martes, 14 de septiembre de 2010

Primer mundo y resto del mundo



Ahora que estamos a unas horas de cumplir la fecha que nos hará bicentenarios, revisar y analizar la muestra que aquí se comenta, puede ser un buen ejercicio que nos de la perspectiva necesaria para comprender, más allá de la retórica institucional, qué significa ser independiente.
Nos hemos de referir, pues, a la exhibición Foster+Partners abierta hace unos días al público en el MARCO. En ella, se presentan los 227 proyectos que desde 1967 ha llevado a cabo esta firma en más de 20 países. Además se han montado las maquetas de obras como las masivas torres del HSBC en Hong Kong, el patio central del Museo Británico, el palacio de la opera en Dallas, la Universidad Libre de Berlín, el rascacielos de la fundación Hearst en Nueva York, etc. Los trabajos exhibidos van de la construcción de nuevos elementos, al diseño urbano, pasando por la intervención sobre edificios y sitios históricos, e incluso por el famoso Puente del Milenio en la capital inglesa.
Hay exposiciones que te dejan un mal sabor de boca, otras, por el contrario, te alegran la mañana, la tarde o la noche según haya sido la hora de visita, unas pocas te provocan indiferencia. Y de vez en vez te topas con exhibiciones como esta de las que sales, lo menos, con la boca abierta y lleno de preguntas sobre qué es lo que has visto, cuál es su naturaleza, cuáles sus consecuencias.
No voy a hablar de arquitectura, ni quiero, ni puedo, espero que haya arquitectos, mejor preparados que yo, que desmenucen, analicen, cuestionen, esta aplastante exhibición de un mundo que no es nuestro mundo, que pertenece a otra dimensión a la que no tenemos acceso. Sí quiero comentar, en cambio, sobre estas características.
Es evidente que como otras grandes firmas internacionales de arquitectos de su estatura su trabajo está destinado a satisfacer necesidades de construcción que no son, ni siquiera las extraordinarias, ya no digamos las regulares, de una sociedad cualquiera; se trata, según lo entiendo, de necesidades en las que se conjuga un número importante de variables que hacen posible la creación de este tipo de arquitectura. En primer lugar interviene la existencia de una tecnología de construcción que permite llevar a cabo estos proyectos; aunado a ella va la presencia en el mercado de los materiales que hacen posible se construya tal y como está proyectado por el arquitecto. Debe existir, por otra parte, la voluntad de sacar adelante el proyecto por la simple y sencilla razón de que se sabe, se está consciente de que lo que se haga será parte de la historia; de que levantar tal o cual edificio, mejorar tal construcción, renovar y regenerar una zona, son acciones que repercuten en muchas otras áreas de la vida de una ciudad. Y, principalmente, se requiere de los fondos económicos que hacen posible todo lo demás, sin ellos y en demasía, lo otro no funciona o no funciona al 100%, como debiera.
Estos trabajos de Foster y sus asociados pertenecen al primer mundo no por su espectacularidad (que la tienen sin duda) sino por la confluencia de estas y otras variables, pues son las ideas y su aplicación las que distinguen al primero del resto del mundo. Ideas sobre la sustentabilidad, el cuidado del medio ambiente, el respeto a la cultura e historia del lugar, la certeza sobre el futuro, las consideraciones sobre los usuarios, son sólo algunas de estas ideas que están en la base de estos trabajos.
Ser del y construir el primer mundo no es cuestión de edificios, aeropuertos, rascacielos o terminales de tren o del metro, es estar en posesión de una cultura arquitectónica que te facilite la toma de decisiones cuando de construir, intervenir o diseñar se trata, incluso cuando lo que se busca es sólo invertir. Hablamos de una cultura que comparten los arquitectos con los habitantes de una ciudad, con sus estudiantes, futuros edificadores de su correspondiente ciudad.
Convencido de que no es sólo una cuestión de dinero, salgo de la exposición preguntándome si en esta ciudad alguna vez será posible contar con una arquitectura como la practicada por Foster+Partners, y no como la de ahora que sólo empobrece nuestro horizonte.
Publicado originalmente por Milenio Diario







lunes, 13 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.12)



Sin duda 1985 será una fecha que difícilmente se olvidará en la historia, en la memoría, en el imaginario de todos los mexicanos. En septiembre de ese año dos terribles terremotos devastaron parte de la Ciudad de México y sacaron a la superficie de la sociedad mexicana una serie de temas que hasta ese momento permanecían bajo el subsuelo que ahora se abría como si fuera la mismísima boca del infierno. Los terremotos fueron terribles y cobraron un elevado número de víctimas, pero con ello nos percatamos de las malas prácticas de construcción que por años se habían seguido en esta ciudad, de lo mal preparados que autoridades y ciudadanos estabamos para enfrentar desgracias como esta, de la delación del gobierno para ofrecer una respuesta adecuada e inmediata para cumplir con las expectativas de los damnificados. Pero también salió a la superficie la capacidad de organización de la sociedad civil, la solidaridad de todo el país, el auxilio de todo el mundo y posiblemente lo más importante, se vio tal cual el rostro de unos gobernantes incapaces e inútiles ante este tipo de sitiaciones.
Imágenes como esta de Pedro Meyer, el hotel Riazor sobre Calzada de Tlalpan, pasaron a formar parte de nuestro imaginario contemporáneo. Quizás debiéramos ubicar en esta fecha y suceso el principio de la postmodernidad para México. Una imagen de este tipo nos habla de lo superficial y poco sólida que era la idea de unidad nacional bajo unos valores y principios que entraron en franca crisis con estos terremotos, sacudieron sí la tierra, pero tambièn la seguridad de un México que quedaba en el pasado y avisaban de uno nuevo que se levantaba de sus propios escombros y que aún está tratando de construirse nuevamente.
(Imagen tomada de: www.skycrapercity.com)

domingo, 12 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.11)



A lo largo de estas entregas ha sido mi propósito ir presentando a aquellos hombres que a lo largo del siglo XIX y principios del XX visitaron nuestro paìs, cámara en mano, seducidos por las más diversas razones pero siempre en busca de lo desconocido en el sentido de encontrar nuevos territorios (geográficos, culturales, espiritulaes) por conocer, estudiar y difundir, gracias a los cuales se fueron recuperando muchos de los sitios, costumbres, trabajos de los que hoy gozamos. Desde quienes imbuidos por el espìritu del Romanticismo huían de una Europa que consideraban ya decadente, hasta quienes en empresas netamente colonialistas se adentraron en los territorios más inhóspitos en busca de ricos yacimientos de recursos natuarles que explorar.
En esta ocasión presentamos al Francés Desiré Charnay (1828-1915) explorador y arquéologo que desde los Estados Unidos se adentró en nuestro país en tres ocasiones, primero en 1857 por una corta temporada pues la Guerra de Reforma lo obligó a retirarse, tres años después por un período más amplio y finalmente de 1880 al 82. En sus tres viajes se concentró principalmente en la zona maya, pero también incursionó hacia el sur en la región del Itsmo de Tehuantepec. Aquí presentamos esta extrardinaria toma de 1860 del Gran Palacio de Mitla y su patio central, en Oaxaca. La obra de Charnay, tanto la arqueológica, sus notas, como sus fotografías ha sido recogida en múltiples publicaciones, desde la orginal en 1863 Cites et ruines americaines, hasta nuestros días incluso, ya que provee de una valiosísima información que nos permite retroceder en el tiempo y comprender no sólo el estado en que se encontraban los restos de las ciudades antiguas de México en el siglo XIX, sino la inmensa sorpresa que debió haber provocado el enfrentrarse con la magestuosidad, belleza y misterio, de estas construcciones, cuando nada o casi nada se sabía de ellas.
(Imagen: www.bl.uk)

sábado, 11 de septiembre de 2010

Asi fue, así es México (entrega No.10)


Sin que esta fuera realmente la intención, quizo la fortuna que inmediatamente después de presentar al Diego Rivera europeo, ahora traiga hasta estas líneas al Octavio Paz (1914-1998) internacional. Y digo que es mera casualidad porque me imagino que Paz hubiera deseado ser expuesto como el reverso de la medalla de Diego Rivera, es más muchos de sus textos dedicados al arte moderno mexicano fueron punzantes dardos en contra del maestro del cubismo. Y es probable que a Rivera tampoco le hubiera molestado ser la antípoda de Paz, pues a diferencia del premio Nobel de literatura del `90, entregado en apariencia a sólo "poetar" el muralista, bien se sabe, siempre estuvo a favor de un arte al servicio de la revolución.
El hermoso retrato de Paz que aquí ofrecemos, de Juan Rodrigo Llaguno (1964), nos deja ver a un confiando, seguro y bien plantado escritor en la plenitud de su edad y capacidades físicas e intelectuales que con gusto observa los gestos de Llaguno para poder ser retratado.
A pesar de la oposición ideológica que separó a Rivera y Paz, no cabe duda que uno y otro se entregaron generosamente a su tarea y con ello al enriquecimiento de la cultura en nuestro país. A Diego le debemos metros y metros cuadrados en que expuso una parte de la visión que su generación se quiso hacer sobre nuestra historia y cómo legarla al futuro. Paz con sus textos, reflexiones y críticas sobre la estética del arte moderno en su versión nacional, nos regaló la otra mitad de esa misma visión del pasado mexicano y sus implicaciones en el presente. Entre ambos crean una de las ramas más sólidas de la cultura mexicana de nuestros tiempos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.9)

El personaje que aparece en la fotografía de la derecha, por si aún no lo reconocen, es Diego Rivera (1886-1957) en una parada durante su primer estancia en Europa en 1907. En aquella ocasión primeramente arribó a España en dónde abrevó de los pintores más importantes del Modernismo penínsular. No obstante, España le quedaría chica al enorme (literal y físicamente) Rivera y en 1909 decide marchar a París, ya para entonces la meca del arte contemporáneo. Un año durará allá para regresar a México en el momento en que estaba a punto de iniciar el movimiento que depondría, en primer instancia, al viejo dictador Porfirio Díaz. Regresará al viejo continente, ahora si directo a París, en 1911 y no volverá a su paìs natal hasta pasados 10 años. Mucho es lo que aprendió y desarrolló Diego Rivera en esta larga década, se podría decir que estaba decantando las ideas y propositos que haría realidad a su retorno a México. Sin despreciar, por supuesto, esto último, quiero pensar que Rivera ocupó estos años en convertirse en uno de los exponente más importantes que tuvo el arte moderno a nivel internacional. Quiero ver a Diego no sólo como el aprendiz del Cubismo, sino como aquel que una vez que asimila la lección es capaz de transformarla y llevarla a otro nivel, me parece que eso fue lo que realizó todos estos años en Europa, y que al igual que Picasso y Braque, una vez que desentrañó y explotó a su límite los secretos de este movimiento, lo dejó y se dispuso, mejor armado, a buscar nuevos horizontes. Es el momento en que realiza su famoso viaje a Italia, la última prueba para asegurarse de que estaba listo para regresar a su paìs y desde aquí iniciar una revolución artística y cultural infinitamente más importante que el Cubismo, simple y sencillamente por estar involucrado en los temas más sensibles de la sociedad de ese momento, y al decir de la sociedad me refiero no a la de México en particular, sino a la mundial. Este es el Diego que nos debe servir de mejor ejemplo, de un mexicano que se supo imponer globalmente.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.8)


A pesar de los múltiples y muy graves problemas por los que atraviesa y ha atravezado nuestro país, es innegable que ha ido sufriendo transformaciones profundas que, para bien y para mal, lo convierten y lo acercan a otras naciones ya plenamente occidentalizadas. Uno de esos cambios que además como casi todos, es irreversible, es la trasformación de la vida cotidiana conforme las ciudades van creciendo. Pensar en las ciudades como la muestra más clara del bienestar de un pueblo ya no es un sueño moderno, sino una pesadilla contemporánea. Prácticamente incontenible y falto de cualquier tipo de programación y planeación el crecimiento de las ciudad se asemeja más a un cáncer que a los ideales de un McAdam (1756.1836), Haussmann (1809-1891) o Sant Elia (1888-1916), y si tan terrible visión resulta de lo material, es mucho peor en lo humano, en lo social. La imagen que aquí presentamos de Pablo Ortiz-Monasterio (1952), Bacha, de 1989, no deja mucho lugar para la imaginación, la gran urbe ha invadido los espacios otrora íntimos desdibujando las fronteras entre lo público y lo privado, de esta manera asistimos a las escenas más grotescas y bizarras con tan sólo caminar por la ciudad o sentarse a la espera del transporte público. Esta fata de distinción entre uno y otro mundo lleva, por igual, a apropiarse del espacio comunitario, que a socializar las entrañas del individuo, a exponerlas ante los demás. Y si esta acción a la que nos orilla la vida en la ciudad es altamente criticable entre los ricos y famosos, es lamentable entre los más necesitados de un espacio en el que pudieran desarrollarse lo mejor posible.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Así fue, así es México (entrega No.7)


Uno de los activos más valiosos que puede tener cualquier país son sus supervivientes nativos, verdaderas reservas de una historia original que, a pesar de todos los avatares históricos por los que puedan pasar, dan sentido al presente y enraizan, como si fueran cimientos, al futuro. Desgraciadamente el elemento nativo fue combatido en el pasado, abandonado a su suerte después, condenado a desaparecer en el presente, quedar como vestigio en el futuro. Los procesos de globalización y occidentalización, materiales e ideológicos, tienden a ir reduciendo las opciones de desarrollo autónomo al que puedan aspirar estos grupos, y en su lugar los empujan a una desigual integración en la que siempre terminan ocupando la base de la pirámide social, hasta que terminan fundiéndose con el lumpen o los estratos más bajos del proletariado urbano o rural, tal y como lo podemos ver en las migraciones a las que se ven obligados por su propia supervivencia.
Por tal razón es que resulta doblemente valiosa la visita que en el pasado hicieran a nuestro país una serie de sabios europeos, pues por una parte llamaron la atención sobre el valor, necesidad de reconocimiento y atención de los grupos nativos, y, por otra, porque en su afán de estudio cargaban hasta con la pesada, incómoda e impráctica cámara fotográfica, nos legaron imágenes como la que aparece en esta entrega. Karl Lumnholtz (1851-1922) fue uno de estos sabios que visitó y amó a nuestro país y nativos de 1890 a 1910, tiempo que le bastó para recorrer nuestro noroeste y convivir con grupos como los Coras, Pimas, Tepehuanes, Tarahumaras y por supuesto los Huicholes. Esta imagen representa a un grupo de shamanes Huicholes y debe estar fechada a mediados de lo década de los 90's del siglo XIX.
Meditar sobre lo que significa este grupo, la sabiduría que cada uno de estos persobajes ha acumulado, y la seriedad con que toman su papel frente a la cámara de Lumholtz, representa lo que hemos perdido con su marginación y, lo que es peor, con su lenta extinción.