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martes, 19 de agosto de 2014

175


Así como resulta complicado atribuir a una sola persona el desarrollo final de lo que hoy llamamos fotografía, lo mismo sucede con el momento en que hizo su pública aparición. Hoy conmemoramos uno de sus nacimientos, el día en que el científico y político francés François Aragó presentó en la reunión conjunta de las Academias francesas de Ciencias y Artes, los resultados a los que había llegado Daguerre, es decir el proceso, perfectamente definido e infalible, con el cual era posible fijar de manera permanente las efímeras y elusivas imágenes que proyectaban las cámaras obscura y lúcida. En otras palabras, Aragó daba a conocer al mundo el Daguerrotipo con lo que, a su vez, principiaba una extraordinaria historia que hoy cumple 175 años.
         Tengo la impresión que de la fotografía, como de ningún otro medio, se han ocupado los más importante pensadores que han convivido con ella a lo largo de este tiempo. De entre todo lo que han dicho, una de las observaciones que me parece más importante, es la de Walter Benjamin, respecto a que es –la fotografía- el invento más moderno de todos, o sea, que también es su hija más legítima. Podemos o no estar de acuerdo con él, pero no se puede negar que a través de la historia de la fotografía es posible seguir el desarrollo y evolución de la cultura moderna. Es decir, estos 175 años de la fotografía, nos dan la oportunidad de contemplar, desde otro punto de vista, cómo ha sido la cultura, al menos la occidental, durante este tiempo (y la oriental en su proceso de occidentalización), cómo se ha transformado y a partir de qué variables y con qué resultados; las mismas preguntas que hoy nos hacemos sobre su estatus y futuro inmediato, son las que podemos hacer acerca de la cultura contemporánea en términos generales. Así que, en resumen, lo que le pasa a la fotografía en este momento es exactamente lo que le sucede a nuestra cultura.
Es casi imposible pensar en alguna actividad que desarrollemos de manera cotidiana en la que no esté involucrada alguna imagen fotográfica o de origen fotográfico. La fotografía no sólo expandió entre la población la facultad de re-producir imágenes, sino que, por su versatilidad, fue encontrando los más diversos campos en que podía ser aplicada. A diferencia del dibujo, del grabado y no digamos de la pintura, la rapidez y precisión con que se ejecuta una fotografía permitió que el campo comunicacional, en el que los otros medios se encuentran limitados, rompiera todo género de barreras y mostrara la eficaz contundencia de este nuevo tipo de imágenes.
         No obstante, por más importante que sea el impacto de la fotografía en los campos productivo y artístico, creo que su verdadera importancia la encontramos entre nosotros mismos. De la Carte de Visite, de la fotografía de difuntos, de las “vistas” de los vestigios de antiguas civilizaciones o de las maravillas naturales, de la fotografía formal de estudio, del registro de los momentos más memorables, del recuerdo casi nostálgico de experiencias pasadas, al Internet, los selfies, las redes sociales, la foto despreocupada de adolescentes ociosos, el Photoshop, el Instagram y las imágenes de google, nuestra vida y la manera de contemplarla no ha vuelto a ser lo que era antes de esta fecha, hace 175 años. La cámara fotográfica o cualquier otro implemento capaz de registrar y conservar imágenes, ha entrado a nuestras vidas para quedarse y ha pasado a ser de un complicado aparato que cargaban mamá o papá durante las vacaciones o cumpleaños y no permitían que nadie más manipulara, a una herramienta indispensable, imprescindible para la comunicación en un mundo que, paradójicamente, rebosa imágenes. Creo que es posible afirmar que hoy día en las principales ciudades del mundo todos sus habitantes poseen o tienen acceso a una “cámara fotográfica” y la operan como si de ello dependiera su vida.
         ¿Qué tanto son 175 años? Si pienso  en la que se considera la primer fotografía (el Punto de vista desde la ventana de Le Gras de Niépce) y la comparo con las imágenes de los paisajes marcianos, la devastación causada por un proyectil palestino lanzado en este momento, o la del desayuno de esta mañana de mi hijo, me parecen vertiginosos. Como escribí en otro lugar, esta historia tiene el rostro del retrato de Dorian Grey, siempre nueva, siempre joven, por más vieja que sea.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com



martes, 3 de junio de 2014

El arte

Así como decían en la famosa serie de televisión Viaje a las estrellas, que el espacio era la última frontera, así creo que el Arte es nuestra última fantasía respecto al libre albedrío. Invocar al arte es hacer mención no sólo de un reducido grupo de privilegiados (comúnmente los productores) y de un conjunto de cualidades extraordinarias (belleza, perfección, concepto), sino también de un cierto tipo de objetos que habiendo sido producidos por aquel grupo y estando en posesión de esas cualidades, son el ejemplo perfecto, por excelencia, de lo que llamamos arte. En otras palabras, solemos creer que el arte es un asunto que concierne únicamente a individuos especialmente dotados, quienes deciden producir objetos, pinturas, esculturas, fotografías, grabados, con tales cualidades y calidades que son lo que calificamos como arte.
Desde hace tiempo sigo los editoriales que semana a semana, hace circular Rosa Olivares, en uno de los boletines digitales de EXIT. También desde hace tiempo conocidos se esfuerzan por echarme a perder la semana enviándome los textos de la ahora famosa Avelina Lesper. Con ambas tengo puntos de coincidencia (más con Olivares por supuesto), pero también difiero radicalmente con las dos, principalmente porque parecen no darse cuenta que con sus argumentos, con la postura que representan, provocan o refuerzan aquello que pretenden combatir: Olivares al argumentar en contra de la mercantilización internacional del arte y sus consecuencias, no repara en que ella es, precisamente, quien difunde y apoya tal postura a través de la poderosa e influyente organización que dirige, EXIT. Y Lesper, al criticar los privilegios de que gozan ciertos productores por ser los favoritos de un grupo en particular, cuando ella hace lo mismo pero con otros productores y obras.
Pero más allá de eso y que son las contradicciones internas de las que ninguno se escapa (más grave es tenerlas, conocerlas y no remediarlas), su yerro más grande, desde mi punto de vista, es que continúan armando sus proposiciones desde la creencia de que existe, per se, el arte. Cuando se leen sus textos, así como los de tantos otros, se cae en cuenta de que podrán representar posiciones incluso antagónicas, que se puede o no estar de acuerdo con su punto de vista, con las conclusiones a las que llegan, pero que en el fondo, y esto es lo importante para mi,  ambas defienden lo mismo, al arte; mejor dicho, lo que ellas, como muchos, incluido yo mismo, creen, han aprendido o    les es conveniente creer es el arte.
 Todos los domingos, en la ciudad en la que vivo, las principales avenidas se convierten, por medio día, en paseos peatonales que aprovechan los productores locales para mostrar y vender sus pinturas, fotografías, textiles, grabados, etc., y todas las semanas me hago la misma pregunta ¿qué falta aquí, en estas mujeres y hombres, en los objetos que producen, para que se conviertan en artistas y su quehacer en arte? Y no es que falte ingenio, cuidado, calidad, en algunos de los trabajos que exponen, quiero decir, no se trata únicamente de que sean o no virtuosos, mucho menos descubiertos y/o redimidos.
Hace tiempo dejé de preocuparme por saber qué es el arte, lo mismo disfruto o padezco de los objetos que dicen son arte que de los que ya han sido descalificados. Visitar los museos es una excelente oportunidad para aprender acerca de las virtudes y debilidades que pueblan el alma de los hombres, así como de las historias de la feliz explotación del talento y capacidad de otros. En cuanto a lo contemporáneo lo mismo me dan las miles de cascarillas de cerámica de Ai Weiwei, que el  trabajo de quien ahora continúa dibujando como si se tratara de un Miguel Ángel redivivo. En todos los casos procuro entender, explicarme su intención comunicativa o simplemente emocional, su relación con otras piezas, etc., si compartimos algo, bienvenida, de no ser así, igual, aunque no pueda dejar de mencionar mis diferencias con ella, de juzgarla, pues está dentro de mis derechos, derechos que adquiero al exponerme a tal o cual objeto.

En cuanto a Olivares y Lesper, no tengo más que agradecerles la generosidad de su trabajo, como diría Michael Baxandall, gracias a él es que podemos seguir conversando.

Publicado originalmente en Milenio Diario
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martes, 13 de mayo de 2014

Las colecciones


Desde el día 8 se presenta en el Centro Cultural Plaza Fátima la muestra intitulada  Interacción, objeto abstracción, proveniente de la Colección FEMSA. En un par de días más, sólo que ahora en Chetumal, Quintana Roo, en el Museo de la cultura Maya, se abrirá al publico de por allá la exposición Diálogos contemporáneos, también de la colección FEMSA.
         Y es que lo que conocemos genéricamente como Colección FEMSA, ha alcanzado tal tamaño, prestigio, solidez e importancia, que a partir de ella es posible armar dos, tres, cuatro, exposiciones simultáneas, o mejor dicho y explicado, puesto que uno de sus objetivos es alcanzar su mayor difusión, ha logrado tal flexibilidad y eficiencia en su administración que al mismo tiempo puede presentarse, por ejemplo, en un museo como el MARCO y en el centro estudiantil del Tecnológico. No olvidar, por otra parte, que esta colección carece de una sede propia en la que pudiera estar permanentemente expuesta.
         Pero no se trata de tener o no un espacio de exhibición, ningún museo del mundo, ni el Metropolitano de Nueva York, el de Orsay, el MUNAL o el MUAC de la ciudad de México,  exhiben su colección completa, lo cual sería prácticamente imposible pues bien se sabe que hay más piezas en sus bodegas que en las salas de exhibición. Así que no es cuestión de espacio sino de aprovechar oportunidades para presentar lo que se tiene a públicos más diversos. Sin duda, sería interesante conocer cuánta gente es la que visita estas muestras, es casi seguro que la de FEMSA ha de ser una de las colecciones más vistas en el país.
         Con un tamaña, prestigio e importancia distintos, la Colección de la Pinacoteca de Nuevo León, lleva a cabo otras estrategias para su difusión. Como en la de FEMSA también se invita a curadores y/o especialistas, para que, en función de sus piezas, organicen diversas exhibiciones, con lo que provocan la circulación de su material con cada relectura. Lo que la distingue es que en estas muestras siempre se agregan piezas y productores que no forzosamente son parte de la colección. Este es el caso de Momentos de inflexión I. Apertura hacia el arte contemporáneo en Monterrey la exposición que este próximo jueves inaugura en sus propias instalaciones. Este empleo de su colección como punto de partida para la planeación y ejecución de las exposiciones, le ofrece a la Pinacoteca la posibilidad de tener una versión siempre renovada de su Colección.
         Existen, por supuesto, otras tantas colecciones públicas en la ciudad, la del MARCO, las de los Tres Museos (Museo de Historia Mexicana, MUNE y Museo del Palacio, cada una con su colección), la de la Fototeca de Nuevo León, así como la del Tecnológico de Monterrey, por mencionar las que quizás sean más destacadas. Bien se sabe que hay importantísimas colecciones privadas, pero poco se conoce de ellas y por su carácter privado se manejan bajo otros criterios sobre los que hay poco o nada que opinar. Sin embargo de las públicas sí que se puede decir algo más, aunque no mucho pues su administración y funciones son las tradicionales, cuando no únicamente están a disposición por medio de la consulta, como sucede en la Fototeca del CONARTE (muy pocas veces se tiene oportunidad de ver expuesta su colección, ni de ella en sí, ni participando en otras muestras. Una excepción es la exposición Mujeres detrás de la lente).
         Es tan complicado armar, mantener, administrar y difundir una colección que hoy día la tendencia mejor apunta a abrir centros culturales o multifuncionales en lugar de Museos. Estos centros, es probable que al paso del tiempo lleguen a contar con su propia colección, pero no es un requisito de inicio, como sí se espera lo sea para un Museo, el cual es casi inconcebible sin una colección permanente. Pero  también parece que seguir pensando en colecciones, por lo menos como las que aquí hemos mencionado, es cosa del pasado, hoy días las obras conservan su valor en tanto cotizan en las subastas fuera de ese momento se vuelven irrelevantes. Ante esta creciente mercantilización del arte hay que agradecer que aún hoy día haya colecciones y que estas se difundan tan generosamente como las de Monterrey.

Publicado inicialmente en Milenio Diario.
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martes, 21 de mayo de 2013

Del Noreste


Me parece que nada mejor merecido que el homenaje que se le pueda brindar a un productor y más en vida, que es cuando realmente puede sentir el respeto, el reconocimiento y el cobijo que una comunidad, su comunidad, le brinda a través de este acto. Así es que el pasado 15 de mayo fue inaugurada la muestra intitulada Paisaje en la piel, con la que la Pinacoteca de Nuevo León reconoce y celebra la longeva trayectoria de la maestra Saskia Juárez.

         Una exposición que me atrevo a decir que no debe dejar de verse, tanto por lo que dice Jorge García Murillo, curador de la muestra, de que se trata de un “Clásico” entre nuestros productores, como por otras lecciones que se pueden aprender del conjunto que aquí se presenta. Pero antes de lanzarse a la Pinacoteca o de rechazar la invitación, vale la pena reparar en las siguientes consideraciones. La primera de ellas tiene que ver con otra de las muchas acepciones que puede tener el término “clásico” entendido no sólo por lo modélico, sino también como algo que no se aparta o difiere de las reglas establecidas y aceptadas, en este caso las que provienen del “canon” con que operó la pintura que llamamos, precisamente, clásica.

         Una más se refiere al doble papel de Juárez como productora y maestra. Teniendo una trayectoria  de 32 años como docente de la Facultad de Artes Visuales de la UANL, sería de esperar que hubiera, en especial entre productores  contemporáneos, muchos más paisajistas de los que hay; el que no resulte de esta manera, certifica lo buena maestra que fue, pues enseñó a pintar, no a ser paisajistas, tentación en la que caen muchos maestros y alumnos también.

         Una última consideración entre otras, sería el citar el ambiente o parte del ambiente en que creció, ya de regreso a Nuevo León, la pintura de Saskia Juárez. Me refiero a que el apego de su obra al paisaje del noreste, a las montañas, poblados y rancherías que aparecen aquí y allá por la geografía del estado, va íntimamente ligado al despertar de una identidad que nos llevó a hablar de una cultura particular del noreste, una cultura definida desde  lo agreste del paisaje hasta la austeridad de la vida cotidiana, la inclinación por el trabajo y el respeto al esfuerzo, una cultura manifiesta en cierto tipo de arquitectura, y determinadas pinturas o formas de pintar, la de Juárez junto con la de Rodolfo Ríos (con quien guardó una estrecha amistad) a la cabeza. No sería exagerado decir que por las pinturas de Saskia Juárez y sus compañeros de andanzas, aprendimos a valorar y apreciar no sólo el paisaje que nos  rodea sino todo lo que se desprende a partir de ahí.

         Sin estas consideraciones es  inútil visitar la muestra pues puede resultar repetitiva y falta de emoción, sin ánimo de innovar (este último punto lo explica perfectamente García Murillo). No hace mucho pregunté a una nobel productora que también pinta paisajes, a qué se debían las formas que daba a sus montañas, nubes, vegetación, etc., la respuesta fue que así lo hace por pintarlos diferentes, a “su estilo”. La obra de Juárez no es producto de un capricho o del deseo por crear un estilo, es el resultado de emplear la pintura para comunicar una determinada interpretación de aquello que se le presenta a la vista, de aquello que ha de ser trabajado, re-presentado por la pintura. La diferencia entre una y otra respuesta, lo que las distancia, es un claro ejemplo de lo que fue la producción pictórica en su vertiente naturalista y lo que hoy día se espera de ella.

         Hay que visitar la exposición de Saskia Juárez pero con el afán de entenderla y apreciarla de acuerdo a sus circunstancia, en su contexto formal e histórico; esperar de ella valores inéditos, sorpresas formales o innovaciones técnicas, equivale a tampoco entender que esta —reconocer institucionalmente la trayectoria de los productores— es también una de las funciones que debe cumplir la Pinacoteca de Nuevo León, es decir, atender al amplio y variado horizonte en el que se manifiestan hoy día las artes visuales del estado.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario
 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Retratado(a) I

Alexander Calder. Frank Crowninshield. 1928
 
El interés o la preocupación por retener y/o reproducir la fisionomía del otro es occidental y se remonta a los últimos años del imperio Egipcio, cuando ya le quedaba poco de su origen y tomaba mucho de los llamados Helenos. Las razones de por qué hacerlo o para qué hacerlo son complejas y han ido variando a través del tiempo, desde las religiosas o mágicas, a las de identificación, seguridad y control, en tal sentido no sólo es un tema occidental sino también moderno. Sea lo que fuere hay algo en este género que no deja de seducir y obsesionar individual y colectivamente, lo que nos hace repetir una y otra vez las mismas acciones. A partir de hoy, y a lo largo de esta semana, presentaremos una selección -no la mejor, no la más completa- de retratos en la que lo importante es tanto el retratado, como el retratador y el retrato en sí mismo.