martes, 22 de octubre de 2013

El cielo que miras

 
 
Por obvias razones uno no puede hacer más que conectar las cosas del presente con las del pasado, aunque quizás no exista más relación entre ellas que el que una haya aparecido antes que la otra. Este parece ser el caso de Gerardo Suter y la más reciente muestra de su trabajo inaugurada en la Fototeca del Centro de las Artes en el Parque Fundidora, el pasado día 17, Equivalencias. Título, que sin duda les recordará la serie de fotografías que, entre 1925 y 1934, llevó a cabo Alfred Stieglitz con idéntico tema que las que ahora nos presenta Suter, más bien al revés, el trabajo del fotógrafo México-argentino, tiene, sino idénticos sujetos (lo que es imposible), sí el mismo motivo temático: el par cielo-nubes. Y aunque no dudo que tuviera en mente la obra de Stieglitz, tal y como además lo señala Carlos E. Palacios, el curador de la muestra, creo que después del nombre y la imagen genérica que ambos fotografían termina toda relación.

         Por otra parte, tiene razón Palacios al apuntar que el tema de los cielos con nubes (que no nublados forzosamente) ha sido abordado tanto por fotógrafos como por pintores; a la lista que él aporta me atrevería agregar, en el siglo XIX, por supuesto, a Eugenio Landesio, pero sobre todo a José  María Velasco; al Dr. Atl y al  maestro Luis Nishizawa en el XX, y como fotógrafo, al que me parece más importante en este tema, Gabriel Figueroa; entre nuestros fotógrafos a Manuel M. López, Eugenio Espino Barros, y más recientemente, Roberto Ortiz Giacomán. Siguiendo la dirección en que apuntan estos nombres y obras, añadiría que en sus casos la presencia de nubes en el cielo, son un recurso técnico tanto como temático ya que con él subrayan un cierto talante o temperamento ciertamente melancólico más propio del arte nuestro, de México, que, por ejemplo, del plasmado por Constable o Turner (citados también por Palacios).
 


 

         Creo que el trabajo que Gerardo Suter presenta en esta ocasión tiene que ver, a su vez, con dos aspectos que se relacionan, precisamente, a partir del cielo y sus nubes. El primero de ellos es una evidente preocupación del fotógrafo por los soportes, preocupación que ya había mostrado en su anterior exhibición en el Antiguo Colegio de San Idelfonso, DF. Penúltima región. El segundo, la inquietud por explorar las diversas manifestaciones que puede tener una misma imagen dependiendo, precisamente, de su soporte, desde su impresa (ya sea por inyección de tintas u offset) hasta las diversas maneras en que se puede proyectar o presentar virtualmente (estoy seguro que debe habérsele ocurrido tener una cámara en el exterior de la Fototeca apuntando al cielo y transmitiendo en vivo hacia el interior de las salas). Ambos aspectos están relacionados, me parece, con la pregunta que insistentemente aparece a lo largo de la exposición, ¿la percepción, en este caso del cielo y las nubes, se ve alterada o cambia, según sea el soporte y la manera en que se presenta? Al lado de este que para mí es el tema central de lo que se exhibe, hay una serie de, digamos, subtemas, que tienen que ver, ya no tanto con la percepción de la imagen en sí, sino con la composición que se decide para su presentación, en este caso me refiero al juego que Suter establece entre el cielo, las nubes y las agresivas figuras geométricas que hieren o se encajan, casi literalmente, en el fondo que le ofrecen las nubes y el cielo (se trata de agudos triángulos isósceles completamente negros, generados por computadora, que irrumpen de una u otra manera en, sobre, la imagen fotográfica). Así como también la cuestión del montaje de la exposición, que en este caso se convierte prácticamente en una instalación, o mejor dicho, en una instalación que contiene otras instalaciones.

 

         No es esta, ni pretende serlo, una exposición complaciente. El fino trabajo de impresión y enmarcado de cada pieza, así como la casi quietud o inmovilidad de los videos pueden resultar engañosos cuando no desconcertantes en un primer recorrido. No obstante, si somos capaces de pasar por sobre esta apreciación, y vamos relacionando nuestras experiencias con lo que vemos, nos daremos cuenta de la fuerza de estas imágenes con un tema que a pesar de su simplicidad, nos lleva a reflexionar sobre el complejo acto de mirar.
 
Publicado originalmente en Milenio Diario

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