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martes, 16 de septiembre de 2014

Días de lluvia


No deja de maravillar la regularidad que posee la naturaleza a pesar de todo lo que hemos hecho por alterarla. Cada año, después del caluroso estío inician las lluvias tan esperadas pero también tan odiadas o temidas cuando llegan. Como sea, además de lo mucho que significa el agua para una ciudad como la nuestra, de los destrozos que llega a causar y de ser el anuncio infalible de que se acerca el fin de año, la lluvia trastorna nuestra vida y obliga a que cambiemos de actividades.
         Hace muchos, muchos años, cuando llovía y debíamos refugiarnos en casa, cuando nos quedábamos sin luz por cualquier llovizna, mi madre debía sumar a su lista interminable de deberes domésticos, la de entretenernos para que no causáramos destrozos o termináramos en pelea campal de unos contra otros. Recuerdo que así fue como conocí la versión materna del teatro de sombras, y a través de él las más asombrosas narraciones de la literatura infantil. Pero este no era su mejor truco para hacernos pasar una tarde lluviosa, lo mejor era cuando de algún closet o ropero sacaba una caja de zapatos o de sombreros, le practicaba en pequeñísimo orificio en una de sus caras más cortas, después, en plena obscuridad del cuarto, nos hacía sentar teniendo al frente la caja y prendía un pequeño cabo de vela que situaba al frente de ella, justo a unos centímetros de donde estaba el orificio antes practicado. Lo que  sucedía a continuación era casi un  acto de  magia y a pesar de todas  las veces que mi madre nos enseñó  lo mismo, nunca dejamos de  terminar encantados, como si  hubiéramos visto algo de otro mundo. Al fondo  de aquella caja  aparecía la imagen invertida del mismo cabo de vela que ardía fuera de ella, bastaba con interponer la mano en cualquier momento para que desapareciera ésta o bien que regresara la luz para hacernos despertar del influjo de la imagen proyectada.
         Muchos años después vine a enterarme al igual que mis hermanos y vecinos que el acto de mi madre no era otra cosa que la demostración de una cámara obscura; lograr que esa imagen que aparecía al interior de la caja, fuera permanente y no volviera a desaparecer fue el gran triunfo de la fotografía.
         De aquellas experiencias infantiles a la actualidad, conservo la relación fotografía-lluvia, o sea, como fue que, sin saberlo, conocí por primera vez lo que sería la fotografía gracias a la lluvia, pero igual me vienen a la mente fotografías en las que la lluvia es su principal protagonista, por ejemplo un par de hermosas imágenes de Manuel Ramos, una en la que se ve completamente inundada la plaza de la Constitución o Zócalo de la Ciudad de México, y la otra, una imagen limpia como si la lluvia hubiera hecho su trabajo, del mismo zócalo pero transparente con la catedral al fondo y los famosos Pegaso que custodiaban sus cuatro esquinas (hoy en la plaza frente al Palacio de las Bellas Artes), ambas de 1920, o el extraordinario e irónico Tláloc de Héctor García, de 1964. Llenas de nostalgia son las muy pictorialistas Lluvias de verano de Alfred Stieglietz cuando apenas despuntaba el siglo XX (son de 1902).
Samuel Ramos, 1920

Alfred Stieglitz, 1902

         Curiosamente, en esta ocasión, no es una fotografía mi imagen favorita de la lluvia, sino las muchas tratadas en la inmensa serie de México bajo la lluvia de Vicente Rojo (1983). Lienzos, estampas, textiles, esculturas y arte objeto, completan la serie, que es un homenaje sin paralelo a la Ciudad de México, pero también a la pintura y demás artes visuales, y, principalmente, a la infinita capacidad renovadora de la creación humana, que en lugar de agotar los temas los potencia al infinito. Una serie, que desde mi punto de vista, es piedra clave del arte mexicano que vendría después y que, también es mi apreciación, no ha sido suficientemente estudiada y valorada.
Vicente Rojo, 1983

         La lista de fotografías en las que aparece la lluvia podría extenderse en número y a lo largo del tiempo, de las tormentas marinas de Le Gray, a las infames imágenes de las anegadas trincheras de la Primera Guerra Mundial, a las de Gerardo Suter y su penúltima región. Ahora que lo pienso bien, me parece que después de la nieve (que es agua congelada), la lluvia es el segundo de los elementos más abordado por las artes visuales, incluso imágenes de un futuro, lejano o no, como Blade Runner, nos muestran nuestras ciudades inteligentes bajo una pertinaz lluvia, no en balde tres cuartas parte de este planeta están cubiertas por agua.
         Empieza a llover de nuevo, habrá que irse adaptando al cambio de temporada y aunque aún quedan días de luminoso y cálido sol, el año ya ha entrado en su última fase.

Publicado originalmente en Milenio Diario.
Ver también: www.artes2010.wordpress.com
Imágenes: http://museografos.com; http;//en.wikipedia.com; www.suremexico.com

martes, 28 de enero de 2014

Uso y servicio de la fotografía

     De vez en vez exploro o escudriño en la bibliografía de ciertos pensadores buscando trabajos, referencias, citas que hayan podido hacer o hagan sobre la fotografía. Hace tiempo me he venido interesando en el trabajo de aquellas mujeres y hombres que vivieron la consolidación de la Modernidad, los primeros 20 años del siglo XX y quizás un poco antes. Mi interés radica en conocer de qué manera, en ese momento en que se están definiendo tantas cosas relativas a nuestra forma de vida (países, clases de gobierno, usos de la ciencia, educación masiva, aplicación intensiva de las tecnologías de la primer revolución industrial, gigantismo de las ciudades, comercio internacional, expansión de la cultura de vanguardia, etc., etc.), se vio, entendió y apreció la fotografía (la imagen, el objeto, el acto y el aparato), creo que de esta manera, a través de estos textos, nos será más sencillo comprender, por ejemplo, porqué para una personalidad como Walter Benjamin, la fotografía era el invento más moderno de todos.
     Resultado de estas indagaciones y a propósito de Benjamín, me he topado con la obra de Sigfrid Kracauer (1869-1966), un ingeniero alemán exiliado en los Estados Unidos a partir de 1933 asociado a la Escuela de Fráncfort, tanto por haberse ocupado de las manifestaciones de la entonces nueva cultura de masas, como por su amistad con Adorno, Benjamin y Bloch. Y aunque muchos de sus análisis conservan un dejo de espiritualismo o metafísica, el tratamiento y las observaciones que hace sobre la fotografía no dejan de ser interesantes y seguir resonando por conservar la actualidad con que fueron escritas (El libro del que he tomado las ideas de Kracauer es el editado por GEDISA, en 1963, El ornamento de las masas, en particular del apartado “La fotografía y otros ensayos”. Hasta donde sé hay otro volumen en español y la edición de todos sus ensayos en inglés).
     Espero que con esbozar brevemente un par de sus observaciones sea suficiente para retratar la clase de intelectual que fue y el interés que aun hoy día pueden despertar sus ideas. En un momento dado se refiere a la información que nos provee una fotografía y apunta que si nos dejamos guiar por el tema principal que parece ocupó a su autor lo más probable es que pasado un tiempo éste se vuelva ininteligible, es decir, el devenir diluye la probable información que pudiera contener una fotografía (esto es verdad especialmente en cierto tipo de fotografía de retrato o documental). Dar con el significado original, suponiendo que se pueda hacer y en todos los casos, requiere de un tiempo, recursos y habilidades, que no posee el observador común. Mas si esta información puede perderse irremediablemente, el mismo tiempo nos regresa otro tipo de datos tan valiosos como los perdidos. Kracauer menciona que el contexto –el espacio- y lo considerado en un primer momento como circunstancial, la ropa por ejemplo, se convierte en valiosa información que nos permite conocer (nos informan de) tiempos y espacios de otras épocas.
     El éxito y la enorme difusión de la que goza en la actualidad la fotografía puede ser explicada en parte, siguiendo a Kracauer en otro de sus apuntes. Al hablar de la “fotografía artística” (aunque no la defina) dice que esta actúa a favor de ciertas fuerzas sociales que están interesadas en impedir las verdaderas manifestaciones del espíritu, por lo que únicamente ponderan sus apariencias, que es precisamente lo que ofrece este tipo de fotografía. Repasemos ahora la gran cantidad de imágenes fotográficas y en movimiento con las que convivimos a diario y aceptemos con Kracauer que son superfluas, triviales, vulgares, epidérmicas; generalmente decimos que así lo son porque tales son las características de nuestra sociedad; cierto, pero también cumplen con una función, la de impedir reconocer o que se manifieste lo que el pensador alemán llamaba el espíritu.
     Observaciones, conceptos, teorías de otros momentos que reflexionan sobre los sucesos de su tiempo, pero que para nosotros pueden servir de faros que también iluminen la comprensión de la cultura contemporánea.

Publicado originalmente en Milenio Diario.
Ver también: www.artes2010.wordpress.com
Imagen: www.wikipedia.org
  

lunes, 15 de julio de 2013

Del más allá

Creo que a ninguno se nos escapa que con el cambio de siglo y quizás desde un poco antes, hay un aumento considerable en la circulación o difusión de conocimientos o saberes, digamos, alternativos. Son muchas las razones que explican este fenómeno, que incluso podría ser que se trate de algo cíclico, es decir, que aparece de vez en vez cuando se conjugan de cierta manera ciertas variables. En el terreno del arte, la aparición de este conjunto de ideas, se suelen manifestar de diferentes maneras, una de ellas es a través de la búsqueda o construcción de identidades, otra, asociada a ésta, por el retorno a la semilla, y una más, por la crítica o destrucción del presente, etc., y quizás, la favorita, es la creencia en un conocimiento superior que ha estado marginado por siglos, pero que es el que nos pondría en comunicación directa con la o las divinidades, el cosmos, el Elan vital, etc., revelando una realidad inédita y a la que sólo se podrá acceder por medio del arte. Reconozco y respeto todas las posturas, pero hay algo en esta que me incomoda de sobremanera. Sobre este tema y sus implicaciones tratará el artículo que aparece todos los martes en este mismo espacio, ojalá me acompañen en su exploración.

lunes, 8 de julio de 2013

y el ganador es...

¿Puede un pintor sentirse ofendido porque a otros les parece que la pintura desde hace mucho está declarada muerta? Me parace que en su lugar debiera esbozar una sonrisa, la de la victoria incluso, pues a pesar de tantas defunciones el medio continúa siendo un vigoroso medio de expresión, y para enojo de muchos, la manifestación artística que sigue encabezando este terrirorio. Pero, ¿vale la pena volver a sentarse y discutir el punto? Me parece que no, y cuando surgue alguien que desea hacerlo de nuevo, habría más bien que detenernos para ver qué es lo que en realidad quiere decir con su protesta o reclamo. Estas son alguna de las aristas del tema que en mi artículo de mañana estaré abordando con motivo de la llamada Reseña 2013, de la Casa de la Cultura de Nuevo León.

sábado, 6 de julio de 2013

Los excesos

El síndrome o trauma de van Gogh se mezcla y complementa con el mito del genio cuya génesis se remonta al siglo XVI con las famosas Vitae de G. Vasari entre otras fuentes, aunque, como en tantas otras historias, sus raíces se hundan en el tiempo. Esta peligrosa combinación nos ha llevado hablar de un arte de niños, un arte de dementes, arte de los intoxicados, etc., lo que es llevar al extremo tan peregrinas ideas. Ni hay arte de niños, ni de locos, ni de ninguna otra clase de extravíos. De los niños genios ya hablamos ayer. Que veamos en el trabajo de esquizofrénicos, drogadictos o alienados emocionales, expresiones de una cultura que favorece los excesos es una cosa, y otra muy distinta que esos mismos trabajos puedan ser considerados arte (en el sentido y valor que generalmente se le da a este término). Así también, otro asunto es que eventualmente un alcohólico, un yonkie, o un enfermo mental lleguen a producir una obra que pueda ser considerada arte y otra muy distinta que se responsabilice el valor de su quehacer a su patología, pues entonces todos quienes estuvieran en esas condiciones deberían ser capaces de convertirse en productores, lo que, evidentemente, no llega a suceder. La producción de objetos valorados como arte, hay que decirlo siempre, empieza con la intención de hacerlo, intención que, por ejemplo, un niño difícilmente puede llegar a albergar, así como cualquier otro que se halle en el extremo; la producción de estos objetos --los llamados arte o artísticos-- no sólo es intencional sino también consciente, condición que, por desgracia, no suele estar presente en quienes padecen de algún exceso.

viernes, 5 de julio de 2013

Descubrir al genio

Creo que en el tema del descubrimiento o detección de talentos o genios que nadie más ha visto o apreciado, no es lo mismo si se habla de vivos que de muertos, así como del concepto que se tenga respecto a qué es un genio. Genios tempranos sólo un Mozart o Rimbaud, genios incomprendidos en su momento tipo van Gogh son verdaderos garbanzos de a libra que aparecen en el momento justo en que se está produciendo un cambio cultural mayor que nadie, en este momento, alcanza a ver ni a comprender. Fuera de ellos muy difícilmente se podría repetir su situación. Habrá quienes crean que al genio se le puede hallar tras una sola obra, otros pretenderán que se manifiesta desde la más tierna edad, y algunos más dirán que su medio --en el que nacen, crecen o se desarrollan-- es tan palurdo, envidioso, ciego, que no puede reconocer en su quehacer la presencia de un talento único e incomparable. Por otra parte habremos otros para quienes estos conceptos de talento, genio, o como quiera que se les considere, sólo pueden ser aplicados al cabo de una vida, cuando hay una obra (es decir un amplio conjunto de piezas) que los respalda, una seguridad en que las decisiones tomadas fueron las acertadas. Entre una y otra postura pastan paciente e indiferentemente, los llamados productores.

jueves, 4 de julio de 2013

Cazador de talentos

Por supuesto que creo en la existencia de talentos que ahora mismo no son valorados como debía ser, cuánto más a lo largo de la historia. Como creo también que hay que reconocerles su valor en vida, no después de muertos cuando los únicos beneficiados son los vivales que acaparan su trabajo. No obstante, un minuto de reflexión sobre el tema, me hace pensar que si tantos ha habido a lo largo de la historia sin reconocimiento, ni en su momento ni rescatados en la actualidad, por algo será, es decir, quizás ni tan talentos ni tan desconocidos, ni tan rescatables, ni tan valorables, tan sólo productores que, simple y llanamente, no tuvieron la calidad (como quiera que la definamos) necesaria para sobresalir ni entonces ni ahora; de aquí a que por el puro prurito de descubrir y salvar talentos se les inventen habilidades, visiones y promesas, es otra cosa, parte constitutiva del síndrome o trauma de van Gogh, con el que creo no se puede estar de acuerdo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Martín...Martincito

He hablado del Síndrome de van Gogh al referirme a la tendencia, necedad, o vicio de tratar de encontrar, descubrir, talentos en las artes visuales (no sé si suceda lo mismo en otras manifestaciones) antes de que estos se malogren o de plano pasen a mejor vida. Esta búsqueda desaforada -por la fortuna (simbólica y monetaria) que implica- tiene una especial simpatía por dar con los genios incomprendidos y/o despreciados entre aquellos que ya de por sí son out-siders, desequilibrados emocionales, enfermos mentales, enfermos terminales, alcohólicos, yonkies, etc.
A pesar de lo atractivo y hasta emocionante, según cuentan algunos, que pueda ser convertirse en cazador de talentos, no siempre resulta la ecuación y muchas veces termina la aventura en un total fracaso. Recuerdo, en ese sentido, que hace años, nada más ni nada menos que Dn. Octavio Paz, gloria de la literatura y la cultura nacional pre-apertura democrática, aliado a la siempre poderosa Televisa, se lanzó a la aventura no sólo de hacer visible sino hasta de promocionar a un pobre espalda mojada paisano nuestro cuyo único pecado fue perder toda forma de comunicación salvo la pintura y el dibujo. Gran exposición tuvieron los trabajos que hacía Martín (Ramírez, 1895-1963) en el extinto Centro cultural arte contemporáneo de Televisa, con tremendo catálogo con ensayo magistral de Paz y otros tantos de médicos y psiquiatras de renombre mundial, y no obstante, a pesar de todo el esfuerzo puesto en redimir al naive Martín....¿alguno de ustedes se acuerda de él?

lunes, 1 de julio de 2013

Nuevas épocas, vejos traumas

Sin duda uno de los pintores más conocidos de occidente es Vincent van Gogh, y lo es tanto por sus trabajos como por lo que sabemos y se ha difundido acerca de su vida, su pasión por el arte, su sufrimiento y penurias, el desequilibrio emocional en que vivía y su trágica muerte en 1890. Tan hondo ha caldo esta historia que ha provocado, entre otras muchas cosas, lo que se llama el Trauma de van Gogh, esto es, el deseo por reconocer a productores incomprendidos, genios en ciernes, pero que pudieran malograrse, como Vincent, por no atenderlos, por no reconocerlos a tiempo.
Galeristas, promotores, críticos, médicos, directores de museos, editores, historiadores, escritores, curadores, asesores de colecciones, etc., todo nos hemos volcado a buscar, a detectar a estos genios y salvarlos -y salvarnos- antes de que sea demasiado tarde. ¿Qué tanto ha afectado este trauma al desarrollo del arte occidental?, ¿qué tanto la historia del desgraciado holandés es generalizable?, ¿cuántos casos similares puede haber realmente? El texto que mañana publico gira en torno a estas preguntas y cómo es que no debemos confundir temas y circunstancias particulares en ejemplos que pueden tener sus propios méritos sin necesidad de ser puestos bajo la protección de San Vincent.

sábado, 29 de junio de 2013

¿Pasarán de 100 pero no de 1000?

No puedo precisar el momento en que el número de visitas a este sitio rebasó los 100,000. No sé si estoy emocionado u orgulloso de haber llegado a esta cifra dados los temas y contenidos que manejo aquí. Lo que sí sé es que estoy más que agradecido con todos los que, por una u otra razón, pasan, han pasado y pasarán por estás páginas. Pienso continuar hasta donde me sea posible y me sienta capaz de decir cosas que crea son coherentes y puedan contribuir, por lo menos, a tener una perspectiva diferente. Esto me permite y obliga a mantenerme alerta sobre los temas que me interesan y sobre la capacidad de escribir; todos deberíamos intentar dejar un par de líneas todos los días, así como leer un dos o tres páginas (aunque sean en Kindle) antes de dormir. Así que, muchas, muchas gracias, llegar a este número de clicks sobre esta página me ánima a seguir adelante. (A lo mejor es cursi este post y llegar a más de cien mil visitas es una cosa normal es este medio, no obstante para mí sí que ha sido y es importante y desde pequeño me enseñaron a ser agradecido.)

viernes, 28 de junio de 2013

El tercer elemento

Dicho de manera sintética, se requiere de tres elementos para que se de, para que se geste el hecho artístico: el productor, la obra y los espectadores, audiencia o público. Sabemos más o menos acerca de los productores -más hoy día que se han convertido en celebridades para los medios-, quizás un poco más sobre las obras, ya sea tanto en sentido material como formal y conceptual, pero sobre el tercer elemento o sobre la tercera variable de esta ecuación aún sabemos muy poco, aunque sólo un necio podría, en este momento, negar su valor e importancia. Es más, yo iría incluso más lejos y me atrevería a decir que sin público no hay hecho artístico. Y por más que es nos haya enseñado que el productor o artista ha de trabajar por una necesidad interna o un motivo superior, lo cierto es que trabaja, consciente o incosncientemente, para un público. El éxito o fracaso de un músico, un director de cine, de un escritor, depende, por supuesto, de la calidad de su obra, pero igualmente, de que ésta sea reconocida por el público; así entre más personas reconozcan el valor de esta o aquella pieza, mayor será el éxito de su autor. Hay que advertir, finalmente, que el público nunca es el mismo, ni es el de ayer, ni será el de mañana, de ahí que muy pocas obras logren romper esta barrera, de ahi también que buena parte del llamado arte contemporáneo se conforme con el aplauso presente,quizás presienta que será feímero, el aplauso y el valor que se le concede.

jueves, 27 de junio de 2013

Sobre la educación infantil

Al hablar sobre la formación o creación de nuevos públicos (en donde se da por un hecho que los públicos actuales no son suficientes y/o que los existentes tarde o temprano se han de acabar, por lo que es más que deseable indeclinable tener listo su relevo) he dicho que estos han de ser los niños, los jóvenes, no los adultos que ya estamos malformados. No voy hablar del valor de la niñez, ni de que ésta es el futuro, ni que de ella dependemos, es decir, de perogrulladas. Lo que sí diré es que si no atendemos con rapidez este sector, el día de mañana podría tener otro rostro la sociedad que conocemos (obvio que lo tendrá, hablo de uno que no quisiéramos ver). Sin ser pedagogo, me atrevo a decir que la educación estéticas o artística o de la sensibilidad o cómo quiera llamársele, que deberían recibir los niños, habría de ser musical y visual; musical porque creo que su apreciación, en un primer nivel, no exige mucho esfuerzo y/o entendimiento, y sus efectos son más que evidentes; visual, porque vivimos en un mundo de imágenes que conviene ir aprendiendo a descifrar, a leer, pues serán parte del lenguaje que los niños de hoy deberán dominar cuando se incorporen al mundo productivo.

martes, 4 de junio de 2013

A futuro (II)

Dada la variedad e importancia que tiene la muestra El mañana ya estuvo aquí, que actualmente presenta el museo MARCO de esta ciudad, hubo que dividir en dos entregas mis observaciones y comentarios sobre la misma.
         Debo insistir en que esta es una exhibición que presenta varias facetas o modos de abordarla, ninguna la agota o excluye a las demás; una, por ejemplo, es estudiando el objetivo que la anima y, por tanto, la investigación documental que lleva implícita y que, en última instancia, es la responsable de la selección posterior del material que se expone, es decir, desde el punto de vista de la curaduría. Destaco este aspecto porque creo sería positivo que aquellos jóvenes que están interesados en cómo, por qué y para qué se monta una exhibición, la contemplaran bajo este parámetro, para que así fueran distinguiendo lo que es un trabajo real de curaduría de otras muchas  exposiciones que se hacen pasar por haber sido “curadas” cuando en realidad no son más que el resultado de la acumulación de obras. Así pues estamos hablando de una exposición realmente curada de la que se puede aprender mucho aun si sólo se le quiere contemplar de esta manera.
         Mas la semana anterior también apunté que guardo algunas diferencias con este trabajo, en  particular me parece que la manera  en que se presenta (no la  exposición en sí, sino como lo han hecho mediáticamente) puede resultar confusa para el público en general que esperaría ver otra cosa que no exactamente lo que se presenta en  ella.
         En lo personal me hubiera  gustado ver este tema, el del  futuro, tratado de una manera más  extendida. El futuro es prácticamente el leitmotiv de toda la Modernidad y por supuesto de la civilización Occidental. El futuro se encuentra lo mismo en nuestras religiones que en nuestra concepción de la historia, o de la dinámica social. Por eso no es sorprendente que de vez en vez, o mejor dicho, cada vez que la idea entra en crisis, se duda de ella, o pareciera que llegamos al término de los tiempos, los productores culturales contemporáneos se encarguen no sólo de reflexionar sobre cómo sería el mundo del mañana, sino que lo materialicen como si fuera una realidad. Como tampoco debería extrañarnos, años después, que ninguna de estas visiones se haya concretado y que el mundo del mañana adelantado por Boullée, Fritz Lang o Antonio Sant’Elia, resultara ser uno muy distinto al esperado, pero ¿podría ser de otra manera?
         Una exposición pues en la que se mostraran esas múltiples visiones que se han tenido del futuro, es la que me hubiera gustado ver (sin hacer mención a las muchas representaciones que sobre lo mismo se han generado desde el ámbito de las manifestaciones populares), o en una versión más estrecha, cómo el siglo XX se imaginó el futuro, e incluso, cómo durante su segunda mitad se abordó el tema; material creo que hay de sobra pues hubo muestras empeñadas con él, empezando por la famosa This is Tomorrow de 1956 y concluyendo, probablemente con Interactions: The New Image realizada en 1993.
 Con lo que tampoco estoy de  acuerdo es con que los trabajos presentados se centren (no todos por supuesto) en un supuesto fracaso de las especulaciones que en su momento se hicieron sobre el devenir. Si bien no tenemos aún viajes al pasado, o tele-transportación, robots de servicio en casa, ni velocidad WARP, es decir que en estos puntos falló la visión futurista, lo que tenemos actualmente, incluidas esas que ahora sabemos fueron fantasías, es igualmente resultado del mismo deseo, el de encontrar el camino hacia un futuro distinto al presente en que se vivía. En otras palabras, creo que no se vale hacer una revisión del pasado para decir que del futuro no sabían nada o que la manera en que se imaginaron cómo sería, tampoco les resultó, y no se vale,  por más interesante que resulte,  porque hasta ahora en eso absolutamente todos hemos fallado, en saber cómo será el futuro que nos aguarda.

Publicado originalmente por Milenio Diario

miércoles, 22 de mayo de 2013

Reflexión sobre el Noreste (I)

Saskia Juárez. LLuvia lejana. 2008
 
Puedo entender que temas como la identidad cultural del noreste (o cualquier otro semejante) haya ido desvaneciéndose conforme la realidad de la sociedad global u occidentalizada se ha impuesto como la única posible, o la principal de ellas, a la que es deseable -y hasta necesario- incorporarse so pena de abrir aún más la brecha que separa a los países occidentalizados de los que no lo son (antes del primer y tercer mundo, centrales y periféricos, desarrollados y en vías de desarrollo, dominantes y emergentes, etc., etc.) Lo que me resulta más complicado explicar es cómo el tema dejó de interesar a los productores, cuando aún en el último cuarto del siglo XX hubo una serie de exposiciones que buscaban explorar si no el tema directamente (la identidad cultural) sí aspectos que tenían que ver con la relación del productor, su medio nativo, el medio global, y su obra; pienso, por ejemplo, en Mito y Magia del MARCO, Le Magiciens de la terre del Pompidou, o Primitivism in 20th. Century Art del MOMA. Esta clase de relación fue la que alimentaba o alimenta obras como la de Saskia Juárez (al margen del gusto o aprecio que nos pueda despertar), la arquitectura de Tadao Ando, la fotografía de Robert Frank o Lee Friedlander. ¿Habrá dejado de importarnos entender qué le debemos a nuestro(s) medio(s), en qué tanto son y/o han sido coparticipes, responsables, de nuestro quehacer? ¿Será hoy día más imprtante la homogeneidad, la unidad, la identidad global, que el sabernos individuales y producto de historias particulares?

martes, 14 de mayo de 2013

Snapshot

George Eastman (1854-1932)
 
 Hace un par de semanas me prestaron una novela que obtuvo en el 2012 Mención Honorífica en el Premio Letras Nuevas que organiza la mega editorial Grupo Planeta. Se trata de Snapshot de Gerardo Gutiérrez Cham, editada en México por Joaquín Mortiz. Por el título se podrán dar una idea de por qué me sugirieron leerla, se trata, en efecto, de una novela que tiene como personaje central a la fotografía o mejor dicho, una parte de la historia de la fotografía, cuando ésta apenas empezaba a alcanzar la popularidad de la que goza hoy día.

         Un par de detalles sobre el argumento que desarrolla Gutiérrez Cham. La historia gira en torno a dos personajes, uno de los cuales es George Eastman en el momento en que empieza a lograr su éxito comercial a través de la película de nitrato y sobre todo gracias a la introducción en el mercado de los primeros modelos de la cámara Kodak. El otro es un pintor de poca monta obsesionado por lograr el retrato perfecto de su amante, y que, por azares del destino, siente a la fotografía, no como su competidora, sino como aquel invento que vendrá a destruir al verdadero arte, a la pintura.

         Hasta aquí lo relativo a la novela, sobre sus méritos ya se habrán pronunciado los críticos de literatura que es a quienes corresponde juzgarla.

         Lo que me llamó la atención del texto son los argumentos empleados para referirse, en boca del pintor y otros personajes de la época, a la fotografía y sus posibles efectos sobre la pintura, ello a pesar de que en la novela hay dos tiempos superpuestos, aquel en que se dio a conocer que ya era posible fijar de manera permanente imágenes obtenidas a través de la cámara obscura, 1839, y la presencia de Eastman en el mundo fotográfico cuyos inicios podemos señalar, cuando muy temprano, en 1889, con la fundación de la Eastman Dry Plate Company, es decir 50 años después. En ese lapso, a nivel de la historia de la fotografía, sucedieron muchísimas cosas, lo que me hace suponer que para entonces los primeros comentarios y lamentos que despertaron el Daguerrotipo y los Calotipos de Talbot, si bien aún no desaparecían por completo (de hecho no han desaparecido del todo), sí se habrían atenuado o, por lo menos, ya habrían perdido entre el público en general, el impacto que pudieran haber tenido en su momento.

         Independientemente de este traslape de tiempos que al fin y al cabo para eso existe la licencia poética, lo interesante de estos argumentos es, por ejemplo, que al hablar de la fotografía lo hacen negándole su capacidad artística, por una parte, por otra, denunciando su perfecta analogía con la realidad, y, finalmente, condenando su versatilidad y tiempo de ejecución y obtención de resultados. Quiero pensar que, en un momento dado, todos ellos no sólo sonaron lógicos y justos, sino suficientes como para solicitar una intervención (de quién sabe quién) que pusiera orden a esta nueva profusión de imágenes sin ton ni son desde el momento en que cualquiera las podía obtener.

         ¿No suena esto demasiado contemporáneo?, ¿No nos vemos ahí retratados cuando hablamos de las nuevas imágenes digitales? Como hace 175 años la reacción puede ser, efectivamente lógica, pues como entonces carecemos de un marco de referencia ya establecido y consensuado contra el cual podamos entender y calificar la nueva producción; además no hay nada más amenazante que la presencia, no solicitada, de un nuevo producto que rápidamente gana popularidad sin poder explicar a qué se debe. En este sentido creo que deberemos hacer un esfuerzo más serio, prolongado y profundo al momento de tener que enfrentarnos con estas nuevas imágenes si es que no queremos caer y repetir los mismos errores o falta de visión que tuvieron quienes condenaron a la fotografía en sus inicios.

         Novela, ensayo, biografía, no importa lo que uno lea; si es bueno o malo ya lo juzgará cada quien, lo importante es no dejar de hacerlo, pues en ella, en la lectura, están contenidas las preguntas y las respuestas a todas nuestras inquietudes.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

 

miércoles, 24 de abril de 2013

Libros y fotografia I

 
Parece que es inevitable que los libros vayan acompañados de ilustraciones. Aquí, por ejemplo, una de las ediciones más antiguas de un libro europeo de ajedrez del siglo XII. Este es el camino que conducirá, tarde o temprano, al empleo de la fotografía como substituto de las ilustraciones. Al hacerlo no sólo logrará satisfacer esa necesidad sino que la hará acompañar con una mejor apreciación de la fotografía, cerrando ambas pinzas que dan por resultado el desarrollo del Foto Libro.

martes, 23 de abril de 2013

Libros


Como sabrán o ya se han dado cuenta hoy es el Día Internacional del Libro, instrumentos o artilugios cada vez más extraños en especial entre la población más joven, dedicados al conocimiento y el entretenimiento. Pero hoy no hablemos de este tema, importante sin duda, sino más bien de la relación del libro con la fotografía, una relación que parecería natural, de siempre y sin ninguna complicación.

         Basta con entrar a cualquier librería para darse cuenta de que los libros más espectaculares, es decir lo de mayor tamaño, portadas más llamativas, y precios igualmente estratosféricos son los dedicados a la fotografía (moda, históricos, arquitectura, etc.) o que se valen de ella para ilustrar el tema en cuestión (por ejemplo los dedicados a viajes o lugares exóticos), son los llamados Coffee Table Books, o sea libros que funcionan más como decoración que por su contenido, por más generosas que sean sus fotografías; como sea, son y seguirán siendo uno de los mejores ejemplos de esta relación entre el libro y la fotografía.

         En medio de estas ediciones de súper lujo y los humildes libros de artista o artesanales, los fotolibros de artesa, hay una gama de opciones que si no es ilimitada, sí presenta varias opciones que curiosamente no son del todo explotadas ni por los editores ni por los fotógrafos.

         Aproximadamente hasta los  años ‘80 del siglo pasado, las  exposiciones de fotografía en galería  no eran comunes, no porque no se  exhibieran públicamente sino porque, entre otras razones, se consideraba que había otros medios más apropiados para darla a conocer, el libro por ejemplo (bien sabemos que hubo exposiciones de fotografía prácticamente desde que se dio a conocer oficialmente y que hubo galerías dedicadas al medio mucho  antes de la fecha que damos, por  ejemplo la célebre 291 de Alfred  Stieglitz, hablamos, más bien, de un  aspecto general en el que prevalece la idea que aquí exponemos). Por otra parte, la asociación libro-fotografía, pasó primero por el desarrollo de la industria de las artes gráficas que por la buena voluntad de dar a conocer la obra de un fotógrafo. No olvidemos que los primeros libros en mostrar fotografías (por ejemplo el célebre Pencil of Nature de Henry Fox Talbot) llevaban impresiones fotográficas originales en cada uno de los ejemplares que se imprimían y que no será sino hasta 1880, un 4 de marzo para ser exactos, que el periódico Daily Graphic de Nueva York logra imprimir y publicar una imagen fotográfica gracias al desarrollo de las técnicas de medio tono (antes de esta experiencia otros diarios ingleses ya había llevado a cabo pruebas en el mismo sentido) y que aun así pasarán algunos años más antes de abandonar la práctica de publicar fotografías a través de grabados. Luego entonces ha sido la evolución tecnológica en la industria editorial la que ha abierto las distintas posibilidades a través de las cuales se ha y se manifiesta esta relación.

         Con todo, no está por demás pensar en la difusión de la fotografía por otros medios que no fueran las exposiciones. El libro es una de tantas otras opciones; ya mencionamos a los libros de autor, entre los que hay una amplia variedad, pero también están los llamados hoy día On Demand, que se imprimen, como su nombre lo dice, según sea su demanda, lo cual resulta menos oneroso en especial cuando no se cuenta con una editorial que se haga cargo de estos gastos. Y también están los libros electrónicos que, guste o no, son una alternativa cuyo potencial aún no exploramos del todo. Además no sólo se pude recurrir al libro como medio de difusión de la fotografía, está la carpeta o dossier especialmente preparada para dar a conocer un tema, un foto-ensayo, la ilustración de un texto. Lo importante, en última instancia, es recurrir a distintos medios para difundir e incluso comerciar el trabajo fotográfico para no depender exclusivamente de la exposición.

         Por lo pronto celebremos este día y la asociación que se ha dado entre el libro y la fotografía. Demos gracias a que las grandes editoriales, como nosotros, hayan sucumbido al atractivo de la imagen impresa.
 
Publicado orginalmente por Milenio Diario
(Imagen: www.cienojos.org)
 

lunes, 22 de abril de 2013

Feria (6)

 
Ayer mencionamos a la Bienal de Dubai medio en broma y medio en serio como ejemplo de un evento que substituye su falta de tradición por dinero y mucho. Sin duda esta feria es la más importante de la región de oriente medio, norte de África y sureste asiático, mejor conocida como MENASA y que, como se comprenderá, representa un mercado potencial de muchos miles de dólares, tan es así que entre las acrividades que se realizan de manera paralela a la exhibición de las galerías y demás encargados del mercado, se encuentra el Global Art Forum, cuyo nombre lo explica todo y da una perspecriva de lo que que se persigue en eventos de este tipo tal y como lo hemos venido señalando.
 

domingo, 21 de abril de 2013

Feria (5)

 
Si ayer mencionábamos la relativa seriedad que le da la Bienal de Venecia a estas ferias de Arte Contemporáneo, no podemos pasar por alto a la llamada documenta, el evento que cada 5 años sucede en la ciudad de Kassel, Alemania, fundado o iniciado en 1955. Probablemente sea este, más que cualquier otro evento de esta clase, uno de los ejemplos de cómo es que en un intento por mostrar lo último de la producción visual, se acaba convirtiendo en una feria comercial. No obstante nadie se atrevería a confundir la documenta con la bienal de Dubai.
 
(Imagen: www.fotopark.at)

sábado, 20 de abril de 2013

Feria (4)

 
Antes que los chinos reclamen para sí este título también, mencionemos a la Bienale, quizás la feria de arte más antigua de todas ya que, como se sabe, se viene celebrando cada dos años desde 1895. Por supuesto que nos referimos a la Bienal de Venecia, que si no es la más longeva sí hasta ahora es una de las de mayor prestigio en el mundo. Curiosamente su fama va más allá de todas las otras ferias o encuentros de arte contemporáneo, será por su tradición, por la ciudad que la acoge o por el valor que le otorga a lo cultural antes que a lo comercial, por lo que sea pero la Bienale tiene eso que ninguna otra ha podido lograr.
 
(Imagen: www.archdaily.mx)