domingo, 14 de noviembre de 2010

En 100 años (14)


Sin duda Antonieta Rivas Mercado fue, en más de un sentido, precursora del pensamiento moderno de muchas mujeres. Sus múltiples intereses, la manera de afrontar sus inquietudes intelectuales, las obras en las que intervino y su propio trabajo, la hacen, como decíamos ayer, representante de las otras mujeres, aquellas que al lado de las “Adelitas”, también son parte y consecuencia de la Revolución. Con todo Rivas Mercado no fue la única que, en ese momento, sintió la necesidad de cambiar la situación de la mujer en general, la suya propia en lo particular, si el país se encontraba en un estado de cambio radical, ello debía implicar lo mismo o algo similar para sus ciudadanos. Una de estas otras mujeres lo fue Carmen Mondragón (1893-1978), hija del general Manuel Mondragón miembro de abolengo del grupo castrense, parte de la alta sociedad de aquel entonces. En torno a los años veinte, Carmen Mondragón, ya para entonces conocida por sus incursiones en el ambiente cultural de la ciudad de México, se relaciona con Gerardo Murillo, el famoso Dr. Atl, quien no sólo la anima a adentrarse en la pintura sino que también, como en su caso, le cambia de nombre por el de Nahui Ollin, que es con el que se le conocerá en adelante. Nahui Ollin es el nombre que recibe el quinto sol dentro de la cosmogonía azteca y se refiere al movimiento (temblores, huracanes, deslaves, oleaje, etc.)
Como puede apreciarse Nahui Ollin fue una mujer de belleza inusual, la fotografía que aquí se muestra y las muchas otras que le tomaron, fácilmente lo comprueban, no obstante, su talento creativo no estuvo a la misma altura. A diferencia de otras mujeres de su época con las que compartió la escena cultural, Frida Kahlo, Tina Modotti o Nelly Campobello, incluso la misma Antonieta Rivas Mercado, que tanto en su momento como en la actualidad son reconocidas por su obra, Nahui Ollin careció de talento. Su pintura, lejos de ser naive, primitiva o ingenua, como se le ha querido calificar tratándola de salvar, es simple y sencillamente mala, como mala es la de cualquiera que no tiene esta facultad. Con todo, en 100 años nombres como el de la Mondragón, Lupe Rivera, Lupe Rivas Cacho o Dolores Asúnsolo (Dolores del Río), han logrado forjar una sólida raíz que nutre las ideas de igualdad, respeto e independencia para las mujeres, por desgracia, esta tradición aún no da los frutos que de ella se esperan.

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