhibición?


         Soy el primero en reconocer al valor e importancia de la educación en este como en cualquier otro campo, pero me cuesta mucho trabajo, me resulta confuso pensar en ella en el contexto de la Reseña o lo que sea que le siga, y más a la luz de esta exhibición, no por lo expuesto o sus autores, sino por lo que se pretende que sea y represente.
         ¿Cómo debe ser una muestra como lo fue la Reseña de la Plástica? No lo sé, debe haber, por supuesto, un diálogo abierto que aporte ideas y soluciones, que apunte al futuro y no a la comodidad del pasado o la insatisfacción presente, pero sobretodo que se conciba, organice y realice pensando en la comunidad.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com





martes, 1 de julio de 2014

Un buen hombre

Juan Rodrigo Llaguno. José Emilio Amores.

Así como una jornada
bien empleada produce un
dulce sueño, una vida
bien usada causa una
dulce muerte.

Leonardo Da Vinci.

         El pasado viernes 27, después del medio día, empezó a circular la triste noticia del deceso de José Emilio Amores (1909-2014). No voy a decir, como otros tantos en otras tantas ocasiones, que fui su gran amigo, que conocía sus confidencias, no lo fui como un Gerardo Puertas, Sylvia Vega, José Javier Villarreal o Minerva Margarita Villarreal, como Rubén González Garza, Jorge Elizondo, Gerardo Azcúnaga o Ida Rodríguez Prampolini. Lo que sí puedo decir y con mucho orgullo, es que cada que me topaba con él me daba un enorme gusto, lo mismo si sólo cruzábamos un par de ideas que si compartíamos una reunión en su casa.
         Mi relación con José Emilio quizás sea mucho más antigua que la que pudiera haber sostenido con él cualquier otro de estas tierras, pues bien recordaba a otro Moyssén, a un condiscípulo suyo en la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México. Yo lo conocí hace menos tiempo, cuando trasmitíamos por televisión las obras que componían el programa de los célebres e importantes (aunque no recordados) Festivales de Música y Danza, que anualmente y por un lapso de seis o siete años se llevaron a cabo desde el ya también desaparecido Cine-Teatro Reforma. De ahí en adelante, y hasta ahora, nos volvimos a ver con frecuencia, siempre con el mismo gusto, atención y camaradería.
         Mientras fue director del Centro Cultural Alfa –cito estas anécdotas no cronológicamente sino como me vienen, más que a la mente, al corazón- me invitó a participar en un extraordinario grupo reunido una vez por semana por las noches, para conocer, revisar y comentar distintos momentos, obras y acontecimientos relacionados con la historia del arte. Desconozco qué tanto habrán aprendido mis contertulios pero para mi fueron veladas y compañeros inolvidables.
         El hambre que tenía por aprender de todo y la permanente inquietud de hacer algo útil y constructivo con su tiempo libre, lo llevaron a cursar la Maestría en Humanidades de la Universidad de Monterrey, ahí tuve el privilegio de ser su “maestro” a lo largo de los 4 semestres que duran los estudios, sólo para después acompañarlo en la producción de la tesis con que se gradúo. Me detengo un momento es este punto ya que se trata de un valioso documento que por desgracia no se conoce. En resumen, José Emilio buscaba sostener o refutar la idea del arte como inversión, si es o no rentable. Lo interesante de su trabajo es que con base en datos objetivos pudo llegar a una conclusión que en su momento resultaba la opinión más autorizada sobre el tema. Es además, un buen ejemplo de cómo un hombre formado en el campo de las ciencias exactas, puede hacer una importante aportación al estudio de las humanidades.
         Como todos los que lo conocieron, estrecha o circunstancialmente, podría seguir encontrando anécdotas con que retratar qué clase de hombre fue el Ing. Amores (por ejemplo la amistad que tenía con Sergio de Osio que también EPD), pero prefiero dedicar las líneas que faltan a tratar de contestar qué es lo que pierde la ciudad con su partida.
         Obviamente los tiempos son distintos y son muchísimas las variables que nos separan ya irremediablemente del siglo pasado, pero creo que una de las grandes diferencias entre las generaciones de hoy día y las que actuaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, es el inmenso cariño, respeto y orgullo que sintieron por esta ciudad. En su horizonte siempre estuvo presente qué hacer, cómo lograr, a quién convencer, a quién invitar, para que Monterrey, diera otro paso adelante, para que culturalmente se hiciera más fuerte, para consolidar sus logros, no había otro fin, otra meta. Esto es, me parece, lo que se ha estado yendo de la ciudad cada que un José Emilio se nos adelanta. El espíritu de comunidad, de amor a la tierra que te da de comer, es el que va languideciendo con la partida de otro buen hombre como lo fue, sin duda alguna, José Emilio Amores.

Publicado originalmente por Milenio Diario.
Ver también: www.artes2010.wordpress.com