martes, 31 de julio de 2012

El hotel y la ciudad

Si no se ha enterado, no le ha llamado la atención o de plano no le ha interesado, el Gran Hotel Ancira cumple sus primeros 100 años de existencia. Quizás tenga razón en no reparar en este dato, sobretodo si no tiene ninguna relación con el lugar más que el haber visto al edificio que lo alberga cuantas veces haya estado en el centro de la ciudad. Pero este dato, el que siempre que usted estuvo en esta parte de la ciudad se topara con el hotel, le haya servido de referencia o de lugar de reunión, es lo que lo convierte en un hecho importante. Quiero decir, esta construcción terminada en 1912, ha crecido, sufrido y vivido, la historia reciente de la ciudad y la de la mayoría de sus habitantes, y sólo por eso, creo, vale la pena hablar de ella.
     Con la finalidad de celebrar su centenario, la administración del inmueble decidió, entre otros actos, montar una mini-exposición de su historia, y hasta dónde sé, prepara un libro sobre su historia y arquitectura. Creo que es del todo loable que se tomen la molestia de mostrar al público parte de lo que han sido a lo largo del tiempo. Las fotografías, los objetos, los planos, los platos y tazas, los muebles, nos dan una idea de cómo han cambiando las cosas en este lapso, y por sí  mismos justifican su presentación y el que nos  detengamos en ella. Pero así como hemos dicho lo anterior, también me  gustaría hacer un par de  observaciones a fin de que se cuente con otra mirada sobre lo exhibido.
     Lo expuesto es una especie de resumen de los pasados 100 años, y con ello   se satisface la curiosidad del cliente o huésped que se acerca a ver de qué se trata. Mas hay dos o tres temas que se entrecruzan todo el tiempo y que de presentarse de otra manera se apreciarían diferentes: Historia, con dos apartados, el de las familias involucradas en la  construcción del hotel, y el  del edificio y sus interiores. Objetos, de los respaldos de las camas a la cuchillería,  pasando por toda clase se  sillones. Y, visitantes   distinguidos, los huéspedes de renombre que han pernoctado en la ciudad y han ocupado sus cuartos y demás servicios. Estos son los tres temas que componen la exhibición. Sin modificar lo que se tiene (que estoy seguro es una mínima parte) creo que si se hiciera un mayor énfasis en la relación del hotel con la ciudad, no sólo ganaría sentido la exposición, sino q ue resultaría de mayor interés para el público en general.
     Puesto que el 70 u 80% de lo que se presenta son fotografías, esperaría que las mismas estuvieran mejor identificadas y fechadas. La mayoría son de fotógrafos conocidos (Jesús Sandoval, Manuel M. López, Eugenio Espino Barros, etc.) y con fechas más o menos seguras, por lo que aportar estos datos convertiría a las imágenes fotográficas de meros y nostálgicos recuerdos de tiempos idos en documentos para la historia, y en este sentido se vuelven útiles para hablar del trazo urbano de esta zona, de las técnicas de construcción, los empresarios de Nuevo León, sus habitantes, las hábitos y costumbres de los viajeros, el diseño de interiores, los conceptos de lujo y exclusividad, y muchos otros temas que se pueden ir explorando a partir de estas imágenes.
Por ejemplo, de entre ellas, hay una que llama mi atención, es de 1911 y apareció publicada en la portada de Zig-Zag, “Semanario festivo y de variedad” de Monterrey. La imagen va firmada por Ortiz (se debe tratar posiblemente de José S. Ortiz). Lo que me interesa de esta impresión, es, precisamente, su fecha, es decir que para estos años las artes gráficas en la ciudad ya se encontraban en desarrollo, dato importante para seguirlo en una hipotética historia del diseño y las artes gráficas en Monterrey.
     Los 100 años de este hotel nos avisan que la ciudad se va haciendo añeja; no son ya sólo sus 400 de existencia los que le dan valor histórico, sino también el momento en que entraba, junto con el país, a la Modernidad.

Publicado originalmente por Milenio Diario




lunes, 30 de julio de 2012

De locura y muerte 6

A lo largo de estas últimas entregas hemos tratado de ilustrar el tema dual de la locura y la muerte con una serie de obras que muestran el interés de productores de distintas épocas, por estos temas. Del siglo XVII al XIX hemos visto como, ya sea lo muerto o las concepciones diversas de la locura, han llamado la atención de pintores y fotógrafos, que con intenciones diversas -de lo anecdótico a la denuncia- ponen al centro de su obra estos motivos. Hemos visto también como al hacerlo han contribuido a difundir las ideas que en su momento han prevalecido sobre qué es lo muerto y qué es la locura. Parece que no hay mejor imagen que ilustre la actual preocupación sobre estos temas que la obra de Peter-Joel Witkin. Sólo que en este caso no se trata de sus barrocos trabajos con cadáveres y cuerpos deformes, su Ecclisia Pederastes del 2004, es lo suficientemente elocuente como para hacernos entender que la locura y la muerte no sólo se encuentra en las morgues y los sanatorios de salud mental. La locura y la muerte en la sociedad contemporanea sienta sus reales ahí donde en aparencia está su condena y rechazo.

domingo, 29 de julio de 2012

De locura y muerte 5

De un fotógrafo desconocido del siglo XIX nos llega esta extraordinaria imagen en la que se ve a un "loco" siendo sometido a una exploración neurológica. Guillaume-Benjamin-Armand Duchenne de Boulonge (1806-1875), médico francés debió contratar al fotógrafo (o quizás él mismo o alguno de sus asistentes se encargaban del registro de sus estudios) que hizo estas tomas como parte de los ejemplos con que ilustraba sus libros sobre la Fisognimia, pseudo ciencia que intentaba derivar el carácter o personalidad a través de los rasgos faciales. Sus estudios se concentraron en la anatomía de los músculos faciales. En la imagen vemos como es que a través de la estimularon eléctrica llevaba a cabo su investigación. Hay que aclarar que estos experimentos los llevaba a cabo sedando al paciente a fin de que no sufrieran ningún dolor a lo largo de las sesiones. Nuestro interés por esta fotografía y el Dr. Duchenne, más que en sus estudios, está en mostrar cuál era el destino de muchas personas que eran recluidas en los sanatorios de salud mental. Terminaban sus días y su salud, sirviendo como conejillos de indias para los más absurdos y en ocasiones atroces devaneos de la ciencia médica. Este es uno de los capítulos más tristes del desarrollo de la medicina y de la historia de la locura.

(Imagen; www.anfrix.com)

sábado, 28 de julio de 2012

De locura y muerte 4


Únicamente el genio de Goya podía haber haber convertido una tremenda realidad como la que vemos, en una visión sobrenatural, cercana al mismísimo infierno (es decir los "locos" están condenados en el sentido de que se van al infierno). Su Casa de locos (1815-1819) nos muestra las condiciones en que se encontraban los así llamados en su época y en España, condiciones que es casi seguro se repetían y se repiten, por desgracia, por todo el mundo. Pero es también por la mayor exposición a estos temas que imágenes como esta han contribuido mayormente a tener ideas erróneas sobre la conducta y personalidad de estas personas. Quiero decir, no es que no se expresen de esta y muchas otras maneras, quizás hasta más grotescas, los que padecen de alguna afección mental o emocional, pero en su afán por hacer justicia, Goya -y muchos como él- los estereotiparon, de ahí en adelante cuando se quizo hacer una presentación del tema, lo sencillo fue recurrir, una y otra vez, a la misma ilustración, con lo que lejos de haber ayudado a su comprensión, se le obscureció o desvió la atención sobre las verdaderas causas de la enfermedad.

viernes, 27 de julio de 2012

De locura y muerte 3

Sin duda el tema de la locura es uno de los más interesantes, pero también de los más controversiales, tanto ahora como siempre. Si comparamos esta tabla de El Bosco  (c.1450-1516) con obras contemporáneas que se ocupan del mismo tema, salta a la vista que aunque nominalmente se lleguen a llamar igual, la locura no es la misma. Es decir, la concepción que tenemos hoy día de aquellos que se ven afectados en sus funciones cognitivas y emocionales, no son los mismos que aquellos que a lo largo del tiempo han sido identificados de esta manera. En la época que El Bosco pintó esta Nave de los locos (1503-1504 ?), los personajes que vemos en la barca son los locos o los considerados como tales en ese momento. Sabemos que el tema es la ilustración de un poema de la época en el que se criticaba a la sociedad por su abandono de los valores morales considerados importantes o valiosos, loco era entonces, desde esta óptica, todo aquel personaje que fuera tomado por un pecador; es muy posible, que hoy día, ninguno de ellos sufriera castigo o crítica alguna, mucho menos que fuera tomado por un loco por más alegórica que sea la pintura de El Bosco; sólo su talento fue capaz de mostrarnos lo que debía ser normal, como algo perteneciente a otra dimensión, la de la locura.

jueves, 26 de julio de 2012

De locura y Muerte 2


Al dar inicio a esta nueva serie, ya apuntábamos que el interés de muchos productores, Martha Pacheco entre ellos, recae más que en la muerte que es un concepto más bien metafísico, religioso o espiritual, se centra en los muertos, es decir, en la materia, en aquellos miembros, músculos, víceras, sangre y demás fluidos que de un momento a otro dejaron de funcionar para dar paso a un proceso de deterioro, de erosión, que terminará por convertir en polvo lo que animado antes fue. Este interés lo podemos encontrar, por ejemplo, en este extraordinario Estudio de pies y manos (1818-1819) del francés Teodoro Gericault, quien por cierto también tiene una serie de retratos de alienados tomados, como lo ha hecho Pacheco, directamete de los reclusorios en donde estas pobres personas acaban por consumir lo poco que les queda de razón. En esta búsqueda de la verdad que emprenden los románticos en el siglo XIX, llegan a esta etetización de los despojos de un cuerpo; color, forma son los campos a explorar y más aún en condiciones extremas como las recogidas por Gericault en esta y la mayor parte de su obra.

miércoles, 25 de julio de 2012

De locura y muerte 1


La exposición de Martha Pacheco en el Centro de las Artes de Monterrey, N.L., nos da la oportunidad de explorar a lo largo de esta semana la temática dual que aborda, los muertos -más que la muerte- y la huida de la razón que algunos denominan locura. Y que mejor manera de empezar que con la muy famosa Clase de Anatomía del Dr. Tulp que Rembrandt van Rijn pintara en 1632. Como en en caso de los dibujos de Pacheco el silencio de la cámara en que se lleva a cabo la demostración del galeno sólo alcanza a cortarse por el cuchicheo del asombro de sus alumnos al ir conociendo los maravillosos secretos que nuestro cuerpo encierra bajo la piel. Así pues, con estas imágenes iremos complementando el trabajo de la jaliciense; muerte y locura, temas que desde siempre han fascinado al hombre, quizás por ser incomprensibles.