martes, 24 de noviembre de 2009

Ecos de la Bienal (Segunda de dos partes)



La IX edición de la Bienal Monterrey-FEMSA presentó una serie de novedades que han de ser evaluadas con toda calma y objetividad, no sólo por lo que representan para la actual exposición (Centro de las Artes I y II, Parque Fundidora), sino porque inciden directamente en las decisiones que se vayan a tomar sobre el futuro y el rumbo por el que habrá de marchar este concurso.


Una ellas, la más evidente, es la presencia de productores invitados. En esta ocasión, se contó con creadores mexicanos y artistas brasileños. Oswaldo Sánchez, fue el responsable de la invitación a Magali Lara, Yishai Jusidman, Carlos Amorales, Iñaki Bonillas y Pablo Vargas Lugo por nuestro país, en tanto que Agnoldo Farías se encargó de presentar a Dora Longo Bahía, Fabio Cardoso, Kboco, Henrique Oliveira y Luis Zerbini, por el del Brasil; habría que mencionar que las obras de Longo, Kboco y Oliveira, fueron realizadas especialmente para esta edición de la Bienal, lo mismo que hizo Vargas Lugo por los mexicanos.

¿Cómo funcionan estos productores invitados, mexicanos y extranjeros, en medio de un Salón en el que se buscó tener un lugar a través de un concurso? Me parece que se convierten en el horizonte sobre el cual hay que ver lo hecho por los participantes. Un horizonte compuesto por el quehacer de productores mexicanos y brasileños que ya han sido legitimados por la crítica tanto de sus países de origen, como, por la de los circuitos internacionales, por lo que la operación de ver y relacionar, comparar y apreciar, se lleva a cabo por partida doble.

El trabajo de los invitados mexicanos, es serio, muy profesional, muy cerebral yo diría —para no colgarles el Sambenito de conceptuales—, elaborado más allá de lo meramente visual (Bonillas y Jusidman) o tercamente insistente en lo peculiar de la percepción visual y su interrelación con lo que se pretende mostrar o comunicar (Lara, Amorales, Vargas Lugo). En contraste, lo exhibido de los brasileños es desbordante, imaginativo, arriesgado, aunque también hay que señalar que nos quedan debiendo por lo poco que se vio de Fabio Cardoso y Luis Zerbini.

Entendidos así, los participantes seleccionados se ven cercanos, casi por necesidad, a lo realizado por los invitados de nuestro país, pero lejanos, en general, a lo hecho por los brasileños; contra la obra de éstos, la de los demás participantes se ve contenida, limitada, incierta, desconfiada. ¿Es esta una conclusión natural, lógica? Me parece que no sobretodo en un mundo globalizado; en otras palabras, hoy día difícilmente se puede hablar de influencias locales o hegemonías nacionales sobre tal o cual tendencia.

Creo que esta apreciación, que es muy general por supuesto, se debe a otras razones y no a un cierto espíritu o genio que hace a los mexicanos buscar formas e imágenes similares. Más tiene que ver, creo, con la idea de estar atentos a lo que sucede en otros lugares, ha estar mirando permanentemente para no quedarse atrás, para no dejar de ser modernos. En cambio en el Brasil, tengo la impresión, están acostumbrados a ser los observados, por lo que actúan libremente sin reparar en las consecuencias de su actuar pues, independientemente de ellas, continuarán siendo observados.

Supongamos que esta sea una de las conclusiones a las que se llega después de evaluar esta iniciativa —la de tener invitados en la Bienal—, ¿es lo suficientemente importante, valiosa, como para repetirla? Yo digo que sí. Ya fuera esta o cualquier otra la conclusión que se saque, valió la pena no sólo haberla llevado a cabo, sino también lo valdrá el repetirla. Si a través de este diálogo nos conocemos mejor, podemos encontrar nuestras similitudes pero también la riqueza de aquello que nos diferencia, entonces hay que hacerlo, hay que provocarlo esta y muchas otras veces. Agreguemos que este resultado no se habría dado o mostrado tal cual, mientras el diálogo se mantuviera sólo entre nosotros.

En este sentido —el de generar una interacción entre productores de diverso origen y trayectoria— la Bienal, sin duda, da un paso importante para dejar de ser simplemente promotora y convertirse en interlocutora de la cultura plástica del país.
Publicado originalmente en Milenio Diario.

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