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martes, 3 de junio de 2014

El arte

Así como decían en la famosa serie de televisión Viaje a las estrellas, que el espacio era la última frontera, así creo que el Arte es nuestra última fantasía respecto al libre albedrío. Invocar al arte es hacer mención no sólo de un reducido grupo de privilegiados (comúnmente los productores) y de un conjunto de cualidades extraordinarias (belleza, perfección, concepto), sino también de un cierto tipo de objetos que habiendo sido producidos por aquel grupo y estando en posesión de esas cualidades, son el ejemplo perfecto, por excelencia, de lo que llamamos arte. En otras palabras, solemos creer que el arte es un asunto que concierne únicamente a individuos especialmente dotados, quienes deciden producir objetos, pinturas, esculturas, fotografías, grabados, con tales cualidades y calidades que son lo que calificamos como arte.
Desde hace tiempo sigo los editoriales que semana a semana, hace circular Rosa Olivares, en uno de los boletines digitales de EXIT. También desde hace tiempo conocidos se esfuerzan por echarme a perder la semana enviándome los textos de la ahora famosa Avelina Lesper. Con ambas tengo puntos de coincidencia (más con Olivares por supuesto), pero también difiero radicalmente con las dos, principalmente porque parecen no darse cuenta que con sus argumentos, con la postura que representan, provocan o refuerzan aquello que pretenden combatir: Olivares al argumentar en contra de la mercantilización internacional del arte y sus consecuencias, no repara en que ella es, precisamente, quien difunde y apoya tal postura a través de la poderosa e influyente organización que dirige, EXIT. Y Lesper, al criticar los privilegios de que gozan ciertos productores por ser los favoritos de un grupo en particular, cuando ella hace lo mismo pero con otros productores y obras.
Pero más allá de eso y que son las contradicciones internas de las que ninguno se escapa (más grave es tenerlas, conocerlas y no remediarlas), su yerro más grande, desde mi punto de vista, es que continúan armando sus proposiciones desde la creencia de que existe, per se, el arte. Cuando se leen sus textos, así como los de tantos otros, se cae en cuenta de que podrán representar posiciones incluso antagónicas, que se puede o no estar de acuerdo con su punto de vista, con las conclusiones a las que llegan, pero que en el fondo, y esto es lo importante para mi,  ambas defienden lo mismo, al arte; mejor dicho, lo que ellas, como muchos, incluido yo mismo, creen, han aprendido o    les es conveniente creer es el arte.
 Todos los domingos, en la ciudad en la que vivo, las principales avenidas se convierten, por medio día, en paseos peatonales que aprovechan los productores locales para mostrar y vender sus pinturas, fotografías, textiles, grabados, etc., y todas las semanas me hago la misma pregunta ¿qué falta aquí, en estas mujeres y hombres, en los objetos que producen, para que se conviertan en artistas y su quehacer en arte? Y no es que falte ingenio, cuidado, calidad, en algunos de los trabajos que exponen, quiero decir, no se trata únicamente de que sean o no virtuosos, mucho menos descubiertos y/o redimidos.
Hace tiempo dejé de preocuparme por saber qué es el arte, lo mismo disfruto o padezco de los objetos que dicen son arte que de los que ya han sido descalificados. Visitar los museos es una excelente oportunidad para aprender acerca de las virtudes y debilidades que pueblan el alma de los hombres, así como de las historias de la feliz explotación del talento y capacidad de otros. En cuanto a lo contemporáneo lo mismo me dan las miles de cascarillas de cerámica de Ai Weiwei, que el  trabajo de quien ahora continúa dibujando como si se tratara de un Miguel Ángel redivivo. En todos los casos procuro entender, explicarme su intención comunicativa o simplemente emocional, su relación con otras piezas, etc., si compartimos algo, bienvenida, de no ser así, igual, aunque no pueda dejar de mencionar mis diferencias con ella, de juzgarla, pues está dentro de mis derechos, derechos que adquiero al exponerme a tal o cual objeto.

En cuanto a Olivares y Lesper, no tengo más que agradecerles la generosidad de su trabajo, como diría Michael Baxandall, gracias a él es que podemos seguir conversando.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: www.artes2010.wordpress.com

martes, 19 de noviembre de 2013

Dinero


Es probable que el pasado día 13 le haya llamado la atención la noticia de que una pintura (de hecho un tríptico) del fallecido pintor británico Francis Bacon (1909-1992) había roto el record de precio alcanzado en una subasta para una obra de este tipo (o de cualquier otro), al venderse en la friolera de ciento cuarenta y tantos mil millones de dólares. Así pues, Three Studies of Lucien Freud (1969) se convirtió desde entonces y por lo pronto en la obra más cara del mundo.

         Independientemente de la pregunta que todos, y con razón, nos hacemos acerca de si realmente esta pintura o cualquier otra, vale tal cantidad de dinero, o de si no habrá una mejor causa en la que tantos dólares hicieran realmente la diferencia, creo que debemos remontarnos e ir más allá para tratar de contestar una pregunta aún más básica: ¿y qué con eso? No hay que pasar por alto dos aspectos envueltos en esta transacción. Uno, que precisamente se trató de una operación económica. Al ser adquirida por un grupo de inversionistas, la obra dejó a un lado su valor cultural y se convirtió en una mercancía o un bien en el cual se invierte con el fin de obtener una ganancia, lo mismo pudo ser un Bacon, que un Munch o un Rivera,  que lingotes de oro, pozos  petroleros, armas, o bienes  inmobiliarios.

         Y, dos, el sistema mismo de subasta. Todos quienes están involucrados en este mercado saben muy bien, por un lado, que los precios que se alcanzan no son los reales, aunque sí llegan a marcar una tendencia. Por otro, que las cantidades récord son, muchas veces, financiadas por la misma casa de subastas a fin de alcanzar las mayores cifras. Por tanto, estos anuncios de obras de arte que logran precios estratosféricos deberían aparecer más bien en las páginas de finanzas o negocios que  en las destinadas a la cultura o  aspectos sociales.

         La pregunta que planteo, ¿y qué con eso?, es claro que nada tiene que ver con lo anterior, por el contrario, apunta al carácter, a la naturaleza, al origen de lo que se vendió. La pieza que Bacon pintó de su colega y compatriota Freud, sigue estando, en este momento (espero), exactamente igual que minutos antes de que el martillero cerrara la puja; dólares más, dólares menos, no tienen mayor importancia, mayor efecto, sobre la pintura. Tampoco será mayormente apreciada, a usted, a mí, como a una gran mayoría, nos podrá gustar más o menos, pero el juicio que ya teníamos hecho sobre la trayectoria, sobre las obras de Bacon, no se verá alterado por estos millones de dólares. Aunque claro, no faltarán los ingenuos que cree que el precio refleja la calidad de la pieza y así pensarán que Bacon es el mejor pintor del mundo.

         Sí hay un efecto negativo en este tipo de negociaciones, y no hablo únicamente de este tríptico sino de todas las obras que se venden a estos precios, y es que prácticamente desaparecen de la vista del público. Difícilmente volveremos a saber sobre la suerte de esta pieza, al igual que la de tantas otras que acaban recluidas en bóvedas de seguridad, en mansiones, u oficinas corporativas, a las que tampoco nadie o sólo muy pocos tienen acceso ¿este es el destino que les habían previsto sus autores? Supongamos que una vez que vendes una obta te importa un pito a dónde va a parar, pero ¿y los demás, su valor cómo representante de un momento, de una tendencia, de unas ideas, etc.?, ¿deberán acabar también lejos de la vista del público; y entonces, cómo sabremos que poseen esos valores? Más daño que favor le hacen a las obras al ser tratadas de esta manera en lugar de verdaderos objetos culturales, que, para empezar, no tienen precio.

         Entiendo perfectamente que en una sociedad como la nuestra los productores, los artistas, deben vender su trabajo para sobrevivir. Es cuestionable que los beneficios, las ganancias, que se pueden obtener por la reventa de su trabajo, nos les alcance a ellos también. Y es, desde mi punto de vista, totalmente reprobable, que por causas que nada tienen que ver con el mundo del arte, se paguen estos súper precios, que a nadie benefician, o más bien, que sólo muy pocos obtengan alguna ganancia, y que esta no sea, precisamente, la del goce estético.
 
Publicado originalmente en Milenio Diario
 

martes, 5 de noviembre de 2013

Reflexionando

 
           Mi buen amigo José Antonio Molina, en uno de los textos que acompañan la exposición de Cristina Garza, reproduce puntualmente lo que es, desde el punto de vista de la proyección geométrica, una “reflexión”, pero olvidó, no quiso, o no le pareció importante, citar la acepción básica del término “reflexión” que es la acción y efecto de reflexionar, lo cual, a su vez, significa considerar nueva o detenidamente algo.

Empiezo por el principio. Me refiero a la exposición Reflexiones, de la productora Cristina Garza, inaugurada a fines del mes pasado en la Pinacoteca de Nuevo León. Me gusta más empezar por la que he dicho es la primera acepción del verbo reflexionar que por las descripciones de mis colegas, porque creo que es esta una muestra que ofrece tantas facetas que bien vale la pena no sólo contemplarla varias veces, sino todas y cada una de ellas, detenidamente. Puesto que la muestra no sólo contiene escultura, sino pintura y dibujo también, habrá que hablar de ella, por la brevedad de este espacio, en términos  generales  pues en él difícilmente podríamos abordar, más o menos satisfactoriamente, una sola de sus facetas.
 

            Un aspecto en el que creo todos coincidimos es que esta es un Cristina Garza desconocida, o mejor dicho, de la que poco habíamos visto públicamente con esta diferente manera de entender y producir escultura (los dibujos no me parece compartan esta diferencia y ni qué decir de la pintura, la cual no tenía el gusto de conocer). La diferencia pues, entre las piezas escultóricas de esta exposición y las que le conocía la mayor parte del público, lleva a sus críticos a “reflexionar” sobre si hay o no un cambio de estilo. Por mi parte, para explicarme tales diferencias, más bien trato de entender qué es lo que quiere decir la productora cuando declara: “Mi intención es ir hacia lo esencial de la forma, tomar las formas básicas como punto de partida para construir el lenguaje (sic).”

La cita anterior me parece más acorde a una evolución que a un cambio, que reúne y explica uno y otro momento de su producción, pues si algo ha caracterizado su trabajo es, precisamente, ese “elementarismo” con que entiende la presencia de los objetos en el espacio. Ahora bien, aplaudo y celebro las intenciones de Garza, tal claridad sería deseable en todos nuestros productores, de hecho es tan fuerte ese impulso que creo es el responsable del “look” retro que tiene toda la exposición, en especial la escultura y la pintura. Me pregunto entonces ¿de qué ha servido más de un siglo (por lo menos) de producción simbólica, si cada productor debe iniciar de cero para construir su (el) lenguaje?
 
 
No niego el valor de esta búsqueda, ni su poder motivacional, mucho menos la calidad de los resultados a que ha conducido a Garza, pero creo, desde la perspectiva de la historia del arte, que esta intención y estos resultados son parte de un aprendizaje, ejercicios, copias (en el buen sentido), de lo que ya otros han alcanzado, para, entonces sí, habiéndote hecho de los rudimentos de tu idioma, lanzarte a encontrar tu propia voz, tu propia manera de decir las cosas.

En el esencialismo de las formas de Cristina Garza, echo de menos toda referencia al material y a los procesos de creación, más tratándose de imágenes, objetos, básicos; las formas no son las mismas si la madera es dura o blanda, pulida o al natural, tallada a mano que con máquina, pegada que machihembrada, grande que pequeña, barnizada que pintada, etc., etc. Creo, también, que tales referencias o tener en cuenta estas diferencias es parte de un lenguaje más personal y de un camino no tan recorrido.

En este sentido, el de trabajar desde cero e ir, como dice Garza, a la esencia de la forma, se repite la frontalidad del objeto y se regresa a su monolectura, no tengo nada en contra de eso, pero después de tantos siglos de producción, me gusta pensar en la escultura, o mejor aún en los objetos tridimensionales, en toda la riqueza del diálogo que establecen con el espacio en el que se encuentran. No  está mal ser purista, pero sí es un  riesgo cuando por serlo en lugar de  pasar a C, tienes que regresar, no a B, sino A, con lo que el trabajo  puede  convertirse en la piedra de Sísifo y un eterno principiar.
 
Publicado originalmente en Milenio Diario


martes, 6 de agosto de 2013

Memoria, narración y fotografía

  
      Las líneas que siguen son un regreso a la exposición de Carlos Ballester en el Centro de las Artes. Dos motivos me llevan hacerlo, uno, explicar con mayor detenimiento lo que veo en su trabajo, y, dos, a partir de ahí, extender la misma argumentación a la fotografía; es decir, me parece que las obras que presenta Ballester en esta exhibición son equiparables a la fotografía en cuanto a cómo pueden ser entendidas, estas piezas y la fotografía en general.

         La semana pasada ligué las obras que se presentan en esta muestra a la narración oral pre-histórica; cada una de ellas encierra una historia diferente que se renueva no sólo con cada nuevo observador o público sino con cada vez que echemos mano de ellos —los trabajos— para recordar y narrar su contenido. En tal sentido las piezas producidas por Ballester serían una especie de recursos mnemotécnicos que auxilian a recordar, a armar, la historia que en ese momento será contada.

 

         Cada una de las “cajas” de Ballester, por ejemplo, encierra un conjunto particular de objetos que al quedar articulados dentro de ellas crean su propio universo. Leer estos universos, saber moverse dentro de ellos, conocer el código de qué va primero y qué después y cuál es la razón de su ubicación dentro de la  caja (arriba, abajo, primer plano, fondo, etc.), son las claves que van haciendo recordar, a quien las emplea para ello, la historia que desea comunicar.

         El procedimiento no es extraño (usar objetos para recordar) y desde la antigüedad se conocen y emplean, una variante de ellos es el llamado Ars Memoriae que ha llegado a nosotros a través de la obra de los oradores latinos Cicerón, Quintiliano y el texto Ad Herennium de autor desconocido (para más información consultar El arte de la memoria de F. A. Yates). Dos elementos son clave en el proceder recomendado por ellos, los llamados loci, o lugares, y las imagines, las imágenes. Así pues, para recordar con precisión el orden de los argumentos o preceptos que tenía que manejar un orador, este iniciaba, como mnemotécnica, por inventar lugares que pudiera reconocer fácilmente e inmediatamente formar las  imágenes de aquellas cosas que quisiera recordar y ubicarlas en tales lugares. Reconocer un lugar y ver las imágenes que lo pueblan es recordar las cosas a las que están ligados ambos, es decir los loci y las imagines.

Así es como funcionan las “cajas” de Ballester, cada una de ellas es un lugar que contiene sus propias imágenes, recorrerlo es ir recordando la historia de la que dependen. Sin embargo, esta –la historia— siempre es nueva, porque siempre es diferente el que recorre los lugares y contempla sus imágenes. Por eso son pre-históricos, porque sus contenidos no están escritos en ningún lado, no son letras, son imágenes, y cada vez que alguien las contempla empieza de nuevo la historia que cuentan.
 

 

         La fotografía, por otra parte, es en sí el loci de los oradores, hablo del objeto que contemplamos y que en sí mismo y por sí mismo es un espacio que contiene imágenes que al observarlas nos traen de la memoria historias que contar, es decir la fotografía como objeto es también un dispositivo mnemotécnico. Pero resulta, como en el caso de las impresiones hechas por Ballester sobre el naufragio y posterior rescate patagónico, que la imagen de la fotografía por sí sola no ofrece más información, o mejor dicho, esas imágenes no poseen una información única, objetiva, reconocible por todos, por el contrario, esas imágenes —y en eso radica las fascinación que ejercen sobre nosotros— son renovadas con cada observador, cada uno de nosotros las empleará para contar su propia historia tal y como lo ha hecho Carlos Ballester en este caso (por eso es que no las presenta únicamente como fotografías rescatadas), lo mismo sucede con cada fotografía que vemos.

         La imagen fotográfica en realidad es muda por lo que hay que asociarla a aquellos eventos que deseamos recordar. Una vez pasado el evento o cambiando de público, son como tablillas de arcilla sobre las cuales se puede volver a inscribir cualquier otra historia.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario


martes, 23 de julio de 2013

PARA... ¿qué?






A la memoria de
Dn. Mario Herrera,
incansable ejemplo a favor
de las artes visuales.
Descanse en paz.
 

         Desde hace un par de semanas me habían comunicado el probable fallecimiento de Dn. Mario Herrera en su natal Saltillo. Hasta ahora lo he podido comprobar. Me parece una pena su desaparición como también el que nadie más lo haya recordado cuando tanto le debemos. El, junto a Giancarlo Von Nacher, Dn. Alfredo Gracia y alguno más, animaron durante años la escena cultural de esta ciudad a través de sus textos que puntualmente se publicaban semana a semana en la prensa local. Si alguna vez se desea hacer la historia de la crítica de arte en Monterrey se debe incluir, sin lugar a dudas como figura pionera, a este singular personaje que cada ocho días lo mismo viajaba de Saltillo a Monterrey o a la Ciudad de México, para poder dar cuenta de las principales exposiciones del momento. Mucho tendrían que aprender de él las nuevas generaciones: dedicación, honradez, preparación, humildad, fraternidad, compromiso son su quehacer, etc. Espero que estas líneas les hagan recordar a muchos todo lo que aprendimos por y con Mario Herrera.

         Ahora que recuerdo a Dn. Mario, cómo me gustaría saber qué opinaría de una exhibición como la que se presenta en la planta baja del antiguo Palacio Federal, en la llamada Galería CONARTE, abierta al público desde el pasado día 16. Me refiero a la intitulada PARAC 12, o sea Programa de Alto Rendimiento en Arte Contemporáneo 12.

         Según la cédula de sala este programa, que inició el año pasado y concluye con esta exhibición, consistió en una serie de asesorías y tutorías a un grupo de productores visuales a lo largo de 12 meses. Personalidades y especialistas de la ciudad de México y de aquí mismo, fueron los responsables de guiar a un grupo de 16 productores que fue seleccionado de 60 suspirantes, pero que con el tiempo terminó por contar con sólo 12 miembros, y por alguna razón que no se explica sólo llegaron a exponer los 8 que aquí vemos, es decir, se perdieron en el camino otros 4 o decidieron, como Macarena Iturbide, dedicarse a la teoría.

         Mi primera impresión es de sorpresa pues ¿cómo, si eres productor o aspiras a serlo, requieres de tutorías y/o asesorías para que te digan qué hacer; cómo hacer que tu trabajo parezca “contemporáneo”? Pasado este cuestionamiento y observando lo expuesto, no estoy seguro de cuál puede ser el balance final de la experiencia, si hacer piezas que recuerden lo hecho por Damián Ortega, Abraham Cruz Villegas, Gabriel Orozco, Gabriel Kuri y compañía, se considera exitoso mal andamos; si esto supera lo que antes hacía este mismo grupo, tal vez hayan roto barreras importantes con estas piezas, pero por supuesto no son material de exhibición.

         Este es el principal problema al que nos enfrenta lo que se expone: se trata de trabajos que dan la impresión de ser inmaduros (salvo las fotografías de Daniela Garza, que tampoco son cosa nunca antes vista), faltos de auto-reflexión, formalistas, apresurados. Quizás la mayoría de ellos apunte en la dirección correcta, pero falta trabajo, crítica, disciplina y mucha humildad.

         Por otra parte, tal y como se presenta la exhibición y viendo el nivel de los resultados (estemos o no de acuerdo con lo presentado), el programa mismo y los objetivos que presume son una llamada de atención a la educación artística que hay en la ciudad, pues al parecer ni satisface las expectativas de sus alumnos, ni presenta opciones para quienes sin estar inscritos en el sistema formal, sí están interesados en su preparación teórica o práctica. Ahora sí que como dice el dicho “a falta de pan...buenas son tortillas”, lo que constituye una llamada de atención a la educación formal.

Lo anterior de ninguna manera niega las valiosas aportaciones de la educación no-formal o la auto-formación, pero sí pretende hacer énfasis sobre la necesidad de una mayor coordinación entre uno y otro sistema. Así quizás, entre todos,  pudiéramos, cumplir con las  expectativas de los productores y mejorar los niveles de rendimiento que por ahora exhiben.
 
Publicado originalmente por: Milenio Diario
 

martes, 9 de julio de 2013

Del uno al nueve

 
 

     Advierto que a pesar de estas líneas no me interesa entrar en polémicas, ni discusiones estériles, mucho menos en dimes y diretes que tienen más la finta de chismes de vecindad, que de análisis más o menos serios que valga la pena considerar.

         El pasado cinco de julio se abrió al público la ahora llamada Reseña en la Casa de la Cultura de Nuevo León. Aún antes de inaugurarse, la muestra fue duramente criticada por presentar únicamente once trabajos de un total de 185 que fueron recibidos. La crítica arreció porque entre los escogidos no hay pintura, grabado o escultura (dibujo sí y bueno por cierto), por lo que se llegó a pedir se anulara el fallo del jurado, se repitiera el proceso incluyendo las prácticas ahora desaparecidas, y poner la lupa sobre las intenciones, intereses y procesos seguidos no sólo por el jurado convocado para esta ocasión, sino en cualquier otro que participe en eventos similares, a través de un supra organismo visor y garante de su honestidad y justicia en sus fallos.

         Creo que es un error cuestionar a este u otro jurado sólo por no seleccionar a nuestros favoritos; acusarlos de parciales y de seguir sus propios gustos e intereses (¿qué jurado en qué parte del mundo no lo hace?), y pedir que en la constitución de cualquier salón haya cuotas, es decir tantas pinturas, tantas esculturas, tantos grabados, para ser considerado transparente, objetivo e imparcial (¿por qué no pedir también que tenga una parte proporcional de mujeres, minorías raciales y sexuales, de amateurs, estudiantes, enfermos, etc.?)

         Creo también que el verdadero problema no es esta exhibición en particular, me parece, más bien, que todo inicia con una falla en la concepción del evento. Los problemas planteados y muchos más, no se van a resolver por cuestiones nominales, es decir, cambiar el nombre del evento no allana los obstáculos, según mi opinión, los complica, entre otras cosas, al romper la secuencia de un evento que es parte de la historia de las artes plásticas en el estado. Aun así, si se le quiere enterrar, que se haga, pero que se publique su defunción y no sólo se tape porque a los tres días el muerto apesta.

         Cuando se avisó que se definiría o redefiniría la vocación de los espacios que dependen del CONARTE, sonaba a que los concursos que patrocina o copatrocina, sufrirían igual destino, incluida esta Reseña; por cierto ¿cómo es que un evento de este tipo se transforma en concurso con premios?,¿es entonces una competición o una muestra de lo que se produce en el estado? Por qué no se arman de valor y declaran que la reseña, el resumen, o como quieran llamarle, será un concurso de pintura (en todas sus modalidades), en vez de sacarle la vuelta inventando teorías y explicaciones post-apocalípticas en las que la pintura ya no existe, toda vez que hay un salón de la fotografía, otro de arte emergente, de nuevos medios, etc.

         Lo que además no encuentro por ningún lado es alguna consideración crítica sobre las piezas que sí fueron seleccionadas. En lugar de pretender ser políticamente correctos y declarar que no se tiene nada en contra de estos nueve productores, ¿por qué no centrar la discusión en sus trabajos, en lo expuesto que, finalmente, es lo único cierto que conocemos del proceder del jurado y sus apreciaciones? Si no hay pintura es porque estos once trabajos, en esta entrega, la desplazaron, ¿por qué no, entonces, cuestionar lo entregado, estos trabajos o tal desplazamiento, y dar a conocer las razones, los argumentos que apoyen tal crítica? Sólo cuando lleguemos a este nivel de discusión, creo, estaría más que justificado poner en duda la decisión de un jurado (que obviamente se puede equivocar o estar mal informado).

         Por mi parte, creo que son muchas las piezas expuestas, con seis hubiera sido más que suficiente; por ejemplo, no habría seleccionado dos piezas de Alejandrina Herrera y de Leo Marz, dadas las circunstancias, con una basta y sobra.

         Mucho trabajo le aguarda a la Casa de la Cultura, al CONARTE y su nuevo Consejo, para evitar que el próximo año asistamos de nuevo a este mismo y decrepito espectáculo.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

miércoles, 22 de mayo de 2013

Reflexión sobre el Noreste (I)

Saskia Juárez. LLuvia lejana. 2008
 
Puedo entender que temas como la identidad cultural del noreste (o cualquier otro semejante) haya ido desvaneciéndose conforme la realidad de la sociedad global u occidentalizada se ha impuesto como la única posible, o la principal de ellas, a la que es deseable -y hasta necesario- incorporarse so pena de abrir aún más la brecha que separa a los países occidentalizados de los que no lo son (antes del primer y tercer mundo, centrales y periféricos, desarrollados y en vías de desarrollo, dominantes y emergentes, etc., etc.) Lo que me resulta más complicado explicar es cómo el tema dejó de interesar a los productores, cuando aún en el último cuarto del siglo XX hubo una serie de exposiciones que buscaban explorar si no el tema directamente (la identidad cultural) sí aspectos que tenían que ver con la relación del productor, su medio nativo, el medio global, y su obra; pienso, por ejemplo, en Mito y Magia del MARCO, Le Magiciens de la terre del Pompidou, o Primitivism in 20th. Century Art del MOMA. Esta clase de relación fue la que alimentaba o alimenta obras como la de Saskia Juárez (al margen del gusto o aprecio que nos pueda despertar), la arquitectura de Tadao Ando, la fotografía de Robert Frank o Lee Friedlander. ¿Habrá dejado de importarnos entender qué le debemos a nuestro(s) medio(s), en qué tanto son y/o han sido coparticipes, responsables, de nuestro quehacer? ¿Será hoy día más imprtante la homogeneidad, la unidad, la identidad global, que el sabernos individuales y producto de historias particulares?

lunes, 22 de abril de 2013

Feria (6)

 
Ayer mencionamos a la Bienal de Dubai medio en broma y medio en serio como ejemplo de un evento que substituye su falta de tradición por dinero y mucho. Sin duda esta feria es la más importante de la región de oriente medio, norte de África y sureste asiático, mejor conocida como MENASA y que, como se comprenderá, representa un mercado potencial de muchos miles de dólares, tan es así que entre las acrividades que se realizan de manera paralela a la exhibición de las galerías y demás encargados del mercado, se encuentra el Global Art Forum, cuyo nombre lo explica todo y da una perspecriva de lo que que se persigue en eventos de este tipo tal y como lo hemos venido señalando.
 

domingo, 21 de abril de 2013

Feria (5)

 
Si ayer mencionábamos la relativa seriedad que le da la Bienal de Venecia a estas ferias de Arte Contemporáneo, no podemos pasar por alto a la llamada documenta, el evento que cada 5 años sucede en la ciudad de Kassel, Alemania, fundado o iniciado en 1955. Probablemente sea este, más que cualquier otro evento de esta clase, uno de los ejemplos de cómo es que en un intento por mostrar lo último de la producción visual, se acaba convirtiendo en una feria comercial. No obstante nadie se atrevería a confundir la documenta con la bienal de Dubai.
 
(Imagen: www.fotopark.at)

sábado, 20 de abril de 2013

Feria (4)

 
Antes que los chinos reclamen para sí este título también, mencionemos a la Bienale, quizás la feria de arte más antigua de todas ya que, como se sabe, se viene celebrando cada dos años desde 1895. Por supuesto que nos referimos a la Bienal de Venecia, que si no es la más longeva sí hasta ahora es una de las de mayor prestigio en el mundo. Curiosamente su fama va más allá de todas las otras ferias o encuentros de arte contemporáneo, será por su tradición, por la ciudad que la acoge o por el valor que le otorga a lo cultural antes que a lo comercial, por lo que sea pero la Bienale tiene eso que ninguna otra ha podido lograr.
 
(Imagen: www.archdaily.mx)

viernes, 19 de abril de 2013

Feria (3)

 
No creo que para alguien sea sorpresa ver como han ido creciendo, en tamaño e importancia, los eventos organizados en China, en particular los que se refieren al arte ontemporáneo. Tal y como es el caso de SH Contemporary, una de cuyas imágenes del año pasado vemos aquí. Al paso que se tiene, dentro de muy poco el mercado global del arte tendrá su centro de gravedad en esta ciudad. Lo que ahi se decida y lo que ahí circule se convertirá, a no dudarlo, en las tendencias de mayor vigencia y circulación, hasta no ser relevadas por las del siguiente año y así sucesivamente.
 

jueves, 18 de abril de 2013

Feria (2)

 
Aspecto general de Art Basel Miami Beach, 2012. Interesante que se encuentre la referecia a este evento en una página dedicada a negocios o al mundo financiero, que se presente, en la imagen, un aspecto más bien de tipo social, y que el contenido de la reseña hable de arte. Esa es la combinación, exactamente, que define al arte contemporáneo.
 

miércoles, 17 de abril de 2013

Feria (1)

 
Dada la fuente, en realidad no tiene mayor importancia quién aparece en la imagen. Lo que iremos subiendo a partir de este día, será una serie de imágenes que reflejen las visitas, los encuentros o aspectos generales de las ferias internacionales de arte. Iniciamos con ARCO, Madrid, de este año, con ella ya nos podemos ir haciendo una idea de cuál será el material que ilustrará el tema a lo largo de esta semana.
 

miércoles, 10 de abril de 2013

Cuevas, José Luis (a)


Hubo un tiempo en que al mencionar el nombre de José Luis Cuevas o al ver su imagen, sucedía una de dos cosas: Se entraba en estado de irritación profunda en el mejor de los casos, o se derretía cual paleta helada de limón, ahí mismo, en el lugar en que se manifestaba la diabólica imagen del terrible José Luis. De él se decía todos los días se tomaba una fotografía, o se hacía un autorretrato, a fin de llevar el registro puntual de su paso por esta tierra (hoy a los 79 años, ya no le debe parecer tan gracioso ver cómo, día a día, se hace más y más viejo). Tan seguro estaba Cuevas de su sex-appeal, que ofrecía a toda joven en verdad amante del arte, ambiciosa y de corto presupuesto, hacer con ella o junto con ella, un auténtico Cuevas, con certificado y toda la cosa, para que no hubiera problemas con los falsos. Entre puntadas como estas, grabados y dibujos, se le pasaba José Luis escandalizando las buenas conciencias de la culta burguesía nacional.
 
(Imagen:www.solucionpolitica.net.net)

martes, 12 de febrero de 2013

Ordenando el cuento

 

Tenía curiosidad por ver la exposición Yuxx  de Ismael Merla, inaugurada el pasado 30 de enero en Arte, A.C. Merla junto con Mario García-Torres, Fernando Villalvazo, Manuel Mathar, Gerardo Monsiváis, Roberto Arcaute, aunque no son de la misma generación sí forman un grupo compacto que empezó a formarse en torno a la extinta galería BF 15, y que con suerte diversa, han seguido produciendo y presentándose principalmente en la capital del país o el extranjero.

La meteórica carrera de estos jóvenes, empezada en la última década del siglo pasado cuando muchos apenas llegaban a los 20 años, tuvo distintos efectos sobre ellos, en el caso de Ismael Merla lo  llevó a un profundo cuestionamiento respecto a su papel, función y ubicación dentro del campo del arte, lo mismo que con sus relaciones con los demás agentes del campo: galerías, curadores, críticos, coleccionistas, museos, etc. Así, quien para entonces ya había presentado su quehacer en ferias internacionales y ser invitado obligado en cuanta muestra sobre arte contemporáneo hubiera aquí, allá y/o acullá, decidió, en torno al 2007 si no retirarse sí abrir un amplio espacio entre su producción y los sistemas de circulación de su trabajo, como quien pone pausa en  una grabación ya sea para preparar  lo que sigue, reflexionar sobre lo  hecho, o simplemente para descansar y tomar aire fresco antes de continuar.

Como se entenderá, la  ausencia de Ismael Merla del circuito de las exposiciones, no significó  que dejara de trabajar o verse involucrado en diferentes proyectos,  antes al contrario, siguió  desarrollándose ya como productor  o como agente de otras iniciativas,  siempre con espíritu punzante y  cuestionador del papel del productor  y de las diversas instancia que  intervienen en el campo cultural.

Así pues, la exhibición que abrió Arte, A.C., representa la primer muestra individual de Merla desde hace seis o siete años, y lo menos que podríamos decir es que no ha trabajado. De más de 200 piezas, Juan Alberto Mancilla, quien actuó como curador, seleccionó junto con Merla, un total de 31 conjuntos (distribuidos de la siguiente manera: 21 de ellos contienen 3 piezas; dos llevan 4; y hay ocho enmarcados individuales) que son los que se exhiben en la muestra.

Se trata de piezas de pequeño formato (unos 15x25 cms. aprox.) trabajadas como collages y decollages, que se presentan dentro de “marcos contenedores” ya sea individualmente, en tríos o, como ya se dijo, en grupo de 4. El resultado es una muestra homogénea, limpia, congruente, y si no se puede decir que elegante, sí que resulta lo suficientemente atractiva como para no perdérsela.

Collage y decollage más que ser técnicas contrapuestas se complementan, en una agregas en la otra quitas pero en ambos casos lo que se pretende es crear un nuevo ordenamiento, otra manera de presentar, de clasificar, de encontrar, y en el proceso dar, casi al azar, con formas inéditas que revelan contenidos ocultos por las maneras tradicionales en que ordenamos o clasificamos la información; el ejemplo típico es el diccionario o la enciclopedia, subvertir ese orden sería una de las finalidades de estas, más que técnicas, estrategias al alcance de los productores. Así ha procedido Merla en estas obras, a cientos de imágenes obtenidas de revistas de todo tipo, comics, diagramas y láminas de enciclopedia, les ha dado un nuevo orden antes de desecharlas, esta y no otra, será la imagen que prevalecerá de todo el material que estuvo acumulando quizás por años.

Más me parece que el principal mérito de estos trabajos es que se trata de obras honestas, producto de la reflexión y una postura personal sobre su propio quehacer, evolución y asociación con los demás. Si su retiro voluntario fue muestra de su madurez como productor, esta exposición es el aviso de que ya se encuentra listo para regresar al circuito de las exposiciones, y qué  bueno que así sea pues se necesitan más productores de este tipo.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

martes, 15 de enero de 2013

Amateurismo, accidentes y otros rollos

Gabriela Camerotti. Retrato. s/f
 

       Una de las características que llama la atención respecto a lo que se presentan como Fotografía Contemporánea es su falta de distinción con la fotografía amateur, o sea, aquella que se ejecuta, primero, sin tomar en cuenta aspectos de orden técnico y/o formal; y, segundo, que se lleva a cabo sin otro fin que el puro esparcimiento de quien la toma y de quien(es) la observe(n), de ahí que siempre sean de carácter más bien íntimo, personal.

         A diferencia de la pintura, el grabado o el dibujo, tomar fotografías es infinitamente más sencillo. Convertirse en un pintor solvente puede tomar toda una vida, en cambio, al cabo de unas cuantas horas (y quizás mucho menos), habiéndose familiarizado con el aparato que se tenga entre manos, hacer una y luego cientos de fotografías no lleva más tiempo. Sintomáticamente, la distancia que separa el aprendizaje y práctica de la pintura y la fotografía es la misma que distingue  al mundo clásico del Moderno. Por su parte, el desarrollo del aspecto mecánico, técnico, de la fotografía ha seguido por dos caminos, uno haciendo instrumentos cada vez más precisos y finos; el otro, en sentido contrario, buscando hacer realidad el lema de la Kodak, esto es, que el   usuario únicamente apriete el botón  y no se preocupe por nada más. Es  claro, por tanto, que en nuestra  época, la de la imagen digital, tal  sueño se ha cumplido y con él, el  predominio, el triunfo del  amateurismo.

         Visto del otro lado,  recordemos que, desde sus inicios,  la fotografía fue una cuestión, un  asunto apropiado para los  amateurs, tan amateur fue Henry  Fox Talbot como Daguerre, Le Gray,  o Niepce. No olvidemos tampoco  que es este aspecto el que  complementa la democratización de  la imagen.

         Pareciera pues, que la  fotografía ha sido hecha para los amateurs, quienes, además, por otra parte, son quienes han sabido sacar provecho de aquello que en principio parecía un accidente, un yerro en el proceso de tomar una fotografía. Imágenes movidas, fuera de foco, sin composición, a contraluz, etc., son resultados que poco a poco se fueron incorporando al lenguaje de la fotografía, dejando de ser accidentes para convertirse en aciertos o recursos que facilitan la comprensión de una imagen. Como será fácil entender, este curioso proceder, lejos de desalentar a los amateurs, es prácticamente una patente de corso para continuar con su implacable uso de la cámara.

         Fuera del uso privado, doméstico de la fotografía amateur, ésta se vuelve atractiva por su espontaneidad, candidez, frescura, y, entre lo más importante, por su falta de compromiso con modelos estéticos, éticos o políticos preconcebidos (lo mismo que atrae en las pinturas llamadas Naifs). Así, lo que en principio es simple falta de atención o consideración con respecto a la técnica o la forma (ya hemos dicho que se toman sólo por diversión), se convierte si no en una virtud, sí en un rasgo apreciable, lo mismo que con los accidentes que ya hemos mencionado.

         Que la fotografía contemporánea se identifique con la práctica de la fotografía amateur se debe a varios o todos los puntos que hemos mencionado aquí. Pero advirtamos que no es lo mismo este tipo de fotografía, la amateur, que la que se ha apropiado de algunos de sus rasgos para hacer de ellos un estilo, una forma identificable de proceder, de enfrentar la producción de imágenes. Quizás se trate de una reacción en contra de las ultrasofisticadas imágenes digitales de la industria del entretenimiento; o puede ser una tendencia del mercado, un producto fácilmente remplazable; o, ya para terminar, también es posible que se trate de falta de creatividad, flojera o incapacidad para pensar en temas, motivos más elaborados, o para tomar en cuenta la historia del propio medio. Creo que la verdadera fotografía contemporánea es, precisamente, la que no se asemeja en nada a lo que aquí hemos expuesto.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

jueves, 6 de diciembre de 2012

Más de hoy (jueves)

 
Mark Jenkins. Strong. s/f
 
Supongamos que creemos que una de las funciones de los objetos simbólicos, es la de ofrecer visiones, representaciones, inéditas que nos permitan conocer y conocernos mejor, de otra manera o bajo otra óptica, si así es ¿importa que sea una pieza del imperio romano de oriente que una producida en este momento en el garage de algún suburbio del Brasil?