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martes, 23 de septiembre de 2014

Relativo a la familia


Hay exposiciones que dan la impresión de resistirse a ser comentadas, que van deslizándose por las orillas, saltando de esquina a esquina hasta que logran pasar desapercibidas por más que uno esté esperando el momento adecuado para echarles mano.
        Tal es la sensación que me queda de la muestra Parental, inaugurada en el espacio de la Alianza Francesa, Valle, hace ya más de un mes, en el lejano 21 de agosto. Que si la Bienal FEMSA reclamaba una conclusión, que si la lluvia nos mantenía a distancia, que si otras muestras parecían más importantes e interesantes, por una u otra razón, no había podido visitar la galería, mucho menos comentar lo presentado.
        Tanto interés por hablar de esta muestra, aun antes de conocerla, se debía, en primer lugar, a que se trata de un grupo de fotógrafos locales reunidos en el llamado Colectivo Tr3ce; el tema también tenía que ver con mi interés, o mejor dicho que se presentara una muestra colectiva bajo un mismo tema, me pareció interesante; y, en seguida, que el colectivo había sometido su trabajo al ojo crítico de Juan José Herrera, convirtiéndose así en el curador de la exposición (desconozco si Juan José es o no miembro del colectivo; puedo suponer que lo sea pues sólo hay trabajos de 12 integrantes, por lo que, lo lógico, sería que el miembro número trece fuera él). En síntesis, una exposición de fotógrafos locales curada por un fotógrafo igualmente local, en uno de los mejores espacios que hay en la ciudad para la exhibición de fotografía, ¿cómo no tener la tentación de hincarle el diente a tanta “localidad”?
        Trabajar en grupo, pareja, con los cuates, asociaciones, colectivos o como quiera llamársele tiene sus ventajas pero también sus riesgos, uno de ellos es que todos acaben pareciéndose tanto formalmente como en cuanto al tratamiento de los temas, máxime cuando hay uno sólo de estos. Creo que podemos ver tal efecto o consecuencia en esta exhibición. Otro podría ser la connivencia de los compañeros, es decir, que el grupo te arrope simplemente por ser miembro de él, y no por los resultados que entregues. Ventajas, son muchas las que se pueden obtener, el aprender a compartir y trabajar en grupo, y si el nivel de exigencia va elevándose conforme se consolida el grupo, y la crítica y la autocrítica es sincera y bien intencionada, se vuelve una costumbre, se hace hábito, el someter al escrutinio de otros trabajos de calidad. Este es uno de los beneficios que se obtienen de esa actividad tan rara que se llama “tallerear” (rara no porque sea extraña sino porque casi nunca se realiza con la disciplina, rigor y duración que demanda).


En cualquier caso, ventajas o desventajas, tiene que llegar un momento en el que, como todo en la vida, te tengas que despedir de los pares para seguir por tu propia cuenta. Si la  agrupación es sana y en realidad te ayudó volverás una y otra vez, salirte de ella, no quiere decir romper con los lazos que los unen, exactamente tal y como sucede en una familia.
Ahora bien, quiero suponer que Herrera ha sido lo suficientemente exigente como para reducir la participación en la muestra a una imagen por miembro. En tal sentido qué bueno que así haya sido pues es evidente que se trata, en la mayoría de los casos, de una práctica aun en desarrollo, tanto si consideramos estas fotografías formalmente, como por su contenido (hay que hacer la aclaración que entre los 12 expositores hay uno que presenta un vídeo, Yussel Estrada, trabajado con los temas de las otros once miembros).
He dicho hace un momento que me parece hubo cierta “contaminación” en el tratamiento del tema. Y es que salvo el trabajo de Nora Gómez, que por cierto es un autorretrato y ella el contacto del grupo, todas las demás imágenes nos ofrecen un acercamiento, ni siquiera nostálgico al mundo de la familia, sino más bien triste, en el que priva la soledad, la  enfermedad o el abandono. Flaco favor le hacen a la familia, ninguna de ellas, al parecer, termina su ciclo felizmente, satisfecha y venturosa.
Como podrá deducirse, Parental, no es la gran exposición, los miembros del colectivo que la presenta, no son, ni con mucho, los mejores fotógrafos de la ciudad, pero da gusto saber y constatar que hay quienes desde otras trincheras, sin pretensiones grandilocuentes, y con mayor humildad, se están preparando para lograrlo.

Publicado originalmente por Milenio Diario
Ver tambén: www.artes2010.wordpress.com


martes, 8 de julio de 2014

Nombres e imágenes

 

Es muy probable que usted haya visto más de una vez estas imágenes, fotografías como El Averno, Miradas oblicuas, Picasso con penacho o sentado comiendo pescado, y quizás la más famosa de ellas, la del Beso en las calles de París recién concluida la Segunda Guerra Mundial (la otra versión de la misma fotografía, tomada en Times Square con idéntico motivo es de Alfred Eisenstaedt), sin embargo, pocos conocen o recuerdan el nombre  de su autor. Por lo menos eso es lo que a mí me sucede: Robert Doisneau (1912-1994)

     Como parte de ese extraño re-encuentro entre la diplomacia francesa y la de México, fuimos regalados con distintas exposiciones, dos de ellas se presentan actualmente en el Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México. Una acertada combinación de  muestras que tienen como eje la amistad entre Pablo Picasso y Doisneau. La de Picasso es una muestra de la colección de obra gráfica que es propiedad del Museo Picasso de París, Francia, en tanto que la del fotógrafo está formada por cerca de 200 imágenes provenientes de distintas colecciones públicas.

     El caso de Doisneau, e insisto en que todo lo que sigue es según la perspectiva que tengo de su trabajo, me resulta curioso en tanto que, como he dicho, una parte de sus fotografías son muy populares y sin temor a equivocarme podría decir aparecen entre las primeras en las listas de preferencias, y sin embargo, no sólo su autor es prácticamente desconocido, sino que el resto de su obra pasa también desapercibido para el gran público.

     El caso, me parece, tiene que ver con los usos y circulación del material fotográfico. Con el uso, cuando ciertas imágenes por su carga emocional se convierten en icónicas al concretar un sentimiento, una expectativa mayoritaria, compartida por muchos otros. Este uso, representar un sentimiento generalizado,  provoca, por su parte, una circulación que de otra manera u otro tipo de imagen difícilmente lograrían.

     Cuando uno tiene la oportunidad de ir más allá de esas cuantas imágenes que la publicidad y la mercadotecnia han escogido por nosotros, entonces es posible apreciar verdaderamente el trabajo del fotógrafo. No quiero decir con esto que aquellas imágenes no valieran la pena o no tuvieran la calidad suficiente para gozar de tal difusión, a lo que apunto es que en un contexto más amplio, que vaya más allá de ese impacto inmediato y emocional que pueden provocar las imágenes más conocidas, éstas, incluso, puede adquirir otro significado y valor, tal y como ocurre en el caso de Doisneau.

     Sin duda, Doisneau fue un gran fotógrafo; buena parte de su quehacer, por lo menos lo que se muestra en la exhibición de Bellas Artes que cubre las décadas de los 40’s a los 60’s, da la impresión de haberse dedicado a mostrar, a los franceses primero, al resto del mundo después, que la vida seguía después de la Segunda Guerra, que la gente continuaba viviendo, gozando, sonriendo, sufriendo, dolida si se quiere, pero que ahí estaba un país y una ciudad que había que volver a poner al día, regresar a la normalidad. Con estas fotografías Doisneau también despertará el interés, señalará la importancia, de lo que hoy día llamamos Street Photography, la fotografía que, más que lo documental, registra la vida cotidiana, la actividad, el ir y venir de la población entregada a sus preocupaciones, placeres, alegrías, sueños y frustraciones.

     La gran lección que me deja esta exposición es el tener que reflexionar mucho más al momento de enfrentarme a las imágenes publicitarias más populares, no porque tras ellas se encuentre siemp0re un Doisneau por descubrir, sino porque su popularidad no es gratuita, por algo la han ganado.

 
Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com

martes, 24 de junio de 2014

¿Diálogos (im)posibles?

La idea de favorecer o de crear situaciones, disponer espacios, producir obras, en las que dos o más manifestaciones simbólicas dialoguen entre sí ha asumido a lo largo del tiempo diversas formas y ha corrido, igualmente, con suerte múltiple. Una de estas experiencias que ha resultado del todo exitosa lo es, sin duda, el espectáculo de la Opera. La arquitectura y las artes visuales han buscado, también, desde siempre, encontrarse en esa situación, la célebre Bauhaus se ha encargado de proponer y promover este diálogo como modelo, y el campus central de la UNAM es una muestra, más que digna, de las muchas posibilidades que hay en este terreno. Otras opciones van del Ut pictura poesis de Horacio a intentonas por reunir literatura y artes visuales, como, sea el caso, el proyecto que esta editorial patrocina (La poesía vista por el arte).
         Así pues, que las artes dialoguen entre sí no parece una idea extraña o ajena a proyectos generados o que se generan en el campo cultural. No obstante, la lógica dicta que habrá situaciones y participantes en donde el diálogo sea más fluido y sobretodo edificante, mientras que en otros lo único que se podría favorecer es un diálogo de mudos que es peor que el de sordos. En otras palabras, así como hay casos que se enriquecen con la presencia, convivencia y trabajo entre dos o más manifestaciones artísticas, hay otros en que el diálogo, de inicio, puede parecer imposible.
         Pensar, como ejemplo, en una relación o diálogo entre la fotografía y la escultura, puede ser uno de esos casos pues lo que una afirma, la tridimensionalidad, el volumen, la textura, la otra lo niega, lo suprime o de plano es incapaz de incorporar, físicamente, aquellas dimensiones. Desconozco de quien habrá sido la idea pero el pasado día 12 en la Galería Drexel, se inauguró la muestra Diálogo: Lorusso-Yázpik, esto es, una exposición en la que se ha puesto a dialogar a las esculturas de Jorge Yázpik, con las fotografías de Nicola Lorusso, y por increíble que pudiera parecer, no sólo la convivencia entre ellas se da, sino que se alcanza a escuchar el suave murmullo de lo que se dicen entre sí imágenes y moles de piedra.
         La exposición está formada por ocho esculturas y ocho fotografías. Tres de estas esculturas son de formato medio o de mesa y las 5 restantes de dimensiones mayores; aunque hay un par de obsidiana, la mayoría son de tezontle gris. Por su parte, todas las fotografías son de 95x135cms., de inyección de tinta de carbón sobre papel de algodón.


El diálogo que entre estos ocho objetos se alcanza a percibir tiene que ver con la posición que asuma el que oye, si es la postura de la escultura entonces escuchará reflexionar sobre su origen y posterior destino, ya que 4 de las fotografías de Lorusso son de canteras (de la serie Bajo el umbral del cielo) y las restantes de estudios de escultores. Pero si la posición que se toma es la de la fotografía entonces el diálogo será, como las mismas esculturas lo son, un interminable ir y venir entre la naturaleza y la mano, la obra, del hombre. Otro de los temas que se llega a percibir en esta reunión de fotografía y escultura es el del espacio, el ocupado y el vacío, el exterior y el interior, el virgen y el transformado, y cómo a través de la suma de materia o de su eliminación nacen otros espacios, nacen las obras.
Aunque exitosa la experiencia, e incluso sin que se hubiera dado el diálogo habría que decir que tanto esculturas como fotografías, en lo individual, son sobresalientes, de incuestionable calidad, creo que es insuficiente, por eso es que he dicho que entre ellas apenas se percibe un murmullo y no un diálogo pleno y en voz alta; no se debe a esa primera impresión de lo inútil que sería hacer compartir a la escultura y la fotografía, de que entre ellas hay un diálogo imposible, sino más bien, a que el tema, la reunión, no se encuentra del todo explotada, no se fue más allá de esta aproximación que es puramente literal. Queda demostrado que quizás no haya diálogos imposibles, pero precisamente, por las muchas opciones que aparecen al insistir y favorecer esta clase de encuentro, es que valdría la pena ir más allá hasta lograr generar proyectos de los que se obtengan no sólo diálogos, sino polifonías completas entre las artes.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com


martes, 18 de marzo de 2014

Fotos de mujeres II



Xavier Moyssén L.


A la memoria de Sergio de Osio S.

La muerte es una vida vivida.
La vida es una muerte que viene.

 Jorge Luis Borges.


         La pregunta es ¿cómo plantear un comentario con sentido, que tenga alguna utilidad, ante una exposición como Mujeres detrás de la lente? Se recordará que esta muestra fue abierta en la Fototeca del Centro de las Artes en el Parque Fundidora, el pasado día 8 de marzo y que presenta un extenso panorama de la producción fotográfica en México de 1910 al 2010 realizada por mujeres. La muestra en sí es extraordinaria pues reúne el trabajo de más de 100 de ellas, y ese es, precisamente, el problema al que aludo al principio.
Adela Goldbard
         Me gustaría apuntar, por ejemplo, el muy digno papel que juegan las fotógrafas de Monterrey,  en especial el trabajo de Ruth Rodríguez que sale beneficiado por el sitio en que fue dispuesto. O bien de la satisfacción que da el volverse a topar con la pieza de Adela Golbard que ganó un primer lugar en la antepenúltima bienal FEMSA si no me equivoco. O de lo mucho que me gustan los trabajos de Adriana Calatayud y de Tatiana Parcero. Y  así podría seguir citando  los nombres  de las fotógrafas que de  siempre me han llamado la  atención, Lourdes Almeida y Grobet, Maya Goded, y ni qué decir de las glorias nacionales, Graciela Iturbe, Mariana Yampolski y en particular con la que me quedó Flor Garduño.

         Y si se trata de citar autoras históricas habría que empezar con la Baquedano, los retratos de María Santibáñez, o las modernistas composiciones de Aurora Eugenia Latapí. Pero igualmente importante es encontrarse con las fotografías de Gertrude Duby Bloom, Ruth Lechuga, Bernice Kolko o Frida Hartz que recogen el rostro, las costumbres, los lugares del México profundo, del México indígena; y la lista y recuento se pueden volver interminables pues cada fotógrafa tiene algo importante que mostrar, lo mismo si se trata de Sara Castrejón, una de las primeras que se presentan, que de Eugenia Vargas o Patricia Martín, de las generaciones más jóvenes.

         Aun siendo histórica la exposición, no se empeña en parecerlo o insistir en este carácter, más bien ha sido armada a partir de ejes temáticos, “La persistencia de la mirada”, “Una nueva concepción de la imagen”, “Otras miradas”, etc., y a través de ellos, Emma Cecilia García Krinsky, curadora de la muestra, va haciendo aparecer a las fotógrafas independientemente de su cronología, exactamente como también aparecen dispuestas en el libro que acompaña la exhibición.

         Esta forma de proceder me parece importante porque flexibiliza el esquema histórico, pues no se trata tanto de hacer la historia de los sucedido en esos 100 años que se cubren (aunque sí se pueda hacer), como de presentar a quienes han sido sus principales y más destacadas representantes, lo que desde un punto de vista resulta más atractivo para el público general no especializado.
Ángeles Castrejón
         Aunque resulte imposible decirlo o sea un sinsentido, de la enorme cantidad de imágenes que se presentan, yo me quedo con una sola de ellas, la de Ángeles Torrejón, Sin Título, de 1994.  Cuatro mujeres indígenas atienden lo que parece ser un mitin o reunión, tres de ellas no esconden sus reacciones ante lo que deben estar viendo y escuchando, más la del centro, que incluso es la más atractiva, le dirige una mirada a la fotógrafa con la que dice todo: no es odio, es profundo desprecio, seriedad absoluta, rabia contenida, no he visto ni conozco otra imagen que exprese mejor la situación de estos grupos en el país.

         Si algo de esta muestra habría que criticar en sentido negativo, quizás lo sea su museografía. Siendo tanto el  material mostrado se antojaba verlo con más aire por donde se pudiera circular con mayor libertad. El recorrido, tal y como está montada la exhibición, es confuso y poco atractivo, laberíntico yo diría. Fuera de esto, insisto en que la muestra es de lo mejor que hemos visto en  los últimos meses. Visitarla es un buen momento para acercarse y comprender al trabajo que han realizado, por lo menos a lo largo de 100 años, nuestras fotógrafas, una manera, igualmente interesante, de conocer la historia de este medio en México.

         Me gustaría insistir, ya para acabar, en que si son muchas las mujeres aquí presentadas, es porque el oficio de la fotografía, debió pensarse y se piensa como adecuado para las mujeres. Que nadie piense, entonces, que la tarea de conocer y reconocer a todas está conclusa, antes al contrario, apenas inicia.


Publicado originalmente por Milenio Diario.
Imágenes: Mujeres detrás de la cámara.




martes, 25 de febrero de 2014

Uso y reúso de la fotografía

Isidro Blasco. New York Planet. 2014

Gracias a los buenos oficios de un amigo cercano he tenido la oportunidad de conocer el trabajo del español Isidro Blasco, arquitecto que trabaja y vive en la ciudad de Nueva York. Se trata de un polifacético productor, interesado, entre otras cosas, en las instalaciones e intervenciones en casas y edificios, cuyo registro guarda en fotografía, por lo que también ésta entra dentro de su producción regular. Es precisamente fotografía el trabajo más reciente que ha salido de su taller, se trata de los llamados Planet (Madrid Planet, New York; Sao Pablo; Sydney, etc.), ingeniosas construcciones que presentan a las ciudades en cuestión vistas desde las alturas en 360 grados, nada nuevo puesto que ya se conoce esta clase de obras, lo interesante aquí es que esos 360 grados de imagen no son una sola toma, ni son planos, sino que se han construido a partir de unir muchas otras; además, para dar una impresión tridimensional de lo que se ve desde las alturas, Blasco levanta intrincados soportes de madera, como si fueran los andamios empleados en la construcción de estos edificios, y así, empujando aquí, soportando allá, levantando acullá, produce no sólo unos hermosos objetos fotográficos sino una muy interesante visión de lo que son, urbanística y arquitectónicamente, las principales ciudades de este siglo XXI.
A partir de estos trabajos recuerdo muchos otros productores que se han valido de la fotografía para producir, a partir de ella, otra obra que no es ni fotografía ni puro objeto, sino más bien dispositivos a partir de los cuales aparecen nuevos significados. Pienso en lo hecho por Hanna Höch o John Heartfield, auténticas re-elaboraciones de la imagen fotográfica a fin de comunicar, uno, los horrores del fascismo, la otra, la alienación que sufre la mujer. También me vienen a la mente los collages de Moholy-Nagy o El Lizzitsky, con los que aumentó el vocabulario de las vanguardias. Entre nosotros pienso en Lola Álvarez Bravo, en Kati y José Horna, Siqueiros. Más contemporáneos son Thomas Allen y sus recortes en relieve (lo que recuerda de nuevo a José Luis Díaz), y John Stezaker que apareando dos imágenes ya existentes, especialmente retratos, hace aparecer un tercero que cuestiona, por ejemplo, la identidad de género. Estos y muchos más productores se han valido de la fotografía, como collage, punto de arranque, registro, complemento, matriz, o cualquier otro recurso y proceso, para crear trabajos que son el resultado de, generalmente, fecundos cruzamientos entre distintas manifestaciones e intenciones comunicativas o expresivas.
Esta cualidad que bien podríamos identificar como una de las manifestaciones de la plasticidad de la fotografía, convierte al medio en el favorito de distintas prácticas artísticas, y si además consideramos que al ser empleada de esta manera la fotografía se desnaturaliza, es decir, deja de ser considerada imagen fotográfica para convertirse en sólo imagen, nos daremos cuenta de los alcances de esta operación, pues al abandonar el marco normativo de la fotografía, cada pieza así construida, elabora, en ella misma los criterios bajo los cuales habrá de ser juzgada.
La aparente sencillez de estas técnicas, la simpleza con que se lleva a cabo la trasposición de la fotografía a otro medio, motivo y/o contexto, en el fondo representa una de las grandes vías por las cuales se ha venido desarrollando la producción artística contemporánea; camino que inicia con las Vanguardias pero cuya duración es de largo plazo, por lo que quizás aún no hayamos visto más que el principio de todo lo que es capaz de generar.
A los grados de libertad ganados, sumemos, para terminar, los alcances de la tecnología digital en cuanto a la   producción de imágenes. Veremos entonces que caminamos por el umbral de nuevos tiempos en los que todo habrá de cambiar. Dependerá de los productores de hoy hacer uso de estos y otros nuevos recursos a fin de ofrecer un auténtico arte de nuestros tiempos.

Publicado originalmente por Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com
Imagen: isidroblasco.com

                                                                                                                

martes, 24 de diciembre de 2013

Para la Navidad


A la memoria de Eliseo Garza S.
Descanse en paz.

Qué día para publicar. Amén de que todos tenemos la atención  puesta en los sucesos de esta noche (cena, posada, reunión, fiesta, etc.), una rápida mirada a las primeras páginas de los diarios (en papel o electrónicos) es más que suficiente para estar al tanto, y el resto del día perderlo en un ir y venir constante, frenético y, la mayoría de las veces, sin sentido. Pero además, hoy en particular, y los días que lo anteceden y lo preceden, son difíciles porque en general la actividad productiva baja tanto que  poco es lo que se pude reportar o comentar, por lo que hay que echar mano de la imaginación y no dejar ayunos a los que, por lo que quiera, sí leen el periódico como todos los demás días del año.

Hasta donde alcanzo a saber, el tema de la Natividad no ha sido especialmente cultivado en fotografía, existe, claro está, la famosa The Manger de Gertrude Kasebier de 1899 quizás la que más se acerque al tema. También hay algunas otras de Julia Margaret Cameron que podrían pasar por tales o alusiva al tema, y con seguridad hay muchas más que desconozco, por ejemplo de los pictorialistas que en el manejo del tema habrán encontrado el motivo perfecto para acercar su trabajo al arte.

Así que en las líneas que siguen pretendo presentar a ustedes tres fotografías no de la Natividad, pero sí relacionadas con el punto central de la celebración. Es pues un ejercicio de curaduría en el mejor sentido del término.

Tal como lo entiendo, festejamos este día porque se ha definido como aquel en que se recuerda el nacimiento de Jesús, luego entonces el tema central sí es la llegada a este mundo del Redentor, pero también el de la maternidad, sin una cosa no hay la otra, de ahí la importancia que tiene la figura de María para la iglesia romana. Así pues, las fotografías que presentaré están más bien relacionadas con la maternidad. Sé que hay muchas más sobre el tema, quizás mejores o más pertinentes, las he seleccionado porque con ellas puedo ilustrar lo que me interesa decir sobre este día; al fin y al cabo de eso trata, precisamente, la curaduría.
 
 

La primera fotografía que presento es una de la serie más reciente de Ana Casas Broda (1965), Kinderwunsch, de este mismo año. El proyecto ha ido ampliándose hasta abarcar sus experiencias como madre de dos varones que, en las fotografías, juegan un papel tan protagónico como el de ella. Se trata de una visión atrevida sobre nuevos estilos de vida y la manera en que se dan, recordándonos que si todo cambia, la maternidad, la vivencia de ser madre, también se transforma de acuerdo a los tiempos que vivimos.
 
 

Mi segunda fotografía es una de las muchas que Dorothea Lange (1895-1965) obtuvo de su contacto con el mundo rural de los estados unidos durante los años de la depresión. Una Madre migrante de 1936, no la conocida por todos y que según sabemos fue arreglada, sino cualquier otra en que se nos muestre ese estado calamitoso de tantas y tantas mujeres que aún hoy día siguen dirigiendo su mirada al vacío sin encontrar respuesta. Una madre como muchas otras que hoy mismo, esta noche, estarán preguntando no por los regalos sino por la comida que deben llevar a la mesa de sus hijos. Cuánta dignidad hay en esta imagen, como en todas las demás madres que padecen suerte similar.
 
 

Mi tercer y última fotografía es una de las bien conocidas que Oliverio Toscani (1942) produjera para la publicidad de la marca de ropa Beneton (colores unidos, 1982-90). Se trata de aquella en que se ve el busto y los brazos de una mujer negra (solo va cubierta con un sweter rojo) que carga a un bebe blanco que probablemente este prendido de uno de sus senos. Una imagen, como todas las de esta serie dedicada a la unión de los opuestos, que en su momento fue polémica y escandalizó a más de uno, pero que en realidad sintetiza la verdad más grande de todas: en la maternidad, como en lo demás, los colores no son lo esencial, es más, salen sobrando.

Tres imágenes pues, la nueva maternidad, la maternidad de los menos favorecidos, y la maternidad como experiencia universal, nos han de permitir pensar en el significado real de esta noche. Felicidades a todos.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario
                 http://headeyeandhearth.blogspot.com
                 http://agnostica.com
 

martes, 17 de diciembre de 2013

El espejo



Tenía gran interés por ver la exposición Realidades alternativas de Luz María Vales, inaugurada el pasado 3 de diciembre, en el Museo Metropolitano, no sólo por ser ella una activa y exitosa miembro de la comunidad de fotógrafos de la ciudad, sino además porque, según se anunciaba, su trabajo presenta, en sus términos, una realidad alternativa al emplear como soporte, y quizás más que soporte como materia, al (los) espejo(s), lo que convierte al trabajo, o así lo suponía, en un riquísimo campo conceptual en el que se puede trabajar desde la similitudes entre el espejo y el espejo de plata como se llamó también a la fotografía, hasta cuestiones referentes a la memoria y el inconsciente (según creo recordar Lacan emplea el espejo para explicar la construcción de la identidad).

         El siguiente fin de semana después de la inauguración, ustedes lo recordarán el día 8 concretamente, fue el nefasto desfile de navidad que cerró las vialidades del centro de la ciudad prácticamente todo el día, así que ni cómo acercarse. El domingo pasado, al llegar al mentando museo, me encuentro con que al subir a la planta alta, en la sala principal, hay otra exposición, y el pasillo, a su vez, está ocupado por otras piezas; por fortuna encuentro que en las salas del lado izquierdo, se encuentra la deseada muestra, y es que se trata de una exhibición más bien íntima formada apenas por una veintena de piezas.
 

Me parece que como pocos, el espejo es de esos objetos de remoto e incierto origen que desde la noche de los tiempos no ha cesado de alimentar la imaginación de los hombres: de la Medusa y Edipo, por mencionar sólo dos personajes relacionados con los espejos, hasta los convexos y/o cóncavos que divierten en las ferias, pasado, por supuesto, por la Venus de Velázquez, los espejos de los surrealistas, los de Eugenio Granell o Joseph Cornell. En cuanto a la fotografía existe la curiosa atracción de fotografiar imágenes reflejadas, en particular, en los aparadores; igual figuran, los espejos, en la llamada fotografía pictorialista, me viene a la mente un hermoso desnudo de Steichen. Otros fotógrafos que se valen de los espejos serían Brassai, Michaels, Kertesz, Alvarez Bravo. Ahora que menciono a Alvarez Bravo recuerdo unos enigmáticos retratos, de él y otros fotógrafos, de Frida Kahlo asomándose al interior de los espejos. Recuerdo también, como no, a uno de los más célebres espejos, el de Alicia de Lewis Carroll, y el de la Bella Durmiente ilustrada por los estudios Disney.

         Esta última imagen, precisamente, es la que me queda al ver estos trabajos de Luz María Vales incluso los más logrados, por  ejemplo Sin título (2013), en el que del fondo del espejo parece surgir un rostro espectral que no se alcanza a manifestar  completamente, de él sólo  percibimos jirones. Uno de los principales problemas que tiene el trabajar con espejos como soporte, materia, o lo que se quiera, es que el espectador no puede ver simultáneamente la imagen impresa y la imagen reflejada; en el momento en que fija su atención en alguna de las dos la otra se vuelve una mancha, una aberración, un obstáculo.


 
 

         Los espejos de Vales, no sólo están trabajados para poner en marcha el juego de reflejos a que dan lugar, sino también para que funcionen como objetos: grandes y elaborados marcos completan la obra, no se trata únicamente de la superficie reflejante, sino también de lo que la circunda, su presencia es tal que no puede ser evitada u obviada, por lo que deja(n) de ser imagen(es) para convertirse en objetos, luego entonces la pregunta obligada es ¿qué es lo que presenta la exposición —materialmente hablando—, fotografías (cualquiera que sea su destino) u objetos que en su elaboración incluyen lo que fueron primeramente imágenes fotográficas? Creo que contar con una respuesta clara al respecto, en mucho auxiliaría a la evolución de estos trabajos.

         En este sentido más valdría, creo, olvidarse de la fotografía —estos trabajos no pueden verse como tales— y elaborar desde el territorio de la imagen nuevos acercamientos a estas obras. Quizás así se podría obtener una crítica más justa o cercana a las intenciones de Vales, que dejarla morir sola como si se tratara de fotografías.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario.
 

martes, 22 de octubre de 2013

El cielo que miras

 
 
Por obvias razones uno no puede hacer más que conectar las cosas del presente con las del pasado, aunque quizás no exista más relación entre ellas que el que una haya aparecido antes que la otra. Este parece ser el caso de Gerardo Suter y la más reciente muestra de su trabajo inaugurada en la Fototeca del Centro de las Artes en el Parque Fundidora, el pasado día 17, Equivalencias. Título, que sin duda les recordará la serie de fotografías que, entre 1925 y 1934, llevó a cabo Alfred Stieglitz con idéntico tema que las que ahora nos presenta Suter, más bien al revés, el trabajo del fotógrafo México-argentino, tiene, sino idénticos sujetos (lo que es imposible), sí el mismo motivo temático: el par cielo-nubes. Y aunque no dudo que tuviera en mente la obra de Stieglitz, tal y como además lo señala Carlos E. Palacios, el curador de la muestra, creo que después del nombre y la imagen genérica que ambos fotografían termina toda relación.

         Por otra parte, tiene razón Palacios al apuntar que el tema de los cielos con nubes (que no nublados forzosamente) ha sido abordado tanto por fotógrafos como por pintores; a la lista que él aporta me atrevería agregar, en el siglo XIX, por supuesto, a Eugenio Landesio, pero sobre todo a José  María Velasco; al Dr. Atl y al  maestro Luis Nishizawa en el XX, y como fotógrafo, al que me parece más importante en este tema, Gabriel Figueroa; entre nuestros fotógrafos a Manuel M. López, Eugenio Espino Barros, y más recientemente, Roberto Ortiz Giacomán. Siguiendo la dirección en que apuntan estos nombres y obras, añadiría que en sus casos la presencia de nubes en el cielo, son un recurso técnico tanto como temático ya que con él subrayan un cierto talante o temperamento ciertamente melancólico más propio del arte nuestro, de México, que, por ejemplo, del plasmado por Constable o Turner (citados también por Palacios).
 


 

         Creo que el trabajo que Gerardo Suter presenta en esta ocasión tiene que ver, a su vez, con dos aspectos que se relacionan, precisamente, a partir del cielo y sus nubes. El primero de ellos es una evidente preocupación del fotógrafo por los soportes, preocupación que ya había mostrado en su anterior exhibición en el Antiguo Colegio de San Idelfonso, DF. Penúltima región. El segundo, la inquietud por explorar las diversas manifestaciones que puede tener una misma imagen dependiendo, precisamente, de su soporte, desde su impresa (ya sea por inyección de tintas u offset) hasta las diversas maneras en que se puede proyectar o presentar virtualmente (estoy seguro que debe habérsele ocurrido tener una cámara en el exterior de la Fototeca apuntando al cielo y transmitiendo en vivo hacia el interior de las salas). Ambos aspectos están relacionados, me parece, con la pregunta que insistentemente aparece a lo largo de la exposición, ¿la percepción, en este caso del cielo y las nubes, se ve alterada o cambia, según sea el soporte y la manera en que se presenta? Al lado de este que para mí es el tema central de lo que se exhibe, hay una serie de, digamos, subtemas, que tienen que ver, ya no tanto con la percepción de la imagen en sí, sino con la composición que se decide para su presentación, en este caso me refiero al juego que Suter establece entre el cielo, las nubes y las agresivas figuras geométricas que hieren o se encajan, casi literalmente, en el fondo que le ofrecen las nubes y el cielo (se trata de agudos triángulos isósceles completamente negros, generados por computadora, que irrumpen de una u otra manera en, sobre, la imagen fotográfica). Así como también la cuestión del montaje de la exposición, que en este caso se convierte prácticamente en una instalación, o mejor dicho, en una instalación que contiene otras instalaciones.

 

         No es esta, ni pretende serlo, una exposición complaciente. El fino trabajo de impresión y enmarcado de cada pieza, así como la casi quietud o inmovilidad de los videos pueden resultar engañosos cuando no desconcertantes en un primer recorrido. No obstante, si somos capaces de pasar por sobre esta apreciación, y vamos relacionando nuestras experiencias con lo que vemos, nos daremos cuenta de la fuerza de estas imágenes con un tema que a pesar de su simplicidad, nos lleva a reflexionar sobre el complejo acto de mirar.
 
Publicado originalmente en Milenio Diario