martes, 15 de mayo de 2012

Un apunte para la historia



El pasado miércoles 9 se inauguró la exposición de la Colección de la Pinacoteca de Nuevo León en su actual sede de Colegio Civil. Con ella concluye la primera etapa de un arduo, complicado y largo camino que va de su inauguración allá por 1990 al momento presente, así como pasar por tres sedes diferentes, ser rescatada de dos bodegas, rehacer su correcta catalogación, irse poniendo al día, y convencer a propios y extraños de que con el material acumulado a lo largo de los años se podía formar una colección de lo que ha sido especialmente la pintura, a lo largo de más de 100 años.
     Creo que con esta exposición la Pinacoteca retoma su verdadera vocación, es decir, servir de vitrina para la historia de la pintura y la escultura en este estado. Sorprende que habiendo tenido el material necesario para llevarlo a cabo no hubiera existido la voluntad de hacerlo a pesar de que la institución se fundó con ese fin.
Por esta razón, no puede escatimarse el reconocimiento a Carmen Junco, actual presidenta del CONARTE, y a Elvira Lozano de Todd, directora de la  Pinacoteca, tanto por el apoyo que  brindaron para que concluyera  exitosamente la publicación del catálogo y ahora la realización de esta muestra, como por su voluntad de dotar de nueva vida a una de las dependencias estatales más importantes para la promoción y difusión de las artes en Nuevo León.
     Ahora bien, hay que aclarar para que nadie se diga engañado, que la Pinacoteca de Nuevo León no es la Pinacoteca de Munich, ni la Real Pinacoteca de Amberes o la Pinacoteca Virreinal; esto es, la selección de las piezas que la componen se llevó a cabo siguiendo distintos criterios, de los históricos a los artísticos por supuesto, pero siempre dentro de los límites que impone la producción local. Y aunque estamos seguros de que en ella hay piezas que podrían competir en cualquier foro, también estamos conscientes de que hay otros casos que sólo aquí son representativos. En este sentido hay que abundar en que la colección no culmina con esta presentación. Por el contrario, contar con una colección es un proceso que nunca termina, pues a su necesaria actualización le sigue la incorporación de piezas no consideradas anteriormente o de mejor calidad de tal o cual miembro de la colección; es decir, ahora inicia una nueva etapa que, de seguir con la misma voluntad y apoyo, irá engrandeciendo lo ya hecho.
     Un apunte más sobre la importancia de esta Colección y de la Pinacoteca. Obviamente en un país como el nuestro hablar de historia del arte, del arte mexicano, presenta una variedad enorme de facetas. Esta es una de las razones de porque la narración de esta historia ha tenido que hacerse sino excluyentemente, sí acotada a los lugares en que se procuraba una mayor y mejor producción. Poco es lo que conocemos acerca de cómo se vivieron, y se viven, los procesos y prácticas artísticas más allá de la capital. Por tanto, el que ahora contemos con una colección de por lo menos 112 piezas que trazan, con todos los peros que se quiera, más de 100 años de trabajo en el estado, me parece sensacional. Ahí está la simiente, el punto de arranque para muchas investigaciones por venir, para seguir trazando el derrotero de esa historia que a pesar de que a muchos disgusta y otros tantos niegan, ahí está y seguirá estándolo. El valor de esta colección pues, es tanto histórico como artístico, los nuevos pintores, los que se incorporan a estos oficios, harán bien en visitarla simple y sencillamente para saber que lo que posiblemente estén pensado realizar ya fue pintado o esculpido, para conocer cuáles son sus antecedentes, quiénes los precedieron y qué hicieron.
     Si tuviera que concluir con una sola idea acerca de este tema, diría que a partir de ahora la Pinacoteca de Nuevo León llega a su madurez como institución, de todos dependerá continúe de esta manera.

Publicado originalmente por Milenio Diario

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