martes, 30 de marzo de 2010

¿Documento vs. expresión?

Eugene Smith. Tomoko Uemura en el baño. 1972

(Segunda de dos partes)
La semana anterior esbocé el desarrollo de dos posturas frente al objeto artístico y respecto a las funciones del arte, que, de inicio, son antitéticas. Una de ellas considera que la obra debe surgir de un compromiso del productor con su medio, con su época, con las lides que enfrentan a los más desfavorecidos con el poder. Por tanto, asigna al arte la alta función de ser su campeón, que denuncie, exponga, haga escuchar la voz de los débiles, documente injusticias y critique a los que nadie más se atreve a mencionar. Por el contrario, la cara opuesta es la que cree ver en la obra sí el resultado de una serie de fuerzas en las que se entremezclan lo histórico y social pero con una reflexión sobre la obra misma, sus características, alcances, formas, antecedentes, ideas, etc. El resultado es una concepción del arte que lo ve como un elemento simbólico, un subproducto de la cultura que expresa una amplia variedad de temas y contenidos, que cumple con una función social pero esta no es la que exige su contraparte; hubo, incluso, un momento en que se llegó a pensar que ver al arte de esa manera era perjudicial para el desarrollo de la práctica artística por encadenarlo a fines más allá de sus límites. Es justo decir también que la concepción del arte desligado de una función social concreta, también ha sido condenada a través de la fórmula de “arte por el arte”.



Antes de entrar en la polémica, apuntemos que hay una tercera opción o alternativa, se trata de una especie de acuerdo que busca conciliar ambas posturas. Pensemos, por ejemplo, en el Guernica (1937) de Picasso, ¿qué vemos en él? ¿Vemos el documento lacerante en contra del cruel bombardeo a la población de Guernika; la denuncia de la brutalidad de las fuerzas franquistas; o, vemos la obra más importante del siglo XX, la síntesis magistral de todas las vanguardias expresadas en una sola obra; la obra cumbre de su autor? Quienes creen en esta opción asegurarán que es una y la misma cosa, que es imposible ver una y otra cara por separado, qué Picasso no lo pensó ni de uno ni de otro lado, simplemente actúo.


Me viene a la mente otra imagen, una terrible fotografía de Eugene Smith, Tomoko Uemura en su baño, tomada en 1972. Se trata de una de las más conmovedoras imágenes que se hayan producido jamás, en ella la joven Uemura, de tan sólo 15 años de edad, es sostenida por su madre dentro de la tina de baño. Ella deforme y convulsionada por el envenenamiento con mercurio parece no darse cuenta de lo que sucede, su madre, en cambio, la sostiene con gracia y la observa con infinito amor. Smith creó así la más moderna de las Pietás, el hijo sacrificado por la innoble industrialización de post-guerra. ¿Qué es lo que vemos en ella; qué en ella nos conmueve?


Creo que a lo largo del siglo XX se necesitó que alguien produjera obras como las que he mencionado y muchas otras a través de las cuales se ha denunciado y criticado todo lo malo, inhumano, salvaje y brutal que se dio en esos 100 años: la explotación de los débiles, la marginación de los pobres, la represión racial, sexual o religiosa, la falta de solidaridad, la venganza y el odio ancestrales, necesitaban ser documentados, expuestos, denunciados, la obra de arte debió ser un documento social para no olvidar, para no repetir, para combatir la inconsciencia.


Nada de esto ha cambiado, pero todo ahora es diferente, incluso nuestra concepción de la obra de arte y sus funciones. El papel que decididamente jugó el objeto artístico a favor de su rol en la sociedad, hoy día lo desempeñan, y quizás mucho mejor, los medios de comunicación masiva, no los diarios impresos o electrónicos, sino la amplia variedad de opciones con que se cuenta en estos momentos. Pero también la idea de que este objeto —el de arte— tiene una vida autónoma que responde a sus propias normas y cuestionamientos, se ha modificado, ya ningún productor se lo toma en serio.


Quizás la mejor conclusión a la que se puede llegar en este debate es lo apuntado por una alumna a quien ahora parafraseo: si el arte es un producto y a la vez reflejo de su sociedad, el de este momento cumple y cumple bien con su tarea.
(Publicado originalmente en Milenio Diario)

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