martes, 10 de enero de 2012

¿Año negro para la cultura?


Ni secreto ni sorpresa es la situación económica mundial, que sí ya es bastante mala peor resulta cuando sus efectos se trasladan al ámbito nacional y de ahí, como catapulta, a los estados y municipios. A lo complicado y peligroso que es vivir en una economía global, hay que sumar la situación particular por la que atravesará el país este año. Ambos escenarios, más los particulares de cada ciudad e institución pública o privada, presentan densos nubarrones que amenazan, desde ya, con prolongadas y constantes tormentas que obstaculizarán, cuando no se llevarán consigo, muchas de las actividades culturales programadas para este 2012, las que ya están en curso, y las que se deberían y podrían poner en marcha.
            En año electoral, con un entorno internacional deprimido,  medio ambiente adverso y cambiante, y permanente crisis económica, el presente, ya no digamos el futuro, de las actividades culturales del país, no es muy halagüeño. De sobra está repetir que los presupuestos  destinados al área son los más castigados en situaciones como esta, y no se trata de hacer negras predicciones basta con  ver como se ha comportado el sector a nivel nacional a lo largo  del sexenio, así como el estatal que poco o nada lo ha atendido, para darse cuenta de que este año puede ser especialmente difícil para el desarrollo de estas actividades.
            Dicen que nunca está más obscuro que cuando va a amanecer, así que en lugar de considerar amenazante el panorama, aprovechemos la coyuntura y tratemos de sacar algún provecho, veámoslo como dicen los optimistas, como un nicho de oportunidades. Y si de oportunidades se trata qué mejor que hablar de invertir, o dicho de otra manera, son los inversionistas los que andan a la casa de oportunidades para obtener mayores beneficios, ¿de qué manera esta lógica podría beneficiar a las actividades culturales locales? Antes de seguir permítanme un paréntesis: al hablar de las actividades culturales locales, no me refiero exclusivamente a los que nuestros productores sean capaces de hacer, sino más bien a lo que la cultura, cualquiera que sea su origen, puede hacer por y en la comunidad.
            A los ojos de todos se están realizando enormes inversiones en la construcción de mega proyectos que cambiarán de manera definitiva el perfil de nuestra ciudad ¿cuántos programas culturales están asociados a ellos? Estoy seguro de que los debe haber sólo que con beneficios acotados al ámbito individual, y está bien, pero ¿por qué no hacer de esta idea la meta promocional del año? ¿Por qué no en lugar de que sean promotores y productores individuales los que se benefician de esta situación, no lo intentan otras personas con una visión más comunitaria y logran que parte de esa inversión se destine a actividades culturales que traigan beneficios para la comunidad? Ya fuera que se tratara de obras públicas destinadas a esos espacios, o de actividades —conciertos, exposiciones, publicaciones, filmaciones, etc. — patrocinadas por esos fondos, en los que ya de por sí estarían ganando, se pueden negociar nuevas y más interesantes maneras de beneficio cultural más allá del prestigio y la proyección.
            Y esta tarea lo mismo debería competir a las autoridades públicas del área, las instituciones privadas que igual atienden este campo sean o no lucrativas, que a todos aquellos cuyo quehacer esté relacionado con la obtención de fondos. Pongámoslo en términos de inversión y oportunidades ¿en dónde obtengo mayor beneficio: en invertir unos cuantos miles de pesos en una exposición o pagando cifras de seis ceros a agencias de publicidad?
            Del estadio de los Rayados, a las torres de Pelli o Richard Meir, pasando por todos los demás proyectos de este calibre, todos saldríamos ganando si además de contar con tan importantes construcciones, estas se volcaran en beneficio de la cultura; entonces este año podría muy bien ser el año de la cultura local.

Publicado originalmente por Milenio Diario

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